Se tiene de los anarquistas, como individuos, una idea muy falsa. Unos nos consideran utopistas, soñadores, con imaginación extravagante. Otros en cambio piensan que los anarquistas somos brutos, violentos y dementes, cargados de odio antisocial. Ni unos y otros tiene razón.
Somos los descendientes y continuadores de esos hombres y mujeres que dotados de una percepción y sensibilidad más vivas que las de las gente de su época y que viviendo en una etapa de ignorancia, miseria, de opresión, de hipocresía, etc … entrevieron un modo de vida basado en el saber, el bienestar, la libertad, la fraternidad y la igualdad.
Los anarquistas no somos ni utopistas, ni soñadores, ni bruscos. Esto lo prueba el hecho de que en todas partes los gobiernos persiguen y encarcelan, con el fin de evitar que la palabra de la verdad vaya libremente al oído de los desheredados. La enseñanza libertaria es la única verdaderamente humana, capaz de abrir y desarrollar un profundo sentimiento de solidaridad y libertad a la par que un espíritu activo y luchador necesario para combatir las injusticias del sistema. Otros tachan a los anarquistas de brutos e ignorantes; es verdad que no todos los libertarios poseen la amplia cultura de Bakunin, E. Reclus o Kropotkin, pero hay que tener en cuenta la situación de muchos compañeros que por falta de medios económicos, desde la edad de 14 años abandonan la escuela y buscan un trabajo para poder vivir.
Pero el hecho de haberse elevado hasta la concepción anarquista derrota una viva comprensión y manifiesta un esfuerzo, que muchos que, se las dan de eruditos e inteligentes ya quisieran poseer.
El anarquista lee, estudia, se instruye cada día, experimenta le necesidad de ensanchar sin cesar sus conocimientos de enriquecer su documentación.
Todo anarquista es propagandista, sufriría si callase las convicciones libertarias que posee, la mayor alegría que existe en ejercer a su alrededor, en cualquier circunstancia el contenido de sus ideas. Hay una opinión muy extendida de que los anarquista son rencorosos y violentos.
Esto hay que matizarlo, los anarquistas tenemos odios, que son consecuencia directa de nuestros deseos. Odiamos la servidumbre porque amamos la independencia, detestamos el trabajo explotado porque amamos el trabajo libre, combatimos violentamente la mentira porque defendemos la verdad, odiamos la guerra porque luchamos apasionadamente por la paz. No somos rencorosos por naturaleza, somos por el contrario de corazón sensible y afectuoso, de temperamento dado a la amistad, al amor y la solidaridad, es decir, a todo aquello que se acerque a los individuos. No podría ser de otro modo, porque nuestro fin es suprimir entre los hombres todo lo que se levanta para originar luchas de los unos contra los otros: Propiedad, Gobierno, Iglesia, Militarismo, Policía.
Nuestra conciencia se rebela ante el contraste de la miseria y la opulencia; nuestros cerebros se sublevan ante las torturas que sufren los hombres y mujeres en todos los países, nuestra sensibilidad se estremece, y todo nuestro ser se llena de indignación, al pensar en la salvajada, en las atrocidades que, con la sangre de los combatientes, empapan campos de batalla. Los rencorosos son los ricos, que cierran los ojos al cuadro de las indigencias que les rodean y de la cual son causa directa, son los gobernantes, que decretan a sangre fría, son los aprovechadores que amasan fortunas con sangre y lodo, son los perros de la policía que hunden sus colmillos en la carne de los pobres.
En cuanto a la acusación de la violencia con la cual se pretende aplastarnos y tacharnos de terroristas, podemos decir que no existe nada más absurdo, sólo basta con abrir los ojos y comprobar que el mundo actual está gobernado por la violencia que tritura y asesina. Es la regla y está hipócritamente organizada, se afirma todos los días, bajos las formas de violencia, fuerza y brutalidad. Los anarquistas queremos establecer la armonía libre, la ayuda fraternal, el acuerdo armonioso, pero sabemos que por la razón de la historia solo podemos aspirar a la libertad para todos mediante una revolución violenta; la violencia se transforma para ellos en una fatalidad, pero es absolutamente necesaria para poder cambiar un mundo en el que la explotación y la miseria son una constante, mientras que una pequeña minoría disfruta de los placeres de sus asquerosa asistencia capitalista.
NUESTRA CREATIVIDAD ES SU DESTRUCCIÓN.
Salud y Anarquía.
Adaptación de: Sebastian Faure
Extraído de: “El Tizón”, fanzine libertario de las JJ.LL. de Lorca (Murcia)