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M/n e t/c rópolis

Posted by on 30 mayo, 2012
De pronto los vi.
Vi hombres y mujeres.
Muchas. Muchos.
Y corrían o andaban;
o recitaban listas de compra,
tablas periódicas,
o sonetos de Shakespeare.
Y eran cientos, miles, millones.
Te vi a ti.
Pero ya no eras tú.

Te vi grande, enorme. Ya no te vi cobarde ni obsceno.
Te vi insípido, inodoro. Sin ese olor a sexo maltratado.

En una aureola de aire sin aire.

Te respiré de pronto,
entre todxs esxs hombres y mujeres que recitan y corren
y me asfixió ese horrible olor a nada.

Y comprendí que quien a hierro mata,
a látigos de zarzas muere.

Y que matarte no era una venganza;
era un tratado, una tregua necesaria.
Porque el odio no puede respirarse
y mis pulmones vivos no pueden
rememorar con odio a los difuntos.

Y te maté de golpe por no quererte odiar,
para evitar las ansias de vengarte

Te maté recitando una lista de compra aleatoría
y salí corriendo.

Y entonces lxs vi. Y eran muchos, muchas.
Y todxs recitaban y corrían.
Y ningunx sabía que tú estabas muerto.
Y recitaban corriendo en la Avenida.
Y así, unx a unx, iban todxs matando a sus fantasmas.

Y de pronto lxs ví.
[A todxs esxs hombres y mujeres]
Y eran todxs terriblemente transparentes.


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