Se habla en la prensa y en la tele de “violencia de género” cuando una mujer ha sufrido maltratos o es asesinada por un hombre. Y así, desde oportunistas, pasando por gente concienciada, hasta las víctimas condenan esos actos tan cobardes por parte de los agresores, expresan a la vez, la defensa de la igualdad entre ambos sexos. La mujer ya no es la de hace un siglo, relegada solo a las tareas del hogar y a cuidar de los hijos. Hoy en día, su lucha por la igualdad de género ha dado sus frutos pero sigue inacabada y además, deteriorada al llegar a las instituciones. Con la posibilidad de que las mujeres puedan ostentar cargos públicos o ser empresarias, ¿se ha logrado la tan aclamada igualdad de género? Y en la cuestión de la violencia machista, ¿ha servido de algo que las leyes se entrometan en este dilema?

No obstante, sigue existiendo en la sociedad un extendido pensamiento machista, solo hay que ver cómo en muchos sitios la mujer es tratada como un objeto que sirve de satisfacción sexual para el hombre. Ejemplos los vemos en ciertas páginas web donde se hacen chistes donde aparezcan mujeres y los hombres van detrás; cuando vemos que en un local comercial solo hay dependientas jóvenes o en algunos anuncios. Con todo ello, unido a una vida de estrés continuo, de frustraciones, humillaciones y varios; no es de extrañar que alguno acabe por perder el juicio en una discusión de pareja y se acabe por mandar a la mujer al hospital. Añádese también que muchos maltratadores habrá sufrido en su pasado abusos o está acostumbrado a ejercer un dominio sobre los demás. Sin embargo, nos olvidamos de los casos de aquellas mujeres que ejercen un maltrato psicológico sobre el marido y nunca se hacen visibles, hasta que finalmente el hombre acaba por enloquecer y matar a la mujer. Entonces le condenan por asesinato y la culpa se lo lleva todo el hombre. No os confundáis, no he comentado nada de una “guerra entre machismo y feminismo”, sino que hay que ver todos los casos.

La dicotomía entre machismo y feminismo resulta a veces como el malo y el bueno, al estilo «machismo igual a “malo” y feminismo igual a “bueno”». Hasta en ciertas ocasiones se llega a caer en el victimismo y las exageraciones como el calificativo de “terrorismo machista” hacia las agresiones del hombre. No nos dejemos llevar por el morbo de creer estar defendiendo a la mujer exigiendo penas más duras al verdugo cuando la intromisión de la ley en estos asuntos no solucionaría gran cosa ni acabaremos con la violencia de género. Pese a ello, si realmente apostamos y defendemos la igualdad entre ambos sexos, ¿no deberíamos empezar por eliminar los tópicos que se repiten día a día y dejarse ya de encasillarse en “machista” y “feminista”, es decir, hombres por un lado y mujeres por otro?

Ha habido mil y una campañas de sensibilización respecto a este asunto tanto en las escuelas como en otros lugares, condenando las agresiones a las mujeres y haciendo apología de la igualdad solo porque ellas puedan acceder a cargos públicos. Estoy en contra de cualquier tipo de maltrato, sea de hombre a hombre, hacia las mujeres o a los animales, pero no por ello es necesario hacerse las víctimas y exigir que endurezcan las penas y se hagan más leyes porque resulta inútil, contraproducente y acabaremos por depender de unas instituciones. Aunque el tema de si el maltratador necesite tratamiento o no ya es otra cuestión que debería ser tratada más detalladamente. La lucha contra la violencia de género está en las calles y en concienciar a aquellas sobre el asunto para que sepan defenderse solas y, sobre todo, que sepa a dónde dirigirse y a quiénes acudir para buscar apoyo. Obviamente todo tienen sus matices, pero mientras en la sociedad predomine pensamiento machista y la doble moral, seguirá habiendo asesinatos.