Nos quiero ruidosas

No sé si os habéis dado cuenta, pero los códigos de buen comportamiento y estilo para las mujeres pasan por no hacerse notar: No debes reír muy fuerte, ni hablar muy alto, debes permanecer ocupando poco espacio, encogiendo los hombros, siendo lo más delgada posible (y sabes que siempre puedes serlo más…), cruzando las piernas y en general, “siendo discreta”. Para los hombres, es todo lo contrario, símbolo de fuerza y presencia.

Además de patriarcal, es tremendamente clasista, ya que si no cumples con todo esto se te tacha de “chabacana”, que viene a ser lo opuesto a “mujer con clase” (aunque en mi opinión, las desclasadas son ellas).

Hace poco he descubierto que para saber andar con tacones, por lo visto no basta con calzarte unos tacones, mantener el equilibrio y avanazar a un ritmo razonable. Además de todo eso, tienes que hacerlo “sin que suenen”, sin hacer ruido, que es lo glamouroso, la imagen de mujer elegante. Para lo cual, hay que practicar. ¿Alguien me explica en qué lógica cabe un calzado que claramente es más ruidoso y que la lógica social del buen gusto sea “saber andar sin que suene”? ¿Y quién hostias tiene tiempo para practicar eso? ¿Y a quién hostias le compensa perder tiempo en esa chorrada? Eccola! Las mujeres ricas.

Lo cual aúna perfectamente el machismo y el clasismo: los hombres ricos muestran su estatus a través de la posesión de mujeres bellas, jóvenes y “bien educadas”. Bien educadas no quiere decir agradecidas, amables, o que saben pedir disculpas cuando toca. Bien educada quiere decir que sabes qué tenedor va con cada tipo de plato, qué vino marina bien con qué comida, y, por supuesto, andar con un libro sobre la cabeza y que no se te caiga. Y andar con tacones sin hacer ruido. Mientras que a los hombres, de traje, con esos zapatos que parecen de bailar claqué, no se les pide ni exige socialmente que el saber estar sea “andar de puntillitas”, o “no hacer ruido al pasar”.

No es que sea muy amiga de los tacones, pero (muy) de vez en cuando me da por ahí, sobretodo si no sabes si te van a tirar del garito donde se celebra un cumpleaños te van a tirar por el calzado. Y tú vas ahí andando y te suelta el compañero “si quieres, te puedo enseñar a andar con tacones; tienes que ir como de puntillas y así evitar que suenen; es todo practicar un poco”. Mensaje recibido número uno: por lo visto, yo no sé andar con tacones. Mensaje recibido número dos, por lo visto este jambo pretende que pierda tiempo de mi vida en esta idiotez de aprender a andar de forma aún más incómoda; Mensaje recibido número tres, ya, ya sé, que son cosas que por mucho que se lo curren y se trabajen el feminismo, acaban sacando esa imperiosa necesidad de enseñarte cosas, que encima ellos no utilizan, para que seas agradable a unos estándares sin jodida lógica ninguna, más que el ponerlo todo más difícil y despistarnos con tonterías, inventados por su género.

Pocas cosas hay que me gusten de los tacones, aunque me parece perfecto que las mujeres lleven lo que les de la gana y no por eso sean tratadas más o menos en serio. Pero una de esas cosas que me gustan de ellos es que suenen. ¿Que parezco el quinto de caballería? ¡Qué más quisiera el quinto de caballería dar la guerra que pienso dar yo! Y es que adoro el ruido de las mujeres. Oír las risas femeninas, oír sus voces opinando en asamblea, y sí, oír sus pasos cuando caminan.

No quiero que perdáis tiempo en aprender a que no suenen. No quiero que perdáis tiempo en hablar bajito, o en reíros suavemente. No quiero que seáis discretas. No quiero que perdáis tiempo en chorradas. Quiero que nuestros pasos suenen, quiero que sonemos. Quiero que sientan nuestra presencia. Quiero que hagamos ruido. Y quiero que al quinto de caballería se le compare con las mujeres cuando andan por la calle, porque van pisando fuerte y porque se hacen notar.

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Flaco favor

Imaginemos el caso de un hombre que tiene un accidente y choca su coche, pero por líos del seguro, va y denuncia que se lo han robao y luego se demuestra que no era así. Esto queda como algo anecdótico, aaay que pilluelo. Seguro que si es una mujer, esto serviría como demostración de lo que nos gusta denunciar falsamente a las mujeres. Qué hago yo con mi tiempo libre? me lo paso abortando y poniendo denuncias falsas, del delito que sea: violación, malos tratos, … lo importante es que disfruto, y si puede ser jodiéndole la vida a algún tío, claro, puestas a denunciar.

Una chavala se encuentra llorando en la calle tras la feria de Málaga. No es que haya ido a sangre fría a comisaría con todo su rollo ahí montao, sino que se la encuentran tirá y llorando y le hacen exploraciones y tiene desgarros. Y además unos tipos la han grabado y como poco, están humillándola con la posibilidad de atentar contra su libertad sexual. Pero aquí lo importante es que 5 cabrones no se coman una denuncia de violación si no fue realmente violación. Lo importante es que a los machotes “no les jodan así la vida”. Yo no sé por qué resulta peor la violación que humillar y atentar contra la libertad sexual de una mujer, en ese caso, me la suda el delito,estos son unos cabrones y algo hay que hacer con ellos y no ir a aplaudirles a las salidas del juzgado, que bien lo que se dice bien no se han portado.

Pero lo fundamental no es el riesgo de agresión sexual, lo fácil que es joderle la vida sexualmente a una chavala, amenazarla con publicar sus fotos, etc. Ni siquiera es que oye, y si publican las fotos de una mujer teniendo sexo, por qué es horrible para ella y no para el hombre?? no no, la clave aquí es que los machos corren el tremendo riesgo de ser denunciados falsamente.

Todos a una, os corre por al espalda ese falso miedo a “ser denunciados falsamente”. Qué terror… nosotras toda la vida sufriendo el miedo a ser asesinadas, agredidas, violentadas, insultadas, humilladas… pero lo importante es ese 0,005% de denuncias falsas (de malos tratos, por cierto, denuncias falsas por violación desconozco el dato, pero juraría que son aún menos). Lo importante es que es injustísimo que alguno de vuestros colegas una vez le amenazó la Mari, que es una cabrona manipuladora, con denunciarle y hacerle pasar la noche en calabozos.

De las 70 muertas al año, no falsamente, de las 1.160 violaciones anuales, de todo esto, como estamos más acostumbraditxs, de las nosecuantas que habrá de violaciones de la intimidad sexual, publicando fotos íntimas, etcétera, parece que ni fú ni fá. Lo importante es defender a capa y espada que “no no, si no es violación, muy mal muy mal porque flaco favor le hacen al resto de mujeres violadas”.

Flaco favor al resto de mujeres nos hacen los tíos que nos violan, los que después de sexo consentido abusan de nuestra confianza y nos amenazan con la humillación de publicar nuestras fotos. Flaco favor sois los machos que os centráis en eso. Que una chica llore en una acera y a la que viene la policía a preguntar ella intente joderle la vida a esos cabrones, que le han dejao a ella la vida muy jodida, y lo haga como se le ocurra en ese momento, a mí no me parece tan terrible…

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Complicidad, machismo y su jodida necesidad de evaluar en voz alta el físico femenino.

Cuando era preadolescente, era lo que se viene llamando una ‘chicazo’. Tenía tan asumido que lo asociado a lo femenino era negativo, y que yo no quería perderme las cosas buenas de este mundo, que aceptaba buenamente que ‘mi liberación tenía que pasar por actuar como un tío’. En otras palabras: demostrar que podía ser como un tío. Afortunadamente, mi recorrido posterior en el feminismo me hizo darme cuenta de esa trampa androcéntrica y modificar mucho mi perspectiva en el asunto y recorrer un camino que me llevaba hacia una liberación bastante más auténtica que ese otro corsé que me había(n) impuesto.

Pero una de las cosas que más recuerdo de esa etapa era esa actitud cómplice con el universo masculino. No sé cuántas veces habré escuchado eso de ‘eres guay, eres como un colega más’. A mí eso me parecía estupendo, claro. Pero es mentira: soy mujer y he sido socializada como tal. Las exigencias sociales se me hacen como mujer, porque no deseo ni deseaba realmente convertirme en un hombre. Simplemente no perderme ‘lo bueno’, ni tener que conformarme con el reducido espacio y pronóstico de las vidas femeninas impuestas socialmente. Pero esto entre otras cosas me proporcionó la muchas veces dolorosa oportunidad de escuchar a los tíos y sus opiniones sobre las mujeres, cuando están en plena confianza. Y no es por nada, pero en general DAN ASCO.

Los chicos juegan desde pronto a evaluar el físico de las chicas, porque asumen, claro, que es su papel. Que las mujeres estamos en el mundo para ellos. La cosificación femenina, hablar sobre las tetas de una, el culo de la otra, o que una es fea pero se la follaban de espaldas. Mensajes claros de cánones de belleza imperantes. E incluso jugar a dr. Frankestein: crear la mujer ‘físicamente perfecta’ desmembrando y cogiendo partes del cuerpo de cada chica.

Y te aguantas las ganas del #notallmen. Las mujeres somos tratadas como mierda, no es como para que os sintáis ofendidos por no explicitar estupideces a cada rato. El problema que expongo es otro. Y es la complicidad de muchas que hemos sido o somos ‘la tía guay’, ‘la que es como un colega más’, ‘la que no te va a incomodar cuando comentes algo hiriente’. La que va a sonreír y te va a reír las malditas gracias. Y la necesidad de los tíos de poder expresar en voz alta su juicio sobre el aspecto, el cuerpo, el físico de las mujeres.

Pero el caso es que como a mí también me atraen sexualmente algunas mujeres (al igual que no me atraen todos los hombres, sino sólo algunos, vaya), parece que se abre la veda y más de un amigo siente esa imperiosa necesidad de compartir conmigo su valoración de los cuerpos de las mujeres que ve por ahí o existen en nuestro mundo. Muchos chicos que se autodenominan feministas siguen deseando mantener ese privilegio de la evaluación contínua y en voz alta de los cuerpos femeninos. Que si lo buena que está esta, que si esta otra qué trufa, etcétera. A mí esto me toca los huevarios, porque bastante tenemos las mujeres con recibir tropemil impactos diarios sobre una imagen de belleza inalcanzable, como para bajar a tomarte una cerveza y que te vuelvan a dejar claro cuál es el esteriotipo básico. Y no, mi deseo no es que ‘nosotras hagamos lo mismo’. Eso sí, cuando alguna lo hace, siempre hay alguno que te menciona ‘si eso no es ejercer una presión igual sobre el físico masculino’. Y mi primer instinto es estamparle un puñado de mierda en la cabeza. Qué sensibles de repente.

Yo, como ya sabéis quienes me conocéis, soy muy cómplice y amable con quien tengo que serlo, pero me convierto en cánida encabronada cuando tengo que dar la colleja pertinente. No, lo siento, no estoy ahí para que puedas compartir conmigo tus privilegios de macho. Y ni siquiera es porque mis gustos sobre chicas preciosas no vayan a coincidir con los tuyos. Es porque creo que el hecho de que tengáis esa ‘necesidad imperiosa’ de decir en voz alta ‘qué buena está ésta’y ‘joder vaya culo tiene esta otra’ sigue siendo un aprendizaje social de lo que es ser hombre en esta sociedad, y que implica la idea de que estamos ahí para vuestro juicio.
Y en serio, no es agradable, como mujer, saber que por la calle habrá otros tíos jugando a lo mismo con mi cuerpo. Así que lo siento (en realidad, no, es sólo una expresión), no soy ‘un colega más’. No te voy a reír la gracia, y no intentes convencerme con el truco de la complicidad. Tampoco me vendas la moto con tu currículum feminista ni que te has criado en una casa de todo mujeres. Has sido socializado como hombre y has aprendido que estamos ahí para tu disfrute estético. Y no. Estamos ahí para nosotras mismas.

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Hombres feministas y cánones de belleza femenina

Pues estaba yo un día viendo una peli con un amigo, la de Lobo de Wall Street. En sí la película transmite perfectamente un mundo puramente androcéntrico y desde luego no pasa ni de coña ningún test que indique ni ligeramente que transmita valores de equidad de género. Las mujeres que salen, están para ser folladas y estar muy buenas, que no os olvidéis que es nuestra misión en la vida. y eso lo sabes desde antes de darle al play. Te vas a encabronar porque no es que tengas gafas violeta, sino que llevas implantes en la retina. Pero te preparas para ver otras cosas interesantes que pueda transmitir la peli.

Aunque vayas preparada, al igual que lo que nos pasa a ese 85% de mujeres que se sienten peor con su cuerpo y su autoimagen tras ojear 10 minutos de la típica revista Cosmo, tras el despliegue de chicas con piernas kilometricas senos turgentes, vientre plano y silueta de revista, te sientes como más fea y más gorda y menos sexy de lo que te sentías esa misma mañana.

Vale, no pasa nada, una activa su mecanismo de defensa, y empiezas a reflexionar que además de que hay muy pocas mujeres en el mundo con ese arquetipo, son mujeres con un peso muy inferior a la media e incluso a lo que se considera saludable, que viven para eso, y que además lo que estás viendo no son mujeres reales porque están retocadas por photoshop, que tú no tienes que parecerte a eso y que eres rebonica y que no te sientas mal con tu cuerpo, etcetera. Y estás en este conjunto de pensamientos cuando tu compañero de sofá no puede evitar soltar un grito de macho babuíno: ‘JODER QUÉ BUENA QUE ESTÁ’.

Y yo igual soy muy quisquillosa, pero me sentó jodidamente mal. Un tío que me ha mostrado en muchas otras ocasiones su compromiso con el feminismo y acaba de convertirse en un mono de culo rojo. Además de sufrir un cortocircuito, sentí cierta decepción y sin embargo no reaccioné en ese momento. Os sonará lo de “no querer contrariar’, verdad queridas? Me jodió también, todo hay que decirlo, debido a la atracción que yo sentía por este chico. Y ahí que mi mecanismo de defensa se quedó averiado un rato. Vaya, que menuda chafada…estos son los cuerpos que le gustan? Porque ese es el mensaje que me acabas de lanzar, querido.

Y esta anécdota, que puede parecer insulsa, a mí me sirve para reflexionar sobre algo más amplio. Me sorprende bastante que muchos hombres que se autodenominan feministas rechacen de plano el replantearse sus gustos estéticos. Y además, que se vean en la imperiosa necesidad de anunciarlos públicamente, pero esto es para otro artículo. Que naturalicen (como si el concepto de belleza y su relación con la salud no fuera un invento reciente y en realidad lo que expresa es belleza y clase) o vean normal que les gusten las modelos de lencería prototípicos, aunque ‘las chicas de Dove también están muy bien’, pero no nos engañemos, las que están más arriba en la jerarquía estética, son del tipo Victoria Secret. O eso veo, eso escucho, eso leo y eso me justifican. Sin plantearse si esos gustos, ese concebir ‘la que está buena es esta, y de ahí ‘para abajo’ me las follo alegremente, pero el premio gordo sería la supermodelo’, le vienen dados desde fuera.

Y a mí esa especie de construcción jerárquica me parece deleznable. A mí, que también me siento atraída por chicas, no me atraen ese tipo de mujeres. Y no porque caiga en el juego eterno de que ‘las guapas tienen que ser tontas’. No, no. Ni arpías, bordes, creídas, etcétera. Es simplemente que me gusta darme la oportunidad de elaborar mis propios gustos y me gustan más otras chicas y lo que para mí es ser guapa, o ‘estar buenísima’. Y puedo ser igual de superficial en mi juicio, hablo meramente de atracción física ahora mismo. Algo que por supuesto se modifica con la atracción emocional o intelectual que una persona te produce

Será porque cuando veo los anuncios, tengo activado mi visor de ‘photoshop, esto no es real, y qué demonios, daría igual que lo fuera porque no tendrías por qué convertirte en eso’. Y pienso en chicas que viven a dieta, con todo su tiempo para dedicarlo a eso, que normalmente tienen un IMC por debajo del saludable, y que encima han sido maquilladas a lo bestia, con una iluminación determinada, y retocadas después por ordenador. Será que a través de eso he desarrollado el gusto por otros arquetipos, precisamente por rechazo al daño que a mí misma y a tantas amigas nos ha provocado este estúpido y esclavizante mito de la belleza. Y sobre la obsesión por adelgazar y vomitar o matarse de hambre que no se confiesan, sopena de ser tratada como una superficial sólo centrada en el físico, tengo que escribir también otro día.

Tampoco me gustan los modelos de anuncio de calzoncillos. También se me enciende la alarma del photoshop, o de que tiempo de más que se pasa en el gimnasio, tiempo que le quitas a otras partes de la vida, entre ellas una visita a la biblioteca. Aunque también sea cierto que ‘estar cachas’ no es sinónimo de lerdo sin sustancia. Ok. Pero no puedo ni quiero evitarlo, me ponen más otros cuerpos.

Me he replanteado a lo largo de mi vida qué es lo que me bombardea cotidianamente la publicidad y si realmente esos son los cuerpos que yo deseo o si voy a condicionar mis gustos a lo que me venda una maldita tele. Y la verdad es que no. He follado con una amplia variedad de cuerpos y rostros muy diversos, y mi conclusión es que no tengo yo esas tentaciones de tener a modelos de Calvin Klein en la cama (o el coche, o el parque, o donde sea). Aunque alguna vez haya bromeado con ‘bomberos en lucha’. Los cuerpos que en general me gusta lamer, besar, acariciar o arañar o los tíos en los que pienso cuando me masturbo, no saldrían en ninguna portada…eso que se pierden sus lectorxs. Y me siento muy a gusto por verme (o haberme) liberada de ese tipo de jerarquías físicas.

Ya sabéis, existe cierta especie de ‘yo te quiero como eres, aunque ya si fueras tú pero en este cuerpo de anuncio, molaría que te cagas’. O si estuvieras más cachas/buenorra. Mmhno. Y no es si quiera ese ‘acepto’ tu cuerpo ‘porque te quiero’. No. Sino mas bien: ‘Es que me pones mucho, y es tu cuerpo, y es tu postura, y es tu actitud, y tu lenguaje corporal, y tu jodida sonrisa, y la mirada, y la forma de andar, o de coger las cosas, o de escribir, o de apartarte el pelo. Y eso es incluso al margen de que me parezcas interesante o inteligente. Todo eso es físico también, e igual de superficial quizás. Porque no significa que todas las personas que me caen bien, que me parecen inteligentes, de vida apasionante, cerebros a absorber, me las quiera follar. Ni lo contrario, que no me despierte deseo sexual una persona que no conozco de nada. Sí, no soy tan marciana, sigo juzgando por el físico mi primera atracción sexual, aunque esta pueda cambiar, para bien o para mal, una vez que intercambiamos palabras.

Simplemente sucede que me niego, y me está saliendo muy bien, a que me impongan con su maldito bombardeo mediático hasta los cuerpos que tienen que hacerme lubricar. Que quien te tiene que parecer guapo es este futbolista, este actor y este modelo. Y que digan lo que digan, nos gustan los tíos así y las tías asá. Y que en realidad lo más que hacemos es conformarnos, con nuestros propios cuerpos o con los de nuestrxs compañerxs sexuales. Conformarme yo? No, no, yo disfruto y aspiro a lo que más me provoca atracción, deseo, placer. Cómo? que es el mercado quien va a marcar mis gustos en eso?? Nanaina, que no!!

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Cuando nos acusan de sexismo al denunciar el sexismo.

Intento no pedirle peras al olmo. Procuro ir por la vida asumiendo que la gente no ha estudiado lógica ni sabe de falacias argumentales… Hay quien me insiste en que asuma que la gente no piensa, pero tengo como una jodida vena filantrópica que me impide darlo todo por perdido.

El caso es que me apetece dejar claros unos puntos básicos:

-No veo grandes diferencias “naturales” entre hombres y mujeres que definan sus capacidades, tanto intelectuales y sociales como incluso físicas, al menos en lo que a buena parte de las actividades se refiere. Además, concibo que las oportunidades deben ser las mismas, entendidas estas como oportunidad de autorealización de cada persona, según su propio criterio y dirección. Así que por eso digo “hombres y mujeres somos iguales” (perdón por el binarismo, y dejo caer que existen más posibilidades y que además, también son y deben ser iguales) .

- Sin embargo, vivimos en una sociedad que marca enormes desigualdades entre hombres y mujeres. Esta situación de desigualdad hace que la situación de partida de unos y otras sea muy diferente, y por ello en ocasiones harán falta medidas correctoras, si es que deseamos alcanzar una igualdad real. Y para que se entienda mejor, haré uso de una explicación matemática:

Si tenemos 3 y 8, la diferencia es de 8-3= 5.
Si a 3 y a 8 les sumamos 7, tenemos 3+7=10 y 8+7=15.
Les hemos “tratado igual”, pero como vemos, la diferencia entre ambos permanece: 15-10=5.
Por lo tanto, la forma de corregir esto, sería sumando más al 3 que al 8, por ejemplo: 3+7=10 , 8+2=10.

- Cuando acusamos que las mujeres sufren ciertas situaciones, o mencionamos que los hombres actúan de determinada manera, generalizamos, sí. Porque hay diferencias estadísticas notables, que son las que nos indican que existe una desigualdad. Existen casos particulares, pero si estudias un poco de estadística, sabrás que el comportamiento de tu prima Paqui, super mandona con su novio Juan, no influye en los resultados. Cuando decimos que los hombres suelen copar el turno de palabra en asambleas, por ejemplo, no quiere decir que lo lleven en el cromosoma Y, y nosotras, pobres idiotas, en la repetición del X el dejarnos pisotear en la asamblea. Pero como nos construímos socialmente según el género, pues es más habitual que una mujer sea callada y con voz bajita y suave y un hombre más charlatán y con voz potente y tal. Lo que hemos aprendido. Eso no quiere decir que no pueda haber casos de lo contrario, yo misma hablo alto cuando quiero que se me oiga. Si al mencionar esta situación desigual, sexista, le das la vuelta y me acusas de “sexismo”: estás suponiendo que los hombres esto y lo otro, yo creo en la igualdad, no creo que haya que tratar diferente a las personas, ñañañaña… pues considero que o bien eres idiota o que usas estratagemas para mantener las cosas como están.

-Sobre la Diferencia. Existen ciertas cosas que nos hacen diferentes y conviene tenerlo en cuenta, porque sino, caemos en un modelo androcéntrico, en el que asumimos que todo ser humano debe medirse en base al varón blanco sano occidental de mediana edad. Y como ejemplo, mentaré el de los fármacos: Los fármacos se diseñan y se prueban en varones. El resultado de esto es que las mujeres padecemos más efectos secundarios, la sintomatología de varias enfermedades no es exactamente la misma en muchos ejemplos, etc. Hace muy poco tiempo que ha empezado a cambiar algo la cosa, por lo que los efectos a largo plazo aún no se conocen. Los contaminantes también nos afectan de forma especial, por distribución y proporción de grasa corporal y elementos liposolubles, y un largo etcétera. Esto, claro, repercute en la salud de las mujeres. Tener en cuenta Diferencias y hacer ciertos ensayos con sesgo de género (los que no tienen apellidos también lo son, son sesgados en el hombre, pero como no llevan apellido porque se asume, no nos enteramos), no es lo contrario a un trato igualitario. Lo contrario al trato igualitario es la desigualdad, no tener en cuenta las diferencias, precisamente para atender a esa igualdad de oportunidades, como es la salud. Yo tengo derecho a una vida saludable tanto como el maromo que se me sienta al lao en la sala de espera. Si para eso tienen que tener en cuenta que tengo útero y determinados ciclos hormonales, no veo que eso signifique que vayan a tratar peor al chico, la verdad.

-Cuando al mencionar actitudes sexistas, desiguales, etc, nos venís con la igualdad, como si esta ya fuera una realidad, como si viviéramos ya en el paraíso de la igualdad de género (y de razas, y sin clases sociales, y sin homofobias,… ya puestas a pedir!!), siempre me viene a la cabeza lo mismo: Si yo quiero ir a Valencia, mejor que asuma que NO estoy en Valencia y que tengo que hacer una serie de acciones que me lleven a Valencia: coger el metro para ir a la estación de autobuses, comprar billete de autobús, montarme en el autobús… Si quiero ir a Valencia y lo que hago es “jugar a que ya estoy en Valencia”, pues nada, padeceré un divertido desorden mental que no me lleva a ninguna parte, y mucho menos a Valencia. Pero tan ricamente, oye. Así que lo siento (en realidad no, es sólo una expresión), pero una parte fundamental del camino a la Igualdad es asumir que VIVIMOS TODAVÍA EN LA DESIGUALDAD, para tomar una serie de medidas que nos encaminen a la Igualdad.

Y resumiendo, queridas, queridos, querides:
No hay mayor esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.

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ya no quedan opresores

Ya no quedan opresores

Sí, como lo leen, ya no quedan. Yo a veces creo verlos, pero debo tener problemas de percepción. O igual nadie los reconoce. O son algo muy lejano. Hay racismo, pero yo no soy racista (o más bien “yo no soy racista, pero”). Hay machismo, pero yo no soy machista. Mis amigos tampoco. Es algo que flota y que “sí, claro que existe”, pero de forma mágica, no nos toca. Es algo que sucede a otra gente. Yo con decir “no soy racista”, como con un chasquido de dedos, lo tengo incorporado ya en el genoma y todo. Y además, “tampoco hay que exagerar”.

Y lo que es sexista/racista, etc, es ofrecer programas destinados a identidades específicas, que dejen fuera explícitamente al varón blanco occidental. Por ejemplo, ofrecer créditos destinados exclusivamente a mujeres, eso “es sexista”. Da igual que a las mujeres los créditos “normales” (osea, lo que es la norma y que se asocia a lo masculino) le sean negadas en muchas más ocasiones que a los hombres (1). Que ellas no sean capaces de competir, en desigualdad de condiciones con el varón, es culpa suya y no se puede proponer ninguna medida que no las diluya en un “algo para todOs por igual”.

Y hay de a quien se le ocurra que haya una iniciativa específica de apoyo a inmigrantes, que vienen ex profeso a quitarnos las becas y las ayudas a quienes “estábamos aquí antes” (¿antes de qué? ¿de la colonización y el expolio?), y es “racista con nosotrOs”. O mencionar siquiera una propuesta enfocada a mejorar (ligeramente) la vida de las personas trans, que directamente “son raritas” y “lo suyo puede esperar” o incluso “es un capricho pequeño-burgués” y no entra dentro de “los problemas reales de la gente” (nótese que las personas trans no son “gente”).

Las iniciativas tienen que incluir a todOs. Todo debe diluirse en ese “todOs” que sirve para tapar otras identidades que no sean la normativa: varón, joven, blanco, heterosexual, sin diversidad funcional, porque él no es diverso, él es la norma. Son las necesidades de este las que marcan las de “todOs” (¿lo vais pillando?). Su salud es el patrón de salud (3). No es necesario un urbanismo con enfoque de género, ni una economía con enfoque de género, ni una antropología con enfoque de género, ni nada con enfoque de género. Tampoco con otros enfoques específicos. Eso “es discriminación”. No son necesarias políticas específicas para determinados grupos. La igualdad es que todo se diluya en ese todOs”. Los buenos gays son los que no tienen pluma y copian el modo de relacionarse tradicional hetero; las buenas mujeres son las que “son como un tío más”; la extranjería se le nota menos a quien “se integra” (que viene a decir no conservar absolutamente nada de su “atrasada cultura y costumbres”, faltaría más…pero usted vaya a Asia y exija un baño a la occidental, que quien tiene que “donde fueres haz lo que vieres” es “el otro”).

Nadie te va a confesar ser machista o racista, salvo los cuatro nazis y obispos de turno. Sugerirle a alguien que su comentario ha sido machista o racista, suele devenir en su protesta en forma de indignación por la incalculable ofensa a su honor (la ofensa de su comentario es una minucia que sólo escuece a irascibles, “exageradas y paranoicas”). Racista, machista, homófobo. Ahora son términos que se toman como insulto, están muy mal vistos socialmente.

Sin embargo no cuesta tanto que te reconozcan que “aún hay racismo” o machismo, u homofobia o lo que toque. Pero no nos afecta, “en mi entorno eso no pasa”, son cosas o de otros países y sociedades, otras ideologías, o de otras personas con las que no me relaciono. Somos incapaces de verlo a nuestro alrededor, no vaya a ser que se lo veamos a nuestro novio, a nuestra madre, a nuestra “no es mi novia”, a nuestros amigos, a mi compañera de curro, o al compañero del colectivo. Porque si lo vemos, se nos hace difícil sugerir que “eso que dices es racista”, “esa opinión es machista porque…”, ya que suele ser tomado como el peor de los insultos, en vez de como una oportunidad de recapacitar, de cambiar a mejor. Pero al actuar así nos estamos negando la posibilidad de construir una sociedad que de verdad incluya, en vez de tanto diluir, o incluso excluir.

Sólo conseguiremos avanzar cuando asumamos que no es un proceso automático. Yo no quiero ser machista, yo no quiero ser racista, no quiero ser transfóbica,… no quiero apoyar una estructura opresora. Pero voy a tener que hacer algo activamente para evitarlo. He mamado de una sociedad que es todas esas cosas, así que el único camino posible es ir descubriendo actitudes, comportamientos, pensamientos, comentarios, o chistes, que me han convertido en eso que no quiero ser, para deshacerme de ello. He atravesado momentos de enorme vergüenza y tristeza conmigo misma al darme cuenta de que tal o cual actitud, opinión, pensamiento, hundía claramente sus raíces en todos esos prejuicios. Pero eso es lo que me ha permitido evolucionar y derribar esas construcciones sociales en mi cabeza. Prefiero ese camino a negarme la posibilidad de convertirme en parte de la solución en vez de ser parte del problema. No consigo entender que eso sea exagerar.

1. Amaranta Herrero, Mariel Vilella (editora) 2009. Las mujeres alimentan el mundo. Ed. Entrepueblos.
2. Cualquier ejemplar de la revista Mujer y Salud. Disponible en http://www.matriz.net/#

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Poema de chicos sin muñecas

Quizá es que te faltó una muñeca en tu niñez.
Quizá si no te hubieran limitado,
y hubieras tenido tu regalo,
habrías podido disfrutar
de cambiarle la ropita y el peinado

Quizá así dejarías
de decidir por tu novia
el vestido adecuado,
la longitud del pelo deseado
que tenga el coño rasurado.

Quizá no sea tarde,
Y puedas comprar una muñeca,
Ponerle vestiditos, hacerle peinaditos!
Modelarla a tu gusto!!
hasta ponerle pecas!

Y,en fin,
…dejarnos a las tías en paz.

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Feminismo de clase

Es cierto que la mención del feminismo de clase es utilizada muchas veces por machirulos de izquierda para restar importancia o poner límites a nuestra denuncia a las opresiones de género. Es habitual que un hombre al decir la frase “feminismo sí, pero de clase”, lo que realmente quiera decir es “yo decido por ti qué es feminismo de clase y qué no”, y eso es importante tenerlo en cuenta. Pero a mí no me da la gana por ello renunciar al concepto feminismo de clase, y la mera idea me parece una barbaridad. Peor aún me parece mentar que eso “lo que hace es dividir el movimiento feminista”, porque me recuerda enormemente al chantaje emocional de nuestros compañeros de movimientos sociales. Porque es el mismo: “lo que haces es dividirnos”. Bueno, pues ya multiplicaremos en argumentos, ganas y luchas.

Los feminismos necesitan apellidos, porque los tienen. Porque cuando no tiene apellidos suele pasar que es “blanco occidental de clase media”. Porque hay feminismo negro, y hay feminismo obrero, feminismo marxista y anarcofeminismo, y porque todos ellos y muchos más entran dentro de una perspectiva enriquecedora para el mundo que es el feminismo de clase. Y porque no es lo mismo el Feminismo Liberal de NOW en E.E.U.U. que Mujeres Libres. ¿Sororidad con cualquiera? La unidad puede hacerse de varias formas; se puede hacer bien o se puede hacer mal. La verdadera unidad no requiere una fusión que diluya los matices dentro de una corriente dominante que vuelva a esta homogénea, sino aceptar y respetar la autonomía de perspectiva y acción, como ya mencionaban Mujeres Libres [1]. Y necesito apellidos para saber de dónde viene cada cual.

Cuidado, porque no podemos olvidar que la principal fidelidad que existe en las clases altas es…la fidelidad de clase [2]. Salvo honrosas excepciones, pueden dejar de lado perfectamente otras identidades oprimidas (porque ahí arriba no lo son tanto), con tal de mantener su estatus. Así que aunque pueda parecer que estamos “unidas en esto”, es muy probable que no sea así. No es algo ajeno a la historia del feminismo, como muchas feministas negras nos han recordado ha habido turbios intereses por parte de las feministas blancas burguesas: Angela Y. Davis, Hazel V. Carby, bell hooks, Avtar Brah, etc.

Quiero decir con esto que, aunque pueda parecer que estamos unidas en un punto concreto, lo cierto es que si aumentamos la escala, es posible que deje de ser cierto. Podemos estar juntas por el derecho al aborto libre y gratuito. Aunque no afectará lo mismo a la que tenga los dineros para marcharse fuera que a la que no disponga de ellos, y eso es clase social. Pero aún hay más. ¿El derecho al aborto es el único interés en cuanto a nuestra salud reproductiva que tenemos? La salud reproductiva no es sólo poder abortar, sino también poder tener hijxs si así lo deseas. Y es más, poder disfrutar de ello. ¿Puede disfrutar la clase trabajadora de tener hijxs de la misma manera que la burguesía? ¿Pueden disfrutar de ello las mujeres latinoamericanas que vienen aquí a cuidar de los hogares y las crías de otras dejando atrás a sus familias? ¿En esa lucha contra el capitalismo atroz estarán las mujeres feministas que pelean porque haya más mujeres superando ciertos techos de cristal y dirigiendo REPSOL?

No sólo eso: ¿vamos a leer acríticamente cualquier texto que se publique en nombre del feminismo, mientras nos cuelan valores neoliberales con calzador? ¿Nos va a parecer rompedor mentar la libertad de contrato como empoderamiento individual? ¿Qué clase de concepto de libertad utilizamos? ¿Nos ha invadido de tal forma la neolengua que no somos capaces de diferenciar los distintos significados que puede contener tan bella palabra? ¿No somos capaces de encontrar la diferencia entre la igualdad y libertad que nos menciona una feminista liberal y la que nos menta Silvia Federici?

Peor aún resulta todo cuando se mezclan ciertas llamadas a la unidad del feminismo con los “así yo no voy” a otras luchas sociales: Assata Shakur participó del movimiento Panteras Negras, luchando contra el racismo y enfrentándose al machismo de su propio movimiento. Nunca dijo “así no lucho”, sino que luchó el doble. Lucía Sánchez Saornil no sólo se enfrentó al fascismo, sino al machismo que también seguía existiendo entre los compañeros anarquistas. Y nunca dijo “así no lucho”, sino que fundó Mujeres Libres. Todas las mujeres con las que me siento hermanada, se partieron doble o triplemente la cara (que la raza y otras opresiones también cuentan), por un feminismo que se entretejía con la lucha social. Muchos ejemplos inundan la bibliografía feminista. Si nosotras no luchamos, si nosotras no vamos, nadie lo va a hacer. Nadie va a exponer nuestro punto de vista.

Denunciar el machismo que sigue existiendo en nuestros movimientos sociales es de vital importancia, hay que seguir haciéndolo. Pero no pienso dejar de ser partícipe de esos movimientos, porque los llevo entretejidos en mis entrañas. Soy feminista, pero eso no explica todo de mí. Soy otras cosas, y no pienso dejarlas de lado. Y si no le tolero a los compas anarquistas y comunistas que me hagan elegir entre la lucha de clases o la lucha feminista, tampoco se lo pienso permitir al feminismo.

[1] Martha Acklsberg, Mujeres Libres, el anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Ed Virus.
[2] Paco Vidarte, Ética Marica. Ed Egales.

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me la SUDA

Querido padre, hermano, amigo, compañero, novio, follamigo, rollete, ligue ocasional y completo desconocido…

Me la suda tu opinión sobre mi cuerpo. Me la suda cómo te gusta una mujer. Me la suda que sea delgadita o que te guste con curvas. Me la suda que nos veas más guapas con el pelo largo, y me la suda que te guste mi pelo corto. Me la suda que te gusten las tetas grandes, o que te gusten “las tetas normales” y tu empeño en definirme “lo normal”.

Me la suda que te gusten los coños depilados, me la suda que prefieras “a lo natural”, me la suda que lo quieras recortado, o formando un corazón, o teñido de color. Me la suda, en fin, tu opinión sobre mi cuerpo.

Me la suda aún más que intentes explicar tu opinión sobre mi cuerpo basándote en lo natural que es para ti, como hombre, tener que dejar continuamente clara tu opinión sobre los cuerpos de las mujeres. Me la suda que la testosterona te provoque la necesidad de dejarme claro a cada momento quién está buena y quién no lo está. Me la suda y aun así, no deberías preocuparte: tu opinión está presente continuamente. Mil anuncios, mil carteles, mil películas, mil revistas, mil piropos callejeros, mil primeros comentarios sobre el aspecto de una mujer nada más conocerla, mil personajes femeninos de cómic, mil gritos de acoso escolar…

Por eso, en serio, no necesito tu opinión sobre mi aspecto.
Créeme, ME LA SUDA.

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Neomachismos

Hay una reacción social a los avances del feminismo y del empoderamiento femenino en general. En el plano físico, se manifiesta en el aumento de feminicidios y de violencia doméstica/en la pareja, lo cual se origina en el desacuerdo entre la tendencia cada vez más pronunciada de las mujeres a su autonomía y la frustración de muchos varones ante esa “insumisión” (a la que responden con violencia).

Pero también hay una reacción en el plano intelectual, y lo vemos en ciertas críticas a las teorías de género. La reacción de los machistas va desde el trolling más grosero (acusaciones de “feminazis”, “hembristas”) hasta la fomentación de la ignorancia (“el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés”).

La reacción de los neo-machistas es más sutil. El neo-machismo es como el hijo “moderno” del machismo clásico. Esto significa que por una cuestión de “estar al día”, no avalará o incluso se distanciará de ciertas actitudes de su padre, pero esto solo lo hace porque ha detectado que el discurso arcaico disminuye sus posibilidades de ser tomado en serio. Defenderá el machismo institucional y social con la misma saña que su antecesor, pero intentará ser más sagaz que él, ocultando su anti-feminismo en una actitud “equidistante” y de “sentido común”.

Algunos neo-machistas incluso hasta dicen estar a favor de los derechos de la mujer y la equidad de género, pero la realidad es que sus intervenciones nunca van contra el machismo sino contra el feminismo, acusándole de “excesos” y “extremismos”. Ellos están para decir “hasta aquí llegaste, feminismo”. Como saben que tienen que diferenciarse de los machistas a secas, tienen que recurrir a estrategias más sutiles que la agresividad abierta. Combinando actitudes pasivo-agresivas y análisis ultra-intelectualizados (no sea que se cuele la empatía por ahí y arruine todo), su objetivo es lograr demostrar que el feminismo ya pasó su límite y que proseguir más allá significa una agresión a los hombres. Si además pertenecen a una corriente ideológica, su objetivo secundario es “depurar” a esa corriente ideológica de feminismo (en entornos de izquierda/libertarios, esto se hace con acusaciones de “burgués” y de “pequeñoburgués”, de “divisionismo”, etc.).

¿Cuántas veces hemos escuchado frases como las siguientes como reacción a la crítica radical del capitalismo?: “no es tan así, ustedes exageran”, “el problema son los políticos corruptos/ineficaces, no el sistema económico”, “es cierto que hay injusticias, pero apuntar siempre al capitalismo es paranoico”, “ustedes promueven la violencia con eso de la lucha de clases”. Bueno, pasa lo mismo pero en relación al machismo: “no es tan así, ustedes exageran”, “el problema son los enfermos que violan”, “es cierto que hay injusticias, pero apuntar siempre al machismo es paranoico”, “ustedes promueven la guerra entre los sexos”.

Los neo-machistas repudian a los violadores, pero no a la cultura de la violación. Repudian los casos de violencia doméstica, pero se sienten ofendidos si la vinculamos con las otras formas de violencia hacia la mujer (acoso callejero, estereotipos). Si son militantes obreros, no pueden más que adherir al reclamo “a igual trabajo, igual salario”, pero se sentirán ofendidos si se analiza el machismo en las organizaciones obreras. Si son “antisistema” dirán que solo con la revolución o después de ella vendrá la verdadera equidad de género, pero se sentirán ofendidos si se menciona qué es lo que ellos pueden hacer ahora, individualmente, en favor de la libertad y la igualdad para las mujeres de sus entornos. Criticarán la misoginia de la Iglesia y de otras instituciones con el puño en alto, pero lanzarán acusaciones de castración y domesticación si se les plantea que es necesaria una nueva revisión radical de nuestras masculinidades.

Si se habla de las ventajas que los varones gozan gracias al machismo, los neo-machistas se pondrán a la defensiva con “pero a los hombres se nos recluta para ir a la guerra” o con las ocasiones injusticias judiciales (acusaciones falsas de abuso, padres que no pueden ver a sus hijos, etc). Si se discute sobre la violencia en la sociedad, tratarán de diluir el componente de género (“la gente es violenta”). Tratarán de probar que algunos comportamientos violentos en varones no tienen nada que ver con la cultura machista sino que son productos de la testosterona o algún otro factor “natural”. Serán férreos defensores del binarismo de género y de la heteronormatividad, pues mantener que hombres y mujeres somos esencialmente diferentes es muy utilizado como argumento contra la igualdad. Cuando quieren decir algo malo sobre el género femenino o defender una injusticia empiezan su perorata con “no soy machista, PERO…”.

Se reconoce a los neo-machistas por la intención de sabotear debates que tengan la potencialidad de profundizar en la claridad de por qué el machismo existe, cómo se reproduce, que el machismo no empieza ni termina en sus manifestaciones más groseras (violencia física, insultos), y cómo terminar con él. Una de esas estrategias de boicots de debates es el uso de la palabra “sexista” como estrategia de autovictimización de varones que se sienten cuestionados por las teorías de género. Si un análisis de género determina un comportamiento machista en varones, esta gente dirá “eso es una generalización, es sexista”.

¿Qué hacer? Aprender su juego. Uno de los objetivos del pensamiento crítico es demostrar las diferencias entre quienes aparentan ser iguales y demostrar los puntos en común entre quienes aparentan ser opuestos. Los neo-machistas tienen sus usos. Si pueden rebatir o distorsionar nuestros argumentos fácilmente es porque había una debilidad en ellos. Que el machismo haya tenido que re-adecuarse habla bien del feminismo, pero también señalar que el feminismo y las teorías de género en general también deben re-adecuarse. Una piedra puede herirnos o puede servirnos para sacarle filo a nuestra espada: sugiero que hagamos lo segundo.

por autogobierno.

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