Louis Armstrong, otro gran luchador por los derechos civiles de las personas negras, por cierto.
Before the flame dies
Energía!!!
‘Cause life is all you’ve got!!!
Binta y la gran idea
Un cortometraje fenómeno de Javier Fesser.
Mito del racismo negro y el hembrismo
Desde hace un tiempo, vengo constatando un desarrollo paralelo entre el discurso de la existencia del hembrismo, en base a que hay mujeres idiotas, y se ejemplifica con una supuesta actitud racista de un negro hacia un blanco. Ambos mitos se relacionan mutuamente, repitiéndose una y otra vez como una especie de mantra.
Yo quiero exponer porqué creo que el racismo negro o el hembrismo, actualmente, no pueden darse. El racismo es un fenómeno social, en el cual toda (o al menos gran parte) institución está conformada de manera que los individuos de otras “razas”[1] están sometidas a los blancos. Así es como ha surgido y es como se mantiene actualmente. Podrían haberse dado otros desarrollos históricos en universos paralelos. Pero actualmente, aún permanecen los privilegios de personas blancas, frente a personas de otras pigmentaciones. Para simplificar, hablaré de negritud, porque es el mito más extendido.
El negro racista… o cómo bombardear con autocomplacencia a los blancos.
Es conocido el mito, se pone siempre de ejemplo: “si un negro desprecia a un blanco por serlo, está siendo igual de racista”. Pues aunque su actitud no sea de aplaudir, ya que está prejuzgando a una persona por motivos de color de piel, resulta que no es posible para un negro en la sociedad actual ser racista. Porque el racismo no es una respuesta individual, sino una estructura social en la cual todo tiene un orden rígido que se reduce a blancos arriba, negros abajo. Si unos cuantos individuos negros, de forma individual, tienen actitudes de prejuicio racial, podemos resaltar lo feo del gesto. Pero no “es lo mismo pero al revés”. Entre otras cosas porque no disponen del control de todas esas instituciones y estamentos sociales que permitan una vuelta a la tortilla. En EEUU, por ejemplo, sigue habiendo una relación estrecha entre negritud y pobreza, y población reclusa [2]. Esto no es casual, y desde luego, nada tiene que ver con las capacidades de las personas negras. Claramente es el resultado de una estructura social. Así que no, cuando un negro es borde con un blanco…no está siendo racista. Estará siendo antipático, prejuicioso, pero no racista. El día en que hubiera matanzas de blancos por parte de negros, persecución, historia de esclavismo, “blanquización de la pobreza”, etc etc. El día en que los negros controlaran todo y los blancos estuvieran abajo, ahí habría racismo negro. Mientras tanto, habrá individuos de una identidad oprimida que reaccionan con una actitud agresiva ante individuos de identidad opresora, aunque estos últimos no pretendan mantener ese estatus. Y esta actitud, insisto, puede ser reprochable: usted no me conoce, ¿cómo sabe que yo, aun siendo blanco, no estoy interesado en destruir este orden absurdo de cosas, porque creo en la igualdad de la humanidad?. Ahí tenemos al Ferrocarril Clandestino como ejemplo de que personas blancas pueden estar interesadas también en derribar esos muros [3]. No se está alabando esa actitud, simplemente le estamos dando el peso que merece, y que no es uno que equilibre ninguna balanza entre las relaciones que existen entre blancura y negritud. Precisamente es un conocido mito porque nos permite invisibilizar y normalizar el racismo, poniendo las cosas en una balanza de “a mi una vez un negro me hizo mal”. Se reproduce porque nos hace sentir “confortables”, precisamente por esa autocomplacencia que permite. Así como muchos otros mitos que se extienden socialmente y permiten mantener ese desequillibrio motivado por “raza” [4].
Así que simplemente se hace necesario explicar que una actitud puede ser negativa, equivocada éticamente, lo que sea. Pero no se puede usar todo término. Acabamos simplificándolo todo a fascista, racista y sexista, en una especie de caca-culo-pedo-pis que nos idiotiza mentalmente. Existen más palabras, usémoslas, eso desarrollará nuestra capacidad cognitiva. El lenguaje es una gran forma de entrenar al cerebro.
Del mito del negro racista al bulo del ataque cotidiano hacia los hombres: la falacia del hembrismo.
De igual forma, con mayor frecuencia se exponen casos de mujeres que maltratan psicológicamente, amén de todas las maldades posibles que le puedan hacer a los hombres, pasando por romperles el corazón, que es la más habitual, para intentar demostrar una especie de equidistancia. No hay equidad, por lo tanto, hablar de equidistancias es directamente absurdo. Una mujer puede ser imbécil, puede ser una cabrona despreciable que trate a un hombre de mala manera. Pero no es hembrista, porque no existe, por más que vengan hablando de lobbys, ese cambio de tortilla. En el contexto actual, siguen estando invisibilizados los trabajos de cuidados [5], la doble jornada laboral de la mujer [6], e incluso la supeditación a su marido en el caso de propiedad de tierras, explotaciones agrarias y demás [7], además de sufrir una invisibilización respecto a nuestra salud [8], entre otras muchas como menores sueldos [9], muertas por violencia de género [10], y un largo etcétera.
Existen mujeres idiotas, nadie lo duda. Como humanas, tenemos un amplio abanico de virtudes y defectos. Pero su actitud es individual, mientras que el patriarcado es una estructura sociale, lo que implica un desigual reparto del poder con sesgo de género, que provoca que las mujeres no participen del espacio público, que exista una división sexual del trabajo, infravalorando la correspondiente a la mujer, feminización de la pobreza, menor autonomía personal y en las relaciones sociales. Una forma de definirlo es: forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre la esposa, del padre sobre la madre y los hijos e hijas, y de la línea de descendencia paterna sobre la materna Asímismo, se universaliza el “yo” masculino, planteándolo como vara de medir y referencia, siendo uno de los fundamentos de la dominación patriarcal [11].
Por eso, por mucho que sean idiotas, no pueden ser hembristas, simplemente porque no se tiene esa capacidad. Y aunque Obama es negro, y Merkel mujer, el orden social permanece rígidamente asentado. Obviamente, se ha avanzado. Se han mellado los pilares que sostienen ese orden. Pero la única dirección posible es continuar haciéndolo. No apuntalarlos para mantener las cosas tal cual están, sino derrumbar lo que queda de ello, que aún es mucho. y para ello, es fundamental no caer en la autocomplacencia de “para mí también es duro”, “yo no tengo la vida solucionada por ser blanca”, etcétera etcétera. No, obviamente entran otros factores, entre ellos la fundamental: la clase social. Pero por ser blanco, no la tienes tan complicada como la de un negro, y por ser hombre, no te ponen las mismas zancadillas que si fueras mujer. Así que, con una analogía atlética: si al resto de personas se les ponen obstáculos, entenderemos que el primero en llegar a meta con la pista lisa está siendo privilegiado frente a los demás. Siguiendo la analogía, es posible que nuestra pretensión de hecho no sea llegar a meta, ni ganar nada en atletismo. Pero ya que se nos obliga a correr, hay que remarcar esos obstáculos que existen y denunciarlos, no detenernos en que para el corredor que gana “también es duro tener que entrenar todos los días”.
Nadie está diciendo que la vida de un hombre blanco es de rosas por el mero hecho de ser varón y blanco. Ni que deba darse la vuelta a ninguna tortilla. Ni que todos los hombres blancos sean una panda de malnacidos esclavistas y machistas. Pero resulta paradójico que en una realidad en la que las mujeres mueren y cumplen dobles y triples jornadas, las personas negras se vinculan con la pobreza y la cárcel, siempre salga alguien corriedo a defender la socialmente cómoda idea de que “l@s oprimid@s tb oprimen”. Y no…pueden cagarse en tu madre y eso puede molestar, pero no te oprimen, sobretodo porque no pueden, al menos en base a esa identidad que se concibe como socialmente inferior.
Por favor, déjate de autocomplacencias, de buscar obsesivamente ejemplos de “mujeres que tratan mal a los hombres”, de “grupos feministas que pretenden el exterminio masculino”, de confundir los artículos de revistas Cosmopolitan con los postulados feministas, y de “negros que también han hecho cosas malas”, “de que los gitanos son racistas con los payos” y demás sandeces varias. Deja de confundir términos, porque no hay equidistancias ni equivalencias en un contexto de desigualdad. Y deja de utilizar esos argumentos para pretender suavizar la diferencia que se da entre las clases oprimidas y las opresoras. O al menos, no te creas tan de izquierdas si no estás dispuest@ a moverte de tu área de comodidad que permite perpetuar las cosas tal y como están.
[1] si bien el término no sea adecuado, ya que no existen realmente las razas desde ningún punto de vista médico, biológico, genético, etcétera. Las Razas humanas no existen:
http://www.andercismo.com/2008/03/las-razas-humanas-no-existen.html
[2] Datos del Census Bureau de EE.UU.
http://www.census.gov/newsroom/releases/archives/income_wealth/cb12-172.html
http://www.census.gov/newsroom/releases/archives/income_wealth/cb12-172.html#tableb
Resumidamente, la población negra representan más del 27% de la población en situación de pobreza. Muy equiparado con población hispana, con más de un 26%. Los blancos de origen no hispano, representan menos del 10%. Esto demuestra ua clara vinculación entre identidad racial y etnia con la pobreza y la exclusión social.
[3] The Underground Railroad
http://en.wikipedia.org/wiki/Underground_Railroad
[4] Para desmontar este tipo de mitos, un gran pensador de nuestro tiempo decidió realizar este ejercicio de compilación de argumentos contra las intoxicaciones y comeduras de tarro racistas de turno:
http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=15&t=33465
[5] Estos son llevados a cabo por mujeres en el 99% de los casos, y que si se tuvieran en cuenta supondrían 1/3 del PIB. Pérez Orozco, A. y López Gil, S. (2011) Desigualdades a flor de piel: Cadenas globales de cuidados. ONU Mujeres. Disponible en
http://bookcamping.cc/referencia/1220-desigualdades-a-flor
[6] Propuesta por la Titularidad Compartida, desde el MAGRAMA
http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/igualdad_genero_y_des_sostenible/titularidad_compartida
[7] Según un estudio que está a punto de publicarse sobre las vivencias de las mujeres campesinas vascas, existe una clara discriminación en el sector agrario, predominando la falta de reconocimiento como trabajadoras agrícolas. Esto puede constatarse concretamente en que carecen de titularidad de las actividades agrícolas cuando los 2 miembros de la pareja lo comparten, además de a la hora de pedir ayudas para emprender la actividad agrícola y al pretender darse de alta en la Seguridad Social Agraria.
[8] Más información al respecto en la Revista on-line Mujer y Salud, disponible en
http://mys.matriz.net
También existe información al respecto, en inglés, en el colectivo ecofeminista Women’s Voice for the Earth
http://www.womensvoices.org/about/why-a-womens-organization
[9] Encuesta de estructura salarial. INE. Informes anuales disponibles en
http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t22/p133&file=inebase
[10] Información disponible en las Estadísticas del Ministerio de Igualdad (o el Ministerio en el que sea diluído):
http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/boletinmensual/home.htm
y http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/home.htm
También en la Red estatal de organizaciones feministas contra la violencia de género.
http://www.redfeminista.org
[11] Dolores Reguant (2007) Explicación abreviada del Patriarcado.
http://www.proyectopatriarcado.com/docs/Sintesis-Patriarcado-es.pdf
me lo publican en regeneración (una versión anterior )http://www.regeneracionlibertaria.org/mito-del-racismo-negro-y-el-hembrismo
y en Tierra y libertad esta última versión (en papel).
Colores del Feminismo
Jodó, ya sé que hace un tiempito que no pongo producción propia, pero no doy a basto!
http://blogs.elpais.com/tormenta-de-ideas/2013/02/colores-del-feminismo.html
De qué hablamos, o lo que es lo mismo, de quién hablamos cuando hablamos de feminismo? Entrado ya el siglo XXI, no está tan claro. Sin embargo no fue así durante los más de cien años de construcción hegemónica del discurso feminista euroamericano. bell hooks (sic), activista afroamericana que ha insistido en la imbricación de género, raza y clase social, lo expresa como sigue en un pasaje de Ain’t I a Woman (1981) citado en la excelente antología de Mercedes Jabardo Feminismos negros: “La fuerza que permite a las autoras blancas no hacer referencia a la identidad racial en sus libros sobre mujeres, y que son en realidad libros sobre mujeres blancas, es la misma que obligaría a cualquier autora que escribiera exclusivamente sobre mujeres negras a hacer explícita su identidad racial […] Es la raza dominante la que puede hacer parecer su experiencia como la representativa”.
Feminismos-negros_-Una-antologia_portada_completaLas feministas no blancas, al tomar la palabra como sujetos, han desmontado los conceptos de representación y representatividad, y desvelado el sistema epistemológico de dominación del feminismo clásico. Mujeres negras, indias, chinas o árabes vienen denunciando cómo las dicotomías excluyentes (sexo / género, tradición / emancipación, espacio público / espacio privado) reproducen las desigualdades estructurales y las relaciones de poder en que se sustenta el sistema capitalista (centro / periferia, primer mundo / tercer mundo, progreso / dependencia, industrialización / precapitalismo) y, por lo tanto, perpetúan la noción de inferioridad. Bajo este enfoque, Hazel V. Carby desmenuza en su contribución en Feminismos negros los conceptos de familia, patriarcado y reproducción, centrales en la teoría feminista euroamericana, y demuestra que ponen en cuarentena la simple noción de igualdad entre mujeres blancas y no blancas.
Pero la crítica a la soberbia conceptual del feminismo hegemónico se ha venido centrando en la construcción de alternativas, tanto discursivas como de militancia. No se trata de partir de cero, sino de recomponer categorías que reconozcan la posibilidad de la especificidad sin anular los puntos de referencia transculturales. Así, para el nuevo feminismo deslocalizado, los sistemas de sexo / género son múltiples, y no uno generalizable deducido del europeo de familia nuclear. Este presupuesto, constitutivo de las teorías de género queer y LGTB+, es un desafío para los feminismos negros y aquellos que operan en contextos islámicos, proclives a priorizar las estrategias que explicitan una identidad unitaria, ya se base en la raza o en la religión.
FaminismoIslamCA00247001El reconocimiento de las identidades simultáneamente múltiples y subalternas (pensemos en alguien mujer, no blanca, feminista, islamista, lesbiana, egipcia, árabe y beduina, por poner un ejemplo posible) es el primer paso para romper con la dinámica histórica de las categorías amorfas y las generalizaciones poscoloniales estilo “la-mujer-del-tercer-mundo”. Pero también lo es para superar las nuevas dicotomías en las que caen los feminismos en gestación: en Feminismo en el islam, Margot Badran dibuja el recorrido del feminismo islámico en contra del uso del género como herramienta discursiva, al que se ve como “un arma de destrucción cultural”. Sin embargo, mientras que en lo cultural se impone la polarización religión / secularismo, otros logros del feminismo burgués occidental (derecho al trabajo, acceso a la educación y sufragio universal) no se cuestionan. Lo más significativo es que estas contradicciones del llamado “feminismo islámico” no dejan de ser profundamente modernas, consecuencia de unas narrativas feministas nacionales de más de cien años. En Opening the Gates. An Anthology of Arab Feminist Writing (1990) la propia Badran recopiló, junto con miriam cooke (sic), las principales voces del feminismo árabe clásico: Huda Shaarawi, Inji Aflatun, Duriya Shafiq, Zainab Fawwaz, etcétera.
Si la religión es un vector fundamental para el activismo de género araboislámico, no lo son menos la historia, la sociología, la política o la lengua. En esto los feminismos negros y los árabes enlazan con la experiencia de los feminismos periféricos europeos (el español es un ejemplo; véase la reciente Antología del pensamiento feminista español, de Roberta Johnson y Maite Zubiaurre, Cátedra, 2012), con los que comparten, además, una mayor diversidad formal: más que del ensayo filosófico, género habitual del feminismo tradicional, estos otros feminismos se valen de la autobiografía, la narrativa, la música o el manifiesto. Es paradigmático el artículo de Angela Davis en Feminismos negros sobre las letras de Bessie Smith y Ma Rainey.
El giro a lo ideológico en el pensamiento y la práctica de las activistas negras y de las musulmanas (islamistas o liberales) culmina en su renuencia a declararse feministas. El término “feminista” no se ha librado del estigma histórico de ser un instrumento de poder al servicio de Occidente / los blancos. Lo peor es que la historia más reciente no ha mejorado este estado de cosas. Más bien al contrario. Como desde muy pronto denunció la antropóloga Lila Abu-Lughod, la “guerra contra el terrorismo” desatada tras el 11-S no ha hecho sino actualizar la retórica colonial del Occidente salvador de las mujeres musulmanas.
por LUZ GÓMEZ GARCÍA
Feminismos negros. Una antología. Mercedes Jabardo (editora). Traducción de varios autores. Traficantes de Sueños. Madrid, 2012. 314 páginas. Disponible bajo licencia Creative Commons en la web de la editorial. 25 euros.
Feminismo en el islam. Convergencias laicas y religiosas. Margot Badran. Traducción de Tania Arias. Cátedra. Madrid, 2012. 517 páginas. 25,40 euros.
EL FEMINISMO Y LOS HOMBRES
extraído de Hombres por la igualdad,
http://www.jerez.es/index.php?id=7113
EL FEMINISMO Y LOS HOMBRES
por Daniel Cazés
La década de 1960
Durante los años sesenta de este siglo, todos los valores y las convenciones aprendidos (y que todo mundo debería aceptar) como universales, incontrovertibles y eternos, eran tema de debates ardientes y de argumentaciones en ocasiones elaboradísimas.
Nada dejaba entonces de ser cuestionado, y tanto la irreverencia como la imaginación fueron a menudo punto de partida de creatividad artística y de proyectos libertarios que se convirtieron en acciones políticas. Éstas, generadoras de grandes cambios culturales, fueron recibidas de maneras contradictorias. Hubo simpatía hacia quienes, jóvenes en su mayoría, irrumpían así en la vida de sus sociedades. Pero predominaron la arrogancia, la censura y la represión. Con ellas, el conservadurismo buscó amordazar, atemorizar, encerrar en prisiones y ahogar en sangre las voces que se abrían camino hacia el final de la centuria y del milenio. En México, esto es lo que más aparece en las reminiscencias.
Habían pasado casi veinte años desde que concluyó la llamada Segunda Guerra Mundial que desoló al mundo con la violencia, la destrucción, el exterminio y las increíbles ganancias producidas por el más lucrativo de los negocios. La democracia, se decía, había vencido al nazifascismo, y con la creación de la ONU se reconstruirían los territorios y se reorganizarían las naciones. Así, la paz abría nuevos horizontes en los cuales las potencias cuyos ejércitos habían combatido entre 1939 y 1945 ubicaron a las ganancias del consumo suntuario y la especulación financiera como paradigmas del progreso, aunque la mayoría de los habitantes del planeta apenas pudieran sobrevivir.
Pero la paz tan festejada fue una simple continuación, mejor tecnologizada, de la guerra. Los conflictos bélicos más notables fueron, al principio, Corea, y para los años sesenta, Vietnam. Mucha gente que había ido a suprimir con las armas la opresión, la injusticia y el racismo en Europa y en Japón, percibió a su regreso que en Estados Unidos nunca habían dejado de practicarse intensamente (y con fundamentación jurídica). En aquel momento veteranos y pacifistas que no deseaban participar en las guerras de tiempos de paz, se organizaron para ponerles fin; simultáneamente, los discriminados que habían ido a liberar discriminados más allá de los océanos, iniciaron un vasto movimiento para alcanzar para toda la población norteamericana el cese de la discriminación segregacionista y el ejercicio pleno de los derechos civiles. Esa fue la forma que adoptó ahí un movimiento democratizador que se estaba desarrollando en todos los confines del mundo, aunque en algunas partes de manera menos espectacular que en Norteamérica y en Europa.
Aquellas organizaciones ciudadanas alcanzaron en esos días gran auge. Sus miembros se movilizaban por doquier para someter todo a juicio y proponer que todo cambiara en el marco del pacifismo y los ideales de transformación democrática de todas las sociedades.
El feminismo
Ese fue el contexto en el que muchas mujeres consiguieron tomar también el cuestionamiento abierto en sus manos: ellas eran las ayudantes, apoyadoras y servidoras de los héroes de aquellas gestas, y cumplían infatigables y eficaces con los cuidados domésticos y las tareas oficinescas que los campeones de la paz y la justicia no asumían.
Y ellas, que eran el reposo de los guerreros de la paz y la democracia, descubrieron que -contrariamente a lo que acontecía con ellos-, trabajaban jornadas múltiples aunque oscuras y sin prestigio (la de su trabajo asalariado, la de la atención a las obligaciones hogareñas y maternas, y la de su militancia). Al ponerle nombre a las experiencias que analizaban, conformaron los primeros grupos feministas contemporáneos, caracterizados por inscribirse como parte de la construcción de la equidad en el ejercicio de todos los derechos humanos. Pronto estos grupos se fueron haciendo visibles en todo el mundo. Las mujeres comenzaron así a tomar por asalto todos los espacios de la sociedad y de la historia en los que su presencia había sido anulada, ignorada, suprimida o simplemente ocultada.
“Las mujeres son los negros de la humanidad” cantarían años después Yoko Ono y John Lennon para describir la verdadera cara de las relaciones entre hombres y mujeres. Cuando escribieron su canción y compusieron su música, ya hacía tiempo que estaba abierto el camino de la democracia genérica, la democracia de la vida de todos los días.
El activismo por los derechos humanos de las mujeres se intensificó en los sesentas, pero el feminismo contemporáneo se inició en los primeros años de la posguerra. En 1950, Eleanor Roosevelt y algunas delegadas, sobre todo de países tercermundistas, lograron que la ONU transformara el término Derechos del Hombre (adoptado en 1789), por el de Derechos Humanos y así, incluyendo a las mujeres, hiciera suya la declaración respectiva. Obviamente, el feminismo contemporáneo tiene antecedentes en acontecimientos previos como las luchas de las sufragistas en todo el mundo y las reflexiones sobre la nueva moral sexual de Alejandra Kollontai, las propuestas jurídicas de Harriett Taylor Mill a mediados del siglo 19 en Inglaterra, las exigencias encabezadas por Olympe de Goujes (guillotinada cuando intentó incorporar a la revolución francesa lo que hoy llamamos feminismo), la Vindicación de los derechos de las mujeres, también del siglo 18, formulada en Inglaterra, por Mary Wollstonecraft, y en México el reclamo de las zacatecanas para ser tratadas como ciudadanas al promulgarse la Constitución de 1824.
El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (1949), es el libro precursor de todo lo que vendría después y hasta nuestros días. En él, por primera vez se constata que en ningún país del mundo las mujeres son tratadas igual que los hombres. “Las mujeres no nacen, llegan a serlo”, concluirá la filósofa tras un recorrido por el pasado y el presente, en cuyo examen destaca la distancia que hay entre lo fijado en la anatomía humana (el sexo) y lo construido en las relaciones humanas opresivas (lo que años después se llamaría género).
En una elaboración rigurosa con evidentes orientaciones libertarias, esta autora hace suyas, de manera profundamente crítica, las perspectivas del evolucionismo, del materialismo y del psicoanálisis, fundamentos de la revolución intelectual de la que el feminismo es parte indisoluble. Al construir de Beauvoir el primer discurso filosófico sobre las mujeres desde la óptica de las mujeres, muestra las falacias del determinismo biologista para el que todo está preestablecido por la naturaleza, los instintos y la anatomía; de la misma manera, discute con el materialismo clasista que no reconoció a las mujeres como sujetos de la historia, y exhibe las limitaciones del psicoanálisis cuya base es el postulado de que lo masculino es universal, paradigmático, referente único de lo humano, mientras que lo femenino es simple expresión de la carencia de lo masculino.
Muchas otras obras fueron escritas después de El segundo sexo, mientras las mujeres de todo el mundo emprendían las más diversas acciones encaminadas a construir su propia humanidad, su autonomía, su libertad, el desarrollo pleno de sus capacidades y su ciudadanía, limitadas, restringidas o de plano negadas durante milenios de dominación masculina. Así comenzaron a escribir su propia historia: una historia de la humanidad en femenino, en la que las mujeres son protagonistas de la cotidianidad de todas las culturas y en la que hay cosas más importantes que las gestas guerreras y las maniobras políticas y diplomáticas de paladines en pugna; de una historia más apegada a la vida de la gente y menos a la exaltación de los héroes de la violencia y el patriarcado.
Este concepto es fundamental para el feminismo. Define a la organización política, ideológica y jurídica de la sociedad cuyo paradigma es el hombre (los hombres, cada hombre), que se basa en el sexismo (la opresión o los privilegios según el sexo de las personas) y se expresa cotidianamente en el machismo, la misoginia y la homofobia.
El reconocimiento de la opresión genérica (ubicación de las mujeres en posición de dependencia, subordinación, inferioridad y exclusión) es el punto de partida de la metodología multidisciplinaria, a la vez filosófica, científica y ética, que ha desarrollado el feminismo durante el último medio siglo. Los resultados de esa metodología han conformado un marco de acciones políticas de alcances a la vez generales y muy concretos. Una de sus perspectivas es la de ampliar los terrenos ya abiertos para el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, abrir nuevos espacios, reformular los derechos vigentes y definir derechos hasta ahora no concebidos como tales.
Se trata del enunciado de un programa político de las más vastas proporciones, cuya meta es construir la equidad, la igualdad y la justicia en las relaciones entre mujeres y hombres, entre mujeres y entre hombres. Es decir, que propone y está llevando a cabo cambios sociales (destinados a transformarse en cambios jurídicos) que no tienen como mira exclusiva a las mujeres, sino una profunda transformación de las concepciones, las relaciones, las mentalidades, las prácticas, las costumbres, de todos los seres humanos.
Así pues, el feminismo se define hoy como una filosofía, una disciplina de conocimientos, una ética y una propuesta de transformación social sin precedentes en la historia.
¿Y los hombres?
Quienes han analizado la estructura y la dinámica de las relaciones de género, saben que en ellas no están involucradas sólo las mujeres, y que quienes han estudiado la condición y las situaciones de vida de ellas se han ocupado igualmente de la condición masculina y de las situaciones de vida de los hombres. Porque el género abarca todo lo referente a las relaciones sociales basadas en la diferencia sexual: relaciones de poder cuya característica esencial es el dominio masculino.
Si bien la mayoría de los textos sobre la masculinidad opresiva han sido escritos por mujeres, desde el siglo 17 se inician las contribuciones de algunos hombres. Poullain de la Barre, cura francés, se refirió entonces a la supuesta inferioridad de las mujeres como el indicador más eficaz y determinante para analizar a la sociedad (lo que, con palabras semejantes, diría también Marx doscientos años después). Los trabajos que hizo John Stuart Mill con su esposa Harriett Taylor a mediados del siglo 19, marcan otro hito en la reflexión acerca del papel de los hombres en la opresión genérica. Quizá el primero de los trabajos contemporáneos es La producción de grandes hombres.
En la revisión crítica sobre las características y las expresiones de las formas dominantes o hegemónicas de la masculinidad, se han enumerado las siguientes concepciones que conforman y reflejan la posición de los hombres en la opresión genérica:
· Los hombres y las mujeres son sustancialmente diferentes, los hombres son superiores a las mujeres, y los “hombres de verdad” lo son también a cualquier hombre que no se apegue a las normas aceptadas como ineludibles de la masculinidad dominante.
· Cualquier actividad, actitud o conducta identificada como femenina, degrada a los hombres que las asuman.
· Los hombres no deben sentir (o dado el caso, expresar) emociones que tengan la más mínima semejanza con sensibilidades o vulnerabilidades identificadas como femeninas.
· La capacidad y el deseo de dominar a los demás y de triunfar en cualquier competencia, son rasgos esenciales e ineludibles de la identidad de todos los hombres.
· La dureza es uno de los rasgos masculinos de mayor valor.
· Ser el sostén de su familia es central en la vida de cada hombre, y constituye un privilegio exclusivo de los hombres.
· La compañía masculina es preferible a la femenina, excepto en la relación sexual.
· Esta última es virtualmente la única vía masculina para acercarse a las mujeres, y permite tanto ejercer el poder como obtener placeres.
· La sexualidad de los “hombres de verdad” es un medio de demostrar la superioridad y el dominio sobre las mujeres y, al mismo tiempo, un recurso fundamental para competir con los demás hombres.
· En situaciones extremas, los hombres debemos matar a otros hombres o morir a manos de ellos, por lo que declinar hacerlo en caso necesario es cobarde y consecuentemente demuestra poca hombría y poca virilidad.
Estas concepciones fundamentan el machismo y la misoginia. Y también reflejan el profundo arraigo de las ideas básicas, tradicionales y pretendidamente incuestionables, en que cada ser humano se forma como sujeto de género (es decir, en que llega a ser mujer u hombre):
· Lo masculino es el eje central, el paradigma único, de lo humano: los hombres somos la medida de todas las cosas.
· Todos los hombres debemos ser jefes, y el orden de las relaciones sociales debe responder al imperativo de que lo seamos al menos de una manera.
· A los hombres pertenecen de manera inalienable, el protagonismo social e histórico, la organización y el mando, la inteligencia, el poder público y la violencia policiaca y castrense, las capacidades normativas, las reglas del pensamiento así como las de la enseñanza y la moral, la creatividad y el dominio, la conducción de los demás y las decisiones sobre las vidas propias y ajenas, la creación y el manejo de las instituciones, la medicina y la relación con las deidades, la definición de los ideales y de los proyectos. En una palabra, la vida pública, lo importante, lo trascendente, lo prestigioso.
De cada hombre se espera todo esto o, cuando menos, lo suficiente como para ser reconocido como hombre que no elude un imaginario destino natural o divino pero de cualquier manera ineludible. Sin olvidar que las mujeres reciben el mandato cultural de formar en la intimidad afectiva y cotidiana de los espacios domésticos y escolares hombres y mujeres patriarcales, no es necesario profundizar mucho para comprender el peso gigantesco que estas expectativas sociales y culturales hacen caer sobre los hombres, sobre cada hombre, como destino y proyecto vital irrevocable. A la realización de tales expectativas se asocian todos los privilegios imaginables para quienes somos portadores históricos de la opresión genérica. Y lo que de ello resulta es, en realidad, una enajenación que puede llegar a ser absoluta y en la que cada hombre debe renunciar a casi todas (o a todas) las gratificaciones vitales. Principalmente a las que pueden construirse al compartir con las mujeres y con otros hombres la construcción solidaria de vías hacia la equidad humana (la equivalencia de cada ser humano con todos los demás, la igualdad del valor de la vida, las ideas y las palabras de todos los seres humanos, la identidad de las posibilidades para todos y todas de adquirir los recursos para el desarrollo y el placer de la vida).
Estas últimas han sido, durante décadas si no es que durante siglos, las propuestas del feminismo, no sólo para las mujeres. Y en las últimas dos décadas, cada vez más hombres, en todas partes, vamos comprendiéndolo con nitidez creciente. Expresión de ello son los grupos de hombres, y hombres en lo individual, que día a día contribuyen en todos los planos a los cambios en las relaciones cotidianas, privadas y públicas, consuetudinarias y jurídicas, legales y constitucionales, entre hombres y mujeres.
Actualmente se habla de hombres no sexistas y antisexistas, calificativos con los que se mide el grado de su compromiso, sobre todo al apoyar las luchas de las mujeres contra la opresión genérica. Pero, aunque aún reducido, también es creciente el número de hombres que, desde su propia condición de género y desde sus propias experiencias vitales, se comprometen además en el análisis crítico de esa condición y de esas experiencias como punto de partida de la transformación de sus cotidianidades en la vida en pareja, en la cercanía con otros hombres y con las mujeres. Los hombres que analizan colectivamente la violencia masculina y buscan formas de contrarrestarla y de combatirla en sí mismos y de compartir sus hallazgos con otros hombres, son una indicación clara de los niveles alcanzados hoy por los hombres antisexistas.
Los horizontes más amplios de las indagaciones teóricas, sociológicas, psicológicas y antropológicas, permiten vislumbrar una ética masculina de nuevo tipo y la invención de nuevas propuestas políticas que hoy se construyen.
Se trata de lo que llamo la toma de posiciones feministas de los hombres críticos y libertarios. En otras épocas pensé que el feminismo sólo pudo emanar de las experiencias de las mujeres a través de los siglos y los milenios, y que los hombres -que no conocemos en carne propia lo que provoca las posiciones libertarias de las mujeres y que además encarnamos al patriarcado y a la opresión de género- sólo podríamos ser solidarios de las mujeres en lucha de algunas maneras Pero hoy conozco con mayor profundidad los esfuerzos intelectuales y políticos, afectivos y racionales, de cada vez más hombres en lucha consigo mismo y contra el mandato cultural del que se ha demostrado la falsedad de su supuesta inmutabilidad. Así he podido evidenciar las coincidencias de muchos de nosotros con las formulaciones, las aspiraciones y las expectativas fundamentales del feminismo. Y de esa manera he llegado a la convicción de que las propuestas filosóficas y políticas de éste se han ido construyendo también con las contribuciones de muchos hombres incómodos con nuestra condición de género y con las situaciones de vida que ella genera, y dispuestos a transformarlas más allá de las declaraciones de propósitos.
Hoy, por vías paralelas y equivalentes que se acercan cada día más y en muchos aspectos confluyen en una sola, con el feminismo se construyen la equidad y la justicia que en otros tiempos fueron ideales, utópicos y materialistas, de las pensadoras y los pensadores que además de comprender a las sociedades se propusieron transformarlas. Las acciones afirmativas, con las que se hacen aquí y ahora cambios concretos, son en gran medida resultantes de un feminismo incansable del que parten muchas mujeres y algunos hombres.
Tal vez éste sea uno de los signos que desde ahora hayan de caracterizar al siglo 21, inicio de lo que se llama ya el milenio feminista.
No es corto el sendero recorrido desde los años sesenta…
Daniel Cazés es Coordinador del Laboratorio sobre la Exploración de la Masculinidad , Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México. [email: danielcm@servidor.unam.mx ]
Wild women don’t get the blues
En contraposición a tantas canciones mitificando el amor romántico, el sufrir, el querer antes al otro que a una misma, que tanto colapsa nuestras radiofórmulas, las damas del blues cantaban mujeres fuertes, mujeres orgulloss que no se dejan torear y amores no ideales. Amén de ridiculizar el matrimonio.
Ida Cox, Wild women don’t get the blues.
I hear these women raving ’bout their monkey men
About their trifling husbands and their no good friends
These poor women sit around all day and moan
Wondering why their wandering papa’s don’t come home
But wild women don’t worry, wild women don’t have no blues
Now when you’ve got a man, don’t never be on the square
‘Cause if you do he’ll have a woman everywhere
I never was known to treat no one man right
I keep ‘em working hard both day and night
‘Cause wild women don’t worry, wild women don’t have their blues
I’ve got a disposition and a way of my own
When my man starts kicking I let him find another home
I get full of good liquor, walk the streets all night
Go home and put my man out if he don’t act right
Wild women don’t worry, wild women don’t have their blues
You never get nothing by being an angel child
You better change your ways and get real wild
I wanna tell you something, I wouldn’t tell you a lie
Wild women are the only kind that really get by
‘Cause wild women don’t worry, wild women don’t have their blues
Progreso lineal?
Hace unos meses parí esta reflexión que me publicaron en el Tierra y Libertad. A ver si gusta
enimos desde hace tiempo asistiendo al eterno debate sobre el progreso, en el cual se debaten posturas anti-desarrollistas, con las más tecnófilas, y otras que proponen “puntos intermedios”. Sin embargo, estas 3 posturas comparten algo entre sí: concebir el progreso como un fenómeno lineal. Puedes ir hacia adelante o hacia atrás. Pero no salirte de esa línea.
¿Qué sucedería si el Progres no fuese lineal? Jugando con conceptos matemáticos, ¿qué pasaría si fuera un plano? Imaginemos que en el eje de abscisas (eje x) tuviéramos el progreso: antidesarrollismo en el extremo de la izquierda, megamáquina hacia la derecha. Y todos esos infinitos “puntos intermedios”.
Pero hagamos un ejercicio de imaginación y pongamos en el eje de las ordenadas (eje y) la motivación de ese progreso. Actualmente nos movemos en una recta porque el valor de y nunca varía, siempre se mantiene en la motivación de “acumular riqueza en unas pocas manos”. Por eso, lo único que diferencia que nos movamos en el eje de las x, es que se acumule más o menos riqueza en esas manos.
Pero ¿y si el valor de y cambiase? ¿Y si el valor de y fuese satisfacer las necesidades humanas?. En ese “plano hipotético”, el Progreso habría caminado de forma distinta, el resultado hubiese sido muy diferente al actual. Quizá esto sea hablar del sexo de los ángeles, o quizá simplemente sea una reflexión acerca de si estamos mirando lo que realmente falla: el invariable eje en el que se mueve el Progreso. La motivación del mismo.
Todas las especies animales “progresan” en el sentido de que han evolucionado en su forma de satisfacer sus necesidades. En otros organismos sociales y con fenómenos de aprendizaje de individuos adultos a jóvenes, se puede observar que ha habido una evolución. Ha habido un progreso en su uso y aprovechamiento del medio. Salvando las distancias, en algunos casos incluso el uso de cierta tecnología. Pero además, es algo inherente a la naturaleza humana, al proceso de razonamiento.
No me gusta pensar que “el ser humano es el cáncer”, como si todos los seres humanos y comunidades humanas tuviesen la misma proporción de destrucción del planeta. O como si otras especies animales sean “de naturaleza más bondadosa”. Tampoco creo que el problema esté en nuestra capacidad de raciocinio, ni en nuestra habilidad para el uso y desarrollo de tecnología.
Creo, más bien, que no nos hemos estado fijando en ese punto. Y no hablo aquí de energías renovables, ni de motores de hidrógeno. Estoy hablando de otra perspectiva. De que el debate siempre se reduce a que “el progreso ha traído cosas buenas” y “también cosas malas” y ver si “compensan o no compensan unas con otras”, para lo cual hay de todos los gustos.
Pero quizá nos estábamos confundiendo de debate, y no viendo que el problema no es en sí esa capacidad creativa del ser humano. Sino que lo que debería generar toda esa capacidad fuera la satisfacción de necesidades. Y para ello, voy a citar a Max-Neef y su red de necesidades [1]:
Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad, Libertad.
Lo que varía es la forma de satisfacer estas necesidades. Los satisfactores pueden satisfacer varias necesidades de forma simultánea. Otros pueden satisfacer una pero inhibir la satisfacción de otras, por ejemplo. Existen varios fenómenos que pueden darse, y es ahí donde entra las otras formas de progreso, otras formas de tecnología. Aquellas que satisfagan las necesidades y no impidan la satisfacción de otras.
Un embalse puede satisfacer la subsistencia de un grupo, pero estará negándole muchas otras (Libertad, Identidad, …) al resto. Un Centro Comercial puede satisfacer el Ocio, pero inhibe la Identidad, la Libertad, la Participación, etcétera. Sin embargo, un huerto comunitario (que no deja de ser tecnología agrícola) satisface tanto la de Subsistencia, pero también el Entendimiento, el Afecto el Ocio, la Creación; y en muchos casos la Identidad, y al permitir mayor independencia para la alimentación, satisface en algún grado la Libertad.
Por resumir: quizá el debate no esté, pues, entre más progreso o menos progreso, sino qué es lo que motiva el mismo, qué es lo que satisface. Y dejo abierta la posibilidad de que no sea un fenómeno en 2 dimensiones, sino que existan más. Pero eso, mejor para otros cerebros más abstractos.
[1] Max-Neef, M. (1993). Desarrollo a escala humana. Conceptos, aplicaciones y reflexiones. Disponible en http://www.ugr.es/~fmunoz/documentos/Max-Neef_Desarrollo_a_escala_humana.pdf
Feminismos negros, post-coloniales, indígenas…
me chiva un compa de la apreición de este gran apartado en metiendoruido
http://metiendoruido.com/2013/02/el-otro-feminismo-indixs-y-negrxs-contra-el-patriarcado-compilado-de-textos-de-feminismo-no-occidental/
Respecto al artículo presentado por este medio titulado“La emergencia de un machismo-leninismo” Me surgió la inquietud por complementar el “argumento 2” donde se afirma que el “origen del feminismo, efectivamente, es burgués” agregando que a pesar de ello, “la extracción social de los precursores de un movimiento no determina exorablemente su carácter de clase en el futuro”. Lo cual me/nos hace reflexionar.
La mitificación del feminismo no es nueva, desde su origen se ha asociado como una ideología “para mujeres”, una ideología “anti hombres”, etc, pero hoy sacamos a colación un asqueroso mito, histórico por lo demás, el cual figura al feminismo como una ideología “burguesa”, invisibilizando los aportes de tantxs compañerxs, que desde diferentes puntos del globo, desde otra clase social y bajo distintas lógicas del pensamiento, han contribuido teórica y prácticamente, pensadorxs y/o activistas que hoy se hace necesario y urgente re-leer.
Es triste ver que en una tierra donde se producen tantos conflictos, tantas luchas y así mismo tanto conocimiento, saberes, debate y aprendizaje, sigamos rigiendo nuestras ideas por líneas de pensamiento totalmente ajenas a nuestra realidad histórica y social. Es por esto, que urge difundir “el otro” feminismo, el de abajo, no occidental, desde mujeres y hombres que no se reconocen desde una universalización de su sexo/género, sino que generan sus propias identidades en tanto sujetxs pertenecientes a una clase, género y raza.
Creo que lo fundamental, para comprender la aparente ausencia de lo que llamo “el otro” feminismo, es reconocer la importancia del violento proceso de colonización que vivieron – y viven- algunos pueblos de Latinoamérica y el mundo. La colonización no sólo abarcó/abarca el saqueo de recursos naturales o la imposición de una religión, el mestizaje forzado o la subordinación a una potencia mayor. La colonización también trajo consigo una “modernidad”, una “civilidad” que determina qué conocimiento es válido y cual no, lo que seguimos reproduciendo día tras día en nuestros espacios educativos, es decir, lenguajes, lógicas de pensamiento y categorías epistemológicas.
Según el sociólogo Aníbal Quijano*, la configuración cultural que impone la dominación europea establece nuevas relaciones intersubjetivas de dominación entre lo europeo y lo no-europeo, por lo que se confirma “la pretensión eurocéntrica de ser la exclusiva productora y protagonista de la modernidad, y de que toda modernización de poblaciones no-europeas es, por lo tanto, una europeización, es una pretensión etnocentrista” *
Es por esto, que existe una configuración hegemónica del conocimiento, respetando netamente su origen europeo, acallando las voces “incivilizadas”.
Ahora, ¿como se vincula esto con el feminismo? El mito de que el feminismo es “burgués” porque ha sido y sigue siendo pensado y /o practicado por mujeres “burguesas” es una mentira que se ha visto amparada, no solo por la academia y su producción colonialista del conocimiento, sino por nosotrxs, muchxs que aun no rompemos con el cerco hegemónico de las ideas, negando las que provienen de quienes subvierten el sistema diariamente, desde otros espacios y otras lógicas descolonizadas y anticapitalistas.
El sistema patriarcapitalista, mediante sus aparatos de normalización, han invisibilizado, desconocido y deslegitimado estas propuestas-ideas-reflexiones-acciones, y por ende, se comprende al feminismo como pensado sólo por mujer-europea-clase alta- y no por mujer-indígena-clase baja. Por lo tanto hoy no podemos seguir alimentando la ignorancia y este pequeño escrito es una invitación a conocer, leer, discutir, abrazar, compartir, dialogar, las propuestas de compañerxs quienes desde sus distintas voces, posiciones sociales, raciales y culturales, han dicho basta a un sistema de dominación que aun persiste y pareciera que cada día se fortalece más, y que solo está en nosotrxs destruirlo.
Por lo que a continuación se adjuntan diferentes enlaces que contienen interesantes lecturas, para ponerse al día con estas ideas.
A estudiar y a luchar!
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