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ya no quedan opresores

Posted by on 2 julio, 2014

Ya no quedan opresores

Sí, como lo leen, ya no quedan. Yo a veces creo verlos, pero debo tener problemas de percepción. O igual nadie los reconoce. O son algo muy lejano. Hay racismo, pero yo no soy racista (o más bien “yo no soy racista, pero”). Hay machismo, pero yo no soy machista. Mis amigos tampoco. Es algo que flota y que “sí, claro que existe”, pero de forma mágica, no nos toca. Es algo que sucede a otra gente. Yo con decir “no soy racista”, como con un chasquido de dedos, lo tengo incorporado ya en el genoma y todo. Y además, “tampoco hay que exagerar”.

Y lo que es sexista/racista, etc, es ofrecer programas destinados a identidades específicas, que dejen fuera explícitamente al varón blanco occidental. Por ejemplo, ofrecer créditos destinados exclusivamente a mujeres, eso “es sexista”. Da igual que a las mujeres los créditos “normales” (osea, lo que es la norma y que se asocia a lo masculino) le sean negadas en muchas más ocasiones que a los hombres (1). Que ellas no sean capaces de competir, en desigualdad de condiciones con el varón, es culpa suya y no se puede proponer ninguna medida que no las diluya en un “algo para todOs por igual”.

Y hay de a quien se le ocurra que haya una iniciativa específica de apoyo a inmigrantes, que vienen ex profeso a quitarnos las becas y las ayudas a quienes “estábamos aquí antes” (¿antes de qué? ¿de la colonización y el expolio?), y es “racista con nosotrOs”. O mencionar siquiera una propuesta enfocada a mejorar (ligeramente) la vida de las personas trans, que directamente “son raritas” y “lo suyo puede esperar” o incluso “es un capricho pequeño-burgués” y no entra dentro de “los problemas reales de la gente” (nótese que las personas trans no son “gente”).

Las iniciativas tienen que incluir a todOs. Todo debe diluirse en ese “todOs” que sirve para tapar otras identidades que no sean la normativa: varón, joven, blanco, heterosexual, sin diversidad funcional, porque él no es diverso, él es la norma. Son las necesidades de este las que marcan las de “todOs” (¿lo vais pillando?). Su salud es el patrón de salud (3). No es necesario un urbanismo con enfoque de género, ni una economía con enfoque de género, ni una antropología con enfoque de género, ni nada con enfoque de género. Tampoco con otros enfoques específicos. Eso “es discriminación”. No son necesarias políticas específicas para determinados grupos. La igualdad es que todo se diluya en ese todOs”. Los buenos gays son los que no tienen pluma y copian el modo de relacionarse tradicional hetero; las buenas mujeres son las que “son como un tío más”; la extranjería se le nota menos a quien “se integra” (que viene a decir no conservar absolutamente nada de su “atrasada cultura y costumbres”, faltaría más…pero usted vaya a Asia y exija un baño a la occidental, que quien tiene que “donde fueres haz lo que vieres” es “el otro”).

Nadie te va a confesar ser machista o racista, salvo los cuatro nazis y obispos de turno. Sugerirle a alguien que su comentario ha sido machista o racista, suele devenir en su protesta en forma de indignación por la incalculable ofensa a su honor (la ofensa de su comentario es una minucia que sólo escuece a irascibles, “exageradas y paranoicas”). Racista, machista, homófobo. Ahora son términos que se toman como insulto, están muy mal vistos socialmente.

Sin embargo no cuesta tanto que te reconozcan que “aún hay racismo” o machismo, u homofobia o lo que toque. Pero no nos afecta, “en mi entorno eso no pasa”, son cosas o de otros países y sociedades, otras ideologías, o de otras personas con las que no me relaciono. Somos incapaces de verlo a nuestro alrededor, no vaya a ser que se lo veamos a nuestro novio, a nuestra madre, a nuestra “no es mi novia”, a nuestros amigos, a mi compañera de curro, o al compañero del colectivo. Porque si lo vemos, se nos hace difícil sugerir que “eso que dices es racista”, “esa opinión es machista porque…”, ya que suele ser tomado como el peor de los insultos, en vez de como una oportunidad de recapacitar, de cambiar a mejor. Pero al actuar así nos estamos negando la posibilidad de construir una sociedad que de verdad incluya, en vez de tanto diluir, o incluso excluir.

Sólo conseguiremos avanzar cuando asumamos que no es un proceso automático. Yo no quiero ser machista, yo no quiero ser racista, no quiero ser transfóbica,… no quiero apoyar una estructura opresora. Pero voy a tener que hacer algo activamente para evitarlo. He mamado de una sociedad que es todas esas cosas, así que el único camino posible es ir descubriendo actitudes, comportamientos, pensamientos, comentarios, o chistes, que me han convertido en eso que no quiero ser, para deshacerme de ello. He atravesado momentos de enorme vergüenza y tristeza conmigo misma al darme cuenta de que tal o cual actitud, opinión, pensamiento, hundía claramente sus raíces en todos esos prejuicios. Pero eso es lo que me ha permitido evolucionar y derribar esas construcciones sociales en mi cabeza. Prefiero ese camino a negarme la posibilidad de convertirme en parte de la solución en vez de ser parte del problema. No consigo entender que eso sea exagerar.

1. Amaranta Herrero, Mariel Vilella (editora) 2009. Las mujeres alimentan el mundo. Ed. Entrepueblos.
2. Cualquier ejemplar de la revista Mujer y Salud. Disponible en http://www.matriz.net/#

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