Para muchos, detrás de ciertas acciones es la intención lo que cuenta. Pero hay veces que esos intentos acaban en frustración al ver que la insistencia no da los frutos deseados. Entonces cesamos. Todo ser humano ha tenido que buscar satisfacer sus necesidades básicas así como aspirar a una vida sin pesares ni dolores, además de poder sentirse realizado. Por tanto, nos quejamos e intentamos saltarnos los obstáculos que se interponen en el camino que pueden ser, desde que el objetivo esté muy lejos de nuestro alcance, pasando por la presión social, hasta la represión de otro. Esta actitud de resistencia y protesta es notable en los niños cuando sus padres le niegan algo. No obstante, al verse el chaval frustrado una y otra vez, éste acaba por resignarse, es decir, acaba por convertirse en sujeto pasivo dependiente de lo que hagan sus progenitores, aunque ciertamente hay excepciones. A continuación analizaré otros factores que determinan también la pasividad.

La sociedad moderna es como una gran obra de teatro donde la mayoría de la gente se posiciona como espectadores. Sin caer en la conspiranoia, actualmente el sistema se ha hecho muy complejo y opaco, donde los que poseen el capital tienen el poder para influenciar en la población, a la vez que se multiplicaron los servicios y ayudas gracias a las nuevas tecnologías. Las facilidades que nos brindan acaban por atarnos a las comodidades, atrofiando nuestra autonomía y extinguiendo nuestras habilidades.

Nos hemos acostumbrado a comprar cosas que carecemos, a comunicarnos vía Internet, a quedar con amigos a través del móvil, a acatar lo que nos diga el jefe y nos dejamos llevar por los novedosos productos que solucionan pequeños problemas de la vida. Los problemas generales son asunto de aquellos que dicen ser nuestros representantes, tanto sindicales como políticos. Muchos tienen la falsa ilusión de que desde arriba se resolverían las cosas. El progreso tecnológico también ha jugado un papel importante. Así pues, tenemos frigoríficos, lavadoras, aspiradoras, microondas y multitud de pequeños aparatos electrónicos que hacen por nosotros ciertas tareas que se hacían a mano. Sin olvidar tampoco los ordenadores, móviles, videojuegos… Paralelamente a ello, los medios de comunicación privados han aprovechado las nuevas tecnologías para poder llegar a casi todas partes, bombardeándonos información en que la mayoría caduca al día siguiente.

Pormenorizando aún más, tenemos por un lado la disminución de la influencia del individuo en la sociedad, al verse cada vez más aislado del resto por el aumento de la cantidad de gente que entre ella se desconocen y por tanto, la desconfianza es notable. Así pues, la sensación de impotencia le invade además de conocer pocas alternativas o ninguna. Sumando esto a las infinitas campañas publicitarias que incitan al consumo, hacen creer al individuo que su solución a sus problemas está en comprar ciertos productos novedosos y contratar servicios. Todo ello hace que acabe por evadirse y desatender la posibilidad de iniciar una iniciativa propia que realmente puedan dar una respuesta hacia sus atolladeros. Por otro, en la prensa y la tele salen noticias de numerosos desastres como asesinatos, escándalos públicos, maltratos, desastres naturales, atracos, matanzas, atentados…  que es imposible asimilarlos todos, además de no poder hacer nada al respecto por la distancia que nos separa, y esas situaciones acaban por parecerse normales. Todo ello termina por posicionar a la población como espectadores, sujetos pasivos que contemplan cómo los desastres se suceden mientras tienen fe en que se levantará un salvador que iluminarán sus caminos y resolverán los problemas existentes. Mientras tanto, permanecerán indiferentes.

A pesar de todo, la pasividad se genera ya desde edades tempranas en el entorno familiar y en la escuela. En la mayoría de los casos, los progenitores les dan a sus hijos casi todo lo que piden y prohibiéndoles cosas que consideran perjudiciales, relegando así al chaval a mendigar cuando desee algo y a reprimirse cuando crea que se les denegarán. En el entorno escolar, al mozo no le enseñan a resolver sus inquietudes entre iguales ni les incitan a que aprendan por ellos mismos y tengan sus propias iniciativas sino que tienen como guía al profesor, teniendo que cumplir todo lo que les manden y chivarse cuando es testigo de que otro cometa una infracción o cuando surge un problema.

En resumen, se puede deducir que el buscar el camino fácil, refugiándose en lo cómodo que supone dejar de pensar y seguir la corriente,  acaba por convertir a uno en un sujeto pasivo, quien contempla cómo otros pocos individuos y la autoridad anónima de la opinión pública les conducen a males menores. Sobre todo, la desconfianza entre individuos y el aislamiento generan impotencia, lo que supone que la gran mayoría se resigne y acabe por pasar de todo. Sin embargo, sabemos que la pasividad nos condenará a todos y por ello deberíamos de tomar la iniciativa de recuperar nuestras vidas empezando por replantearnos nuestras ideas y leyendo libros -es decir, formándonos-, empezar a organizarnos poniendo en práctica en la teoría la medida de lo posible y adaptada a cada contexto, a la vez que se construyan alternativas al consumismo y hacer las cosas por nosotros mismos.