Nota al uso del lenguaje

Nota al uso del lenguaje:

1.- Introducción:

Quizás a algunes os resulte chocante, ridícula o extraña la forma de escribir nuestros textos y no entendéis a qué viene este lenguaje tan curioso. Hemos elaborado este texto para dar respuesta a todas esas dudas y explicar por qué y cómo hacemos lo que hacemos con el lenguaje.

Hablaremos de igualdad, de igualdad entre sexos en concreto. Pero iremos más allá:

Nos parece erróneo clasificar a la población humana en dos categorías sexuales (hombre-mujer); dos categorías sexuales que no contemplan ninguna otra más y que además tienen, cada una de ellas, asignados roles específicos: dulce, tranquile, sensible… para le mujer; rude, fuerte, valiente, … para le hombre. Nosotres somos conscientes de que semejante dicotomía simplista no es real, que la vida en este sentido es mucho más compleja que todo eso.

Por hacer un símil, es como categorizar a la gente por su color de piel o su etnia en dos tipos: blanco y negro. Ambas etnias presentarían diferencias: presentan diferencias físicas, les blanques serán más propenses a unas enfermedades que les negres por su constitución física (pongamos, por ejemplo, cáncer de piel), les negres en su mayoría presentarán mas fuerza que les blanques (con excepciones), quizás también presenten diferencias culturales por venir de culturas distintas, etc. Pero esta simplificación no atendería a la realidad, en la cual hay multitud de variantes: existen mestices, la mezcla hace que cada vez las culturas sean más diversas: surgen culturas nuevas, algunes blanques tienen una cultura más cercana a la de les negres (y viceversa)…

Así mismo, la división entre dos únicos sexos obvia la complejidad existente al respecto: existen hombres, mujeres, sexos intermedios, hermafroditas… Incluso dentro de las categorías “hombre” y “mujer” más “definidas” existen diferencias sexuales: existen hombres y mujeres estériles, mujeres sin menstruación, etc.

Toda esa concepción se refleja por fuerza en el lenguaje hablado y escrito; por ejemplo, está aceptado por consenso como género gramatical neutro el género masculino. Cuando nos dirigimos a una multitud formada por mujeres y hombres, hablamos en masculino: “vosotros, que estáis aquí, lo sabéis perfectamente”; a pesar de que estemos ante un grupo de 50 mujeres y 2 hombres, sólo se usa el género femenino para referirnos a un grupo cuando ese grupo está sólo compuesto por mujeres. También encontramos casos en los cuales se refleja claramente un dominio cultural de le hombre frente a le mujer: “El Hombre está poniendo en serio peligro al Planeta”, aquí se ve claramente como, para referirse a toda la Humanidad, al Ser Humano, se habla de “El Hombre”.

Todas estas cuestiones, y otras tantas más, han hecho plantearse a determinados grupos utilizar en sus escritos un lenguaje, que han denominado “neutro” o “anti-sexista”, para hablar sobre grupos de personas mixtos, englobando a todas ellas independientemente de su sexo. Así, esas opciones han sido usadas cuando se referían a plurales o cuando iban dirigidas a hablar de grupos, por ejemplo: “Los trabajadores han de luchar…” o bien “el niño nace con ganas de aprender”. Antes de exponer nuestro punto de vista personal, haremos un repaso de todas las opciones que han sido usadas hasta ahora para tal menester:

1.1- El uso de los signos “@” o “=”:

Consiste en sustituir la “o” y la “a” de los géneros gramaticales masculino y femenino respectivamente por los signos antes mencionados. Se usa el @ porque parece incluir en sí misma las vocales “a” y “o”, el uso del signo “=” es para manifestar la igualdad que se pretende conseguir. Pondremos ejemplos de ello:

“L@s trabajador@s aquí reunid@s, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometid@s…”

O bien:

“L=s trabajador=s aquí reunid=s, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometid=s…”

Bien, en este caso concreto, estamos ante dos signos que no son letras, por lo tanto rompen con la estética de los textos y además no se pueden leer, no tienen sonido. Al final hablaríamos de lo mismo, alguna gente lo leería como “trabajadores” y otra gente como “trabajadoras” y no estaríamos cambiando nada en absoluto.

1.2- El uso de la “x”:

Consiste en hacer una sustitución como en el ejemplo anterior, pero en este caso se usa la letra “x”. Se usa esta letra para hacer énfasis sobre la eliminación de las diferencias entre sexos. De nuevo el ejemplo anterior:

“Lxs trabajadorxs aquí reunidxs, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometidxs…”

Este caso es algo distinto, ya que ahora, sí que estamos ante una letra, sin embargo tampoco tiene lectura (la “x”, para tener sonido, ha de estar acompañada de una vocal). Al no poder leerse tampoco en este caso, estaríamos ante la problemática del ejemplo anterior.

1.3- La opción de utilizar como género gramatical neutro el género femenino o el masculino de forma aleatoria:

Este caso no tiene mucho que explicar, consiste en usar en un mismo texto, unas veces el género gramatical femenino como género neutro y otras veces el género gramatical masculino en lugar de utilizar solamente el masculino. Por ejemplo:

“Las trabajadoras aquí reunidos, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometidas…”

Esta opción tampoco ha sido de nuestra elección ya que lo hemos intentado y se presta a muchísimas confusiones en la práctica. Invitamos a cualquiera a que lo pruebe para evidenciar el problema al cual nos referimos. Además, más adelante incluiremos una visión particular que queremos difundir. Esta opción, así como las anteriores, no cumplen con esa necesidad particular a la cual nos referimos.

1.4- El uso de la “e”:

Consiste en hacer las sustituciones que hemos mencionado en los casos de la “@”, “=” y la “x”, pero usando en esta ocasión la letra “e”. En primer lugar la “e” es una letra, por lo tanto no desentona estéticamente con el texto, y además tiene sonido, por lo tanto puede leerse, además es una vocal, que es, precisamente, lo que se pretende sustituir. Otra de las ventajas es que es un uso muy parecido a otros usos de la letra “e” en otros idiomas. De nuevo pondremos el ejemplo:

“Les trabajadores aquí reunides, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometides…”

En este caso concreto sí estaríamos cambiando algo. En castellano tenemos el género gramatical femenino “la niña”, el género gramatical masculino “el niño” y el género gramatical neutro que, por consenso, como hemos explicado antes, es el masculino. En el caso de la letra “e”, es como si hubiésemos creado un cuarto género gramatical y además, hemos aportado a este cuarto género una semántica (el significado de criatura humana independientemente de su sexo). Para nosotres, este cuarto género gramatical definido por la letra “e”, sí sería verdaderamente un género neutro. Para ilustrar este uso de la letra “e”, nos gustaría hacer referencia a la F.I.J.A. (Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas). Sin embargo, el uso que nosotres hacemos de éste cuarto género, es diferente al uso que de él hace la F.I.J.A., y es a partir de ahora donde explicaremos la innovación que hemos introducido y por qué.

Hasta ahora sólo hemos introducido lo que se ha venido haciendo hasta la fecha para poner a les no iniciades en antecedentes.

2.- Nuestra opción: cómo lo hacemos nosotres.

Como hemos explicado hasta ahora, lo que se ha hecho, ha sido para sustituir los plurales o bien sustituir el masculino o femenino cuando nos disponíamos a hablar de un grupo mixto. Pero nosotres no queremos quedarnos ahí.

Para nosotres el sexo biológico de la persona, no se reduce simplemente a dos (masculino y femenino), para nosotres incluye todo un crisol difícil de clasificar (existen hombres, mujeres, sexos intermedios, hermafroditas, transexuales… del mismo modo, también consideramos que existe una amplia gama de opciones diferentes de sexualidad más allá de la heteronormatividad, como podrían ser la homosexualidad, la heterosexualidad, la pansexualidad); pero es que además, no tiene relevancia, o tiene la misma relevancia que podrían tener otros atributos como el color del pelo, el color de la piel, el ser más alte o más baje, etc. Evidentemente, en determinadas situaciones sí la tiene, por ejemplo, si soy médique y estoy haciendo un estudio sobre la prevalencia del cáncer de mama. En este caso concreto sí toma importancia. Pero de la misma forma que el color de la piel no tiene importancia pero en determinados contextos sí, por ejemplo, podemos imaginar el estudio de la prevalencia e incidencia de determinada enfermedad que afecta más a la población negra que a la blanca. Es decir, cuando hace falta, se señala su importancia, cuando no, no. No hemos eliminado la posibilidad de especificar el sexo de la persona, para ello están las palabras hombre, mujer, varón, hembra, etc. De la misma forma, podemos especificar, cuando haga falta, el color de la piel de la persona en cuestión, pero sólo cuando haga falta.

Como somos conscientes de que lo que decimos es algo muy novedoso y todavía no hay conceptos para expresarlo, nos vemos obligades a servirnos de ejemplos ficticios para tratar de transmitiros lo que queremos decir:

Imaginemos una sociedad formada únicamente por varones. En esa sociedad, ha tomado importancia el color de la piel (por diversas cuestiones histórico-culturales) y se divide a la población en población blanca y población negra (obviando toda la variedad de tonalidades que existen). La importancia que ha tomado esta cuestión desde que la sociedad que describimos apareció en la Tierra es tal, que existen marcas gramaticales específicas para expresar esa dicotomía. Así, se utiliza el femenino para las negras y el masculino para los blancos (recordad que es una sociedad formada exclusivamente por varones, esas marcas gramaticales tienen el significado del color de la piel, no del sexo); sería curiosísimo, porque no existen esas marcas gramaticales para designar el color de pelo o para designar la estatura, sólo existen para designar el color de la piel. En ésta sociedad, la población infantil, aprendería desde el principio que existen dos mundos diferenciados (blancos y negras) porque además, el lenguaje que utilizan para hablar de unas y de otros es diferente. A los blancos les hablan con el género gramatical definido por la “o” y a las negras con el género gramatical definido por la “a”.

Imaginemos además, que a las dos categorías de color de piel se le han ido añadiendo culturalmente una serie de roles, de comportamientos, y que, además, una de las categorías (los  blancos, por ejemplo) domina sobre la otra. Bien, estos roles han sido añadidos a posteriori, por la cultura de la sociedad en la cual están inmersas estas criaturas, sin embargo, dichos roles, son introducidos en un marco ya construido, en una especie de “caja” mental introducida desde que están en la infancia con las dos categorías, con los dos mundos. Hay un “el” y un “ella”.

Bien, dejemos ahora el ejemplo anterior. En nuestra sociedad, se nos inocula desde pequeñes la idea de que existen dos mundos “el” y “ella”, además, para ese atributo, para esa dicotomía, usamos marcas gramaticales diferentes, tal es la importancia de semejante diferencia para nuestra cultura. No usamos marcas gramaticales para el resto de diferencias (color del pelo, color de la piel, estatura…) sólo las usamos para las dos categorías sexuales en las cuales nos encasilla nuestra cultura (hombre o mujer).

No es esa la visión que nosotres compartimos, así que creamos un género gramatical verdaderamente neutro para reflejar en el lenguaje que para nosotres, maldita la importancia que tiene que seas hombre o mujer. Es decir, creamos un cuarto género gramatical caracterizado por la letra “e” y a dicho género le agregamos una semántica (el significado de persona, de criatura humana, independientemente del sexo biológico). Aplicamos este género gramatical sólo a las personas, y no sólo para los plurales o para cuando nos referimos a grupos mixtos, también para hablar de una sóla persona. Los objetos y animales continúan manteniendo las marcas gramaticales de género masculino o femenino.

2.1- ¿Cómo lo hacemos entonces?:

Como ya hemos visto, la mayoría de las personas que se han planteado estas cuestiones han decidido añadir un género neutro al referirse a un grupo, de modo que aceptan tres géneros gramaticales distintos: femenino (ej.- Chicas), masculino (ej.-chicos) y neutro o “anti-sexista” (ej.- chiques/chicxs/chic@s/chic=s…), en función de que se refieran a un grupo de mujeres, un grupo de hombres o un grupo mixto. Nosotres hemos hecho un enfoque distinto de la cuestión. Consideramos que el problema base es que los géneros gramaticales se traducen en géneros sociales: existe un masculino para los hombres y un femenino para las mujeres.

2.1.1- El lenguaje[1] que se encontrará en nuestras publicaciones será el siguiente:

- Eliminamos el género gramatical como género social (esto excluye al uso del género gramatical para objetos, definiciones o animales, la mesa sigue siendo la mesa, la foca sigue siendo la foca, la libertad sigue siendo la libertad y el orangután sigue siendo el orangután, ya que en el mundo animal no se da el sexismo y no digamos ya en el mundo de los objetos o las definiciones). Es decir, sólo aparecerá un único género (género neutro), señalado con el sufijo –e (ejemplo: chique, para decir chico o chica) y con el artículo le (para decir el o la).

- En caso de necesitar especificar el sexo de la persona, se añadirá mujer u hombre, varón, etc. Por ejemplo:

  • “Les hombres del cuerpo de policía no pueden cachear a les mujeres”.

- Las contracciones del y al se mantendrán, por comodidad en la lectura, siempre que la palabra siguiente empiece por e-. Por ejemplo:

  • “Del estudiante” en lugar de “de le estudiante”.

- Manteniendo las reglas de la gramática hispana, se sustituirá “le” por “el” en los mismos casos (cuando la siguiente palabra empiece por e-):

  • Al igual que “la águila” se transforma en “el águila” por agilizar el lenguaje, “le enferme” se transforma en “el enferme” o, también, por qué no, en “l’enferme”.

- Como ya hemos dicho, seguimos manteniendo los géneros gramaticales no ligados al sexo, por lo tanto, sigue existiendo “la persona” al igual que “el ser humano”.

3.- Resumiento todo lo anterior:

¿Por qué abolir los géneros gramaticales referidos al sexo biológico en el uso del lenguaje?. Consideramos que esta construcción gramática y semántica nace precisamente debido a la construcción social en la que vivimos. En una sociedad en la que el sexo de una persona no tuviera una importancia tan trascendente como lo tiene en la nuestra a la hora de construir las relaciones sociales, no habría tenido sentido la aparición incluso de una categoría gramatical y semántica que designara esa diferencia (por ejemplo, no tenemos un atributo gramatical para definir a “lis pelirrojis” frente a “lus rubius”, “les gordes” frente a “los flacos”, etc).

3.1- ¿Tiene consecuencias que exista esta gramática de ellos frente a ellas?

Sí, la tiene. El lenguaje es el primer instrumento mental que se le da a alguien nada más empezar a conocer el mundo, es la primera información que se le da a une críe de cómo es el mundo que le rodea. Inmediatamente la mente hace una dicotomía entre les humanes: Existen dos tipos de personas: Chicos y chicas. Se ha creado una diferenciación mental que le niñe ha captado desde críe y en base a la cual se irán introduciendo cada vez más y más ideas.

Nuestro cerebro tiene tan asimilada esta diferencia que, al encontrarnos con une hombre, automáticamente hablamos en masculino y, al encontrarnos frente a une mujer, en femenino (es decir, damos importancia de forma inconsciente al sexo, hasta tal punto que hablamos de forma distinta según sea de uno o de otro). A estos dos mundos separados, además, la sociedad irá dándole ciertos atributos. A raíz de lo que la criatura observa, el género masculino irá llenándose de connotaciones (fuerza, valor, rol dominante, ciertas responsabilidades específicas al género, etc) mientras que el género femenino irá llenándose de otras tantas (debilidad, dulzura, sensibilidad, sumisión, pasividad…). Si alguno de los dos sexos pretende adoptar roles asumidos al contrario, inmediatamente será tachade de “promiscua”, “guarra”, etc en el caso de le mujer o de “cobarde”, “débil”, etc en el caso del hombre. Todos estos atributos y roles son ya incluidos en una especie de “caja” mental, separada en dos; una caja que se crea desde el nacimiento y gracias al uso del lenguaje.

Con el tiempo han ido surgiendo movimientos anti-sexistas que niegan toda esta estructura y que intentan cambiar las cosas.

4.- Conclusión:

Nuestra hipótesis es que ese cambio será imposible mientras el principal medio de comunicación dentro de esta sociedad (el lenguaje) siga partiendo de la base de esa diferencia. ¿Cómo vamos a asimilar realmente que hombres y mujeres deben ser considerades como iguales si hasta en el lenguaje les atribuimos una importancia tal a sus diferencias que es el único caso para el que existe una gramática distinta de unes frente a otres? ¿Es realmente la solución definitiva variar los plurales (creando un género neutro) sin eliminar las categorías gramaticales que nos diferencian de base?.

¿Realmente se podría considerar que existe un lenguaje igualitario mientras no se acabe con esa lacra de una dicotomía total en el lenguaje para unos y otras? ¿Realmente podemos esperar un cambio radical de la sociedad en este aspecto, una total igualdad sin que cambie este lenguaje? ¿Si en cada generación nueva que nace las nuevas criaturas siguen integrando ese esquema mental de que el mundo se divide en dos (ellas y ellos), de que existen dos mundos y de que todo lo que se salga de esa dicotomía es, por tanto, raro ya que ni siquiera tiene lugar en el lenguaje?

En nuestra sociedad existen, de hecho, muchas personas que no pueden clasificarse en nuestra dicotomía mental: hermafroditas, sexualidades intermedias, personas con un cuerpo que no se sienten reflejadas con lo que cargar con ese cuerpo significa, y un larguísimo etc. Sabemos que existen sociedades que amplían muchísimo la variedad de sexos (Que reconocen 2, 3, 4, 5 y hasta 7 sexos). Sabemos que la división en dos categorías es una cuestión cultural. ¿Por qué seguir manteniendo, entonces, esta gramática?

Un lenguaje que, de entrada, no da cabida a más variedad. Que lleva a que haya personas que nunca vayan a encontrar su sitio porque se ven en la necesidad de encajar en ese esquema limitado y que se ven en esa necesidad para todo, porque la comunicación es imprescindible. Un lenguaje que, además, va a conllevar inevitablemente a perpetuar para siempre esa concepción: la de que existen dos y sólo dos clases de personas especialmente por encima del resto de categorías que queramos hacer: los hombres frente a las mujeres. Hasta el punto de que el cerebro lo primero que reconoce de una persona para hablarle es eso, de qué sexo es, y mecánicamente hablamos en femenino a le mujer y en masculino a le hombre.

Asumimos que cambiar el lenguaje no es la solución definitiva al problema del sexismo, no va a surgir una sociedad totalmente igualitaria sólo cambiando la gramática. Pero nosotres hemos integrado y asumido ese cambio. No nos sentimos identificades con esa dicotomía, necesitamos un lenguaje con el que expresarnos libres de esa idea.

Porque, aunque somos conscientes de que cambiar el lenguaje no cambiará directamente la sociedad, ¿puede darse un cambio real manteniendo un patrón en el lenguaje que se introduce en nuestro inconsciente desde pequeñes?, de darse tal cambio, ¿no se transformaría el lenguaje como consecuencia de dicho cambio? ¿Por qué no comenzar desde ahora?.

Grupo Anarquista Pirexia.


[1] Este lenguaje surge como una idea nueva, es experimental y como tal está sujeto a cambios, aportaciones, sugerencias, etc. para la discusión necesaria para mejorar éste proyecto, podéis hacernos llegar correos a la siguiente dirección:    grupopirexia@gmail.com

Estamos dispuestes a aceptar críticas, sugerencias, a responder dudas y modificar lo que sea necesario. Gracias por vuestra colaboración.