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Complicidad, machismo y su jodida necesidad de evaluar en voz alta el físico femenino.

Posted by on 10 septiembre, 2014

Cuando era preadolescente, era lo que se viene llamando una ‘chicazo’. Tenía tan asumido que lo asociado a lo femenino era negativo, y que yo no quería perderme las cosas buenas de este mundo, que aceptaba buenamente que ‘mi liberación tenía que pasar por actuar como un tío’. En otras palabras: demostrar que podía ser como un tío. Afortunadamente, mi recorrido posterior en el feminismo me hizo darme cuenta de esa trampa androcéntrica y modificar mucho mi perspectiva en el asunto y recorrer un camino que me llevaba hacia una liberación bastante más auténtica que ese otro corsé que me había(n) impuesto.

Pero una de las cosas que más recuerdo de esa etapa era esa actitud cómplice con el universo masculino. No sé cuántas veces habré escuchado eso de ‘eres guay, eres como un colega más’. A mí eso me parecía estupendo, claro. Pero es mentira: soy mujer y he sido socializada como tal. Las exigencias sociales se me hacen como mujer, porque no deseo ni deseaba realmente convertirme en un hombre. Simplemente no perderme ‘lo bueno’, ni tener que conformarme con el reducido espacio y pronóstico de las vidas femeninas impuestas socialmente. Pero esto entre otras cosas me proporcionó la muchas veces dolorosa oportunidad de escuchar a los tíos y sus opiniones sobre las mujeres, cuando están en plena confianza. Y no es por nada, pero en general DAN ASCO.

Los chicos juegan desde pronto a evaluar el físico de las chicas, porque asumen, claro, que es su papel. Que las mujeres estamos en el mundo para ellos. La cosificación femenina, hablar sobre las tetas de una, el culo de la otra, o que una es fea pero se la follaban de espaldas. Mensajes claros de cánones de belleza imperantes. E incluso jugar a dr. Frankestein: crear la mujer ‘físicamente perfecta’ desmembrando y cogiendo partes del cuerpo de cada chica.

Y te aguantas las ganas del #notallmen. Las mujeres somos tratadas como mierda, no es como para que os sintáis ofendidos por no explicitar estupideces a cada rato. El problema que expongo es otro. Y es la complicidad de muchas que hemos sido o somos ‘la tía guay’, ‘la que es como un colega más’, ‘la que no te va a incomodar cuando comentes algo hiriente’. La que va a sonreír y te va a reír las malditas gracias. Y la necesidad de los tíos de poder expresar en voz alta su juicio sobre el aspecto, el cuerpo, el físico de las mujeres.

Pero el caso es que como a mí también me atraen sexualmente algunas mujeres (al igual que no me atraen todos los hombres, sino sólo algunos, vaya), parece que se abre la veda y más de un amigo siente esa imperiosa necesidad de compartir conmigo su valoración de los cuerpos de las mujeres que ve por ahí o existen en nuestro mundo. Muchos chicos que se autodenominan feministas siguen deseando mantener ese privilegio de la evaluación contínua y en voz alta de los cuerpos femeninos. Que si lo buena que está esta, que si esta otra qué trufa, etcétera. A mí esto me toca los huevarios, porque bastante tenemos las mujeres con recibir tropemil impactos diarios sobre una imagen de belleza inalcanzable, como para bajar a tomarte una cerveza y que te vuelvan a dejar claro cuál es el esteriotipo básico. Y no, mi deseo no es que ‘nosotras hagamos lo mismo’. Eso sí, cuando alguna lo hace, siempre hay alguno que te menciona ‘si eso no es ejercer una presión igual sobre el físico masculino’. Y mi primer instinto es estamparle un puñado de mierda en la cabeza. Qué sensibles de repente.

Yo, como ya sabéis quienes me conocéis, soy muy cómplice y amable con quien tengo que serlo, pero me convierto en cánida encabronada cuando tengo que dar la colleja pertinente. No, lo siento, no estoy ahí para que puedas compartir conmigo tus privilegios de macho. Y ni siquiera es porque mis gustos sobre chicas preciosas no vayan a coincidir con los tuyos. Es porque creo que el hecho de que tengáis esa ‘necesidad imperiosa’ de decir en voz alta ‘qué buena está ésta’y ‘joder vaya culo tiene esta otra’ sigue siendo un aprendizaje social de lo que es ser hombre en esta sociedad, y que implica la idea de que estamos ahí para vuestro juicio.
Y en serio, no es agradable, como mujer, saber que por la calle habrá otros tíos jugando a lo mismo con mi cuerpo. Así que lo siento (en realidad, no, es sólo una expresión), no soy ‘un colega más’. No te voy a reír la gracia, y no intentes convencerme con el truco de la complicidad. Tampoco me vendas la moto con tu currículum feminista ni que te has criado en una casa de todo mujeres. Has sido socializado como hombre y has aprendido que estamos ahí para tu disfrute estético. Y no. Estamos ahí para nosotras mismas.

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