El poliamor será anticapitalista o no será

 

Época de post-esclavismo en Estados Unidos. Mujeres negras que son cabeza económica de la familia. Gran paro entre los hombres negros. Mujeres negras con varias parejas sexuales. La sociología mira a estos y tilda sus formas de relación como “hogares desestructurados” (1).

Años 80 o 90, San Francisco, por ejemplo. Tras todo  ese rollo hippy. Personas blancas de clase media teniendo relaciones no monógamas. Y surge el Poliamor. O lo llamamos poliamor. Lo de lxs negrxs eran muestras de una sexualidad desenfrenada, o una moral relajada, etc. Lxs blancxs dotamos a todo de más caché por lo visto ¬¬ .

Me interesa esto porque creo que hay dos posiciones de Poliamor y que este no es anticapitalista per sé. En un mundo donde hay paro, la precariedad y los trabajos que te mueven de aquí para allá, ser poliamoroso puede ser el subproducto de relaciones temporales, superficiales, poco profundas.

Las parejas monógamas también se resienten mucho cuando uno está en el paro y tiene que emigrar, o al otro lo envían aquí o allá. Alguien también podría sentir que la monogamia también podría ser contradictoria con el capitalismo. Es el amor el que es incompatible con el capitalismo. En un amplio sentido. El amor no sexual o romántico que siento por mis amigos, también se ve comprometido por este sistema.

No es el número de relaciones lo que está en peligro. Es la calidad de los vínculos. El capitalismo globalizado puede ver genial que mantengas parejas aquí y allá y creas que satisfaces tus necesidades de consumo emocional. Esclavos felices.

Lo que no quiere son relaciones fuertes. Eso lleva a la solidaridad y al soporte mutuo. Y hay poliamor o no monogamia que pretende tejer redes sociales fuertes. Esas relaciones fuertes son redes de resistencia, esas que se establecían en esas familias, en sentido amplio del término, negras (1), son una no monogamia diferente. No monogamias que debian contar con la vulnerabilidad de los miembros.

No es cuestión de idealizar peró sí considero importante dejar claro que no va de sí que las relaciones no monógamas estén libres automáticamente de machismos, racismos, homofobias, transfobias y muchos ejes de poder que actúan. Así que o es anticapitalista, o no será poliamor.

(1) Carol Stack, Feminismos Negros, Traficantes de Sueños, 2012

El amor romántico a debate

 

La primera vez que estoy tanto rato en radio :)

Hay un momento en el que comento algo sobre la historia del amor de la población negra, y al reescucharlo me he dicho “aaay que me falta decir esclavizada en occideeente…” ya que obviamente hay diferencias entre sociedades africanas y ahí quería referirme a la población sobretodo en EEUU. Y luego más cosas, como que claro,al analizar el amor romántico acaba quedando todo muy centrado en parejas hetero y estas cosas. Aún así, coo comienzo creo que bien

http://www.ivoox.com/78-el-amor-romantico-a-debate-audios-mp3_rf_11056145_1.html

8 de Marzo

De nuevo 8 de marzo. De nuevo escribir algo para el día de la mujer trabajadora. Y tras tantos años en esto del feminismo, me quedo mirando ese título y no sé qué coño escribir, no ya porque las musas parece que a veces se me conviertan en musarañas, sino porque el puro título ya se las trae:

Mujer, vale… ¿qué mujer? ¿por qué en singular?, ¿la mujer blanca joven de clase media y con una profesión liberal? (¿y existe al final la clase media?), ¿y la mujer anciana?, ¿la mujer árabe de cualquier edad?, ¿una hijabi?, ¿la mujer negra, gitana, latinoamericana, indígena? ¿y si es trans?, ¿y si es migrante ilegal?, ¿hay un modelo de mujer extrapolable y universal?, ¿las opresiones que les afectan son las mismas? ¿las cifras de paro, salarios, vida laboral, víctimas de violencias, son las mismas?, ¿y si abro el melón de todas aquellas personas que no se reconocen en los binarismos de género? ¿Y si lo único que nos une es que no somos hombres en un sistema que les sitúa a ellos como poseedores de poder y privilegios sobre el resto? ¿y si tenemos que tener en cuenta que estos privilegios y opresiones se ven modificados por muchos otros factores?. ¿Podría dedicarme simplemente a escribir un artículo más sobre el 8 de marzo, sus orígenes e historia, las reivindicaciones clásicas, Clara Zetkin, la Internacional Socialista de Mujeres y a correr? ¿con lo vaga que soy, para hacer eso no podría simplemente recomendaros un puñao de buenos artículos ya escritos sobre este tema? ¿Voy a conseguir enviar algo para el Tierra y Libertad de este maldito mes como siga por este camino???

Y la cosa no mejora con el segundo término: Trabajadora,… trabajo, ¿y qué es trabajo?¿trabajo sólo es lo que produce algo? ¿y lo que reproduce la fuerza de trabajo?, ¿es sólo el asalariado?, ¿y el trabajo gratuito de cuidados?, ¿y todo lo que queda al margen de los mercados?, ¿y todas esas tareas inconmesurables pero que requieren de alguien que las haga pero que no puedes definir ni horas ni esfuerzo invertido?,¿es trabajo cuando lo hace alguien por dinero y fuera de las lindes de su hogar, pero no cuando es “por amor” dentro de los términos de la familia?, ¿qué coño es el trabajo? ¿tengo que empollarme todo El Capital para entenderlo? ¿Me vale con El Capital al alcance de todos, de Caffiero? ¿Me da igual porque total, eran hombres y el enfoque que le daban era, lógicamente, el suyo y por tanto no pueden ver todas esas tareas asignadas al universo femenino que no se pueden analizar bajo el prisma clásico marxista?¿Tendrá Federici todas las respuestas?

Bueno, ya que llevo tres párrafos, voy a seguir a ver a dónde me lleva esto. ¿Qué día de la mujer trabajadora?, ¿esa que pintan siempre en los carteles institucionales que va con traje de chaqueta y lucha por romper el techo de cristal y ser directiva de una empresa transnacional? ¿la que sale en los carteles de movimientos sociales que lleva una pañoleta en la cabeza? ¿la de la mujer que limpia en la casa y cuida de la prole de esa mujer de traje y chaqueta?, ¿la de la mujer que cuida a sus nietas y nietos porque la mujer anterior ha tenido que emigrar para enviar dinero?, ¿la mujer que trabaja como ama de casa pero sin percibir un salario?, ¿la que trabaja de cajera por un salario y en casa sin él? ¿la de la mujer jubilada?¿la que no se puede jubilar porque nunca ha cotizado y no va a percibir ninguna pensión porque no existe para la administración?, ¿la mujer con diversidad funcional que trabaja las mismas horas y puede ser tan productiva como la que más porque su minusvalía no le afecta para el cumplimiento de la tarea pero se le paga menos porque se concibe que la empresa la contrata más como un favor social que como una trabajadora eficiente y barata? ¿las mujeres en prisión que trabajan por cuatro duros y sin derechos laborales de ningún tipo porque más que trabajo, se considera que son actividades de ocio que les ayudan a salir de la rutina?

Muchas preguntas y no todas con respuesta, al menos por mi parte. Hay muchísimos ejes de opresión que se entrelazan y ya sé que es poco funcional y útil hacer un mejunje con todos ellos hasta un punto en el que en análisis se haga casi imposible. Simpliificando, hay un sistema que es el Capitalismo que se apoya y se entrelaza con el Patriarcado y su heterosexismo, y el Colonialismo, que forman tres grandes patas de una mesa en la que se sientan a comer los poderosos. Según la revista Forbes, las 10 personas más ricas del mundo en 2016 son 9 hombres, 7 de ellos estadounidenses, otro mexicano y otro español (Amancio Ortega), y una mujer, la propietaria de L’Oreal.

No creo que el mundo mejorase mucho por el hecho de que a esa mesa se sentaran a comernos 5 o 6 mujeres en vez de una sola. O si se sentaran 3 personas trans, 2 negras, alguna mujer indígena, una ciega y un par de gitanos gays (si es que fuera algo factible que llegaran ahí, teniendo en cuenta las casillas de salida y los obstáculos de cada una para llegar arriba). Sólo me vale que tiremos esa mesa abajo, destruyamos todas esas patas de poder que la sostienen para que nada similar vuelva a ser creado.

Lo nuevo, lo viejo y el clásico que siempre funciona en las relaciones abiertas.

Cuando veo algunos memes circular acerca de lo de que amar a dos personas a la vez ha existido desde siempre y se pone de ejemplo al marido con la esposa y la amante, se me revuelven las tripas. Por un lado por la imagen patriarcal que transmite. Pero fundamentalmente porque amar no es engañar.

Para amar tienes que entender que la otra persona es libre de tomar sus decisiones. Esas decisiones deben ser informadas. No es justo, no es amor, engañar o decir lo que quiere oír para manipular sus decisiones. Amar es tener el valor de entender que esa persona prefiera no estar en una relación contigo porque lo que quiere y lo que tú quieres no son compatibles. Amar no es sólo querer tener cerca, es también dejar ir. Es desear lo mejor, para una misma y para quienes ama y es entender que a veces eso implica no estar juntas.

Por eso no me gusta que se transmita eso como amor. Ejemplos de relaciones abiertas las hay desde hace mucho más tiempo que señores poniendo cuernos en los años 50. En el siglo pasado tenemos ejemplos de relaciones abiertas y honestas (Emma Goldman, por ejemplo). No hace falta recurrir a topicazos baratos.

Pero hay algo más y es que eso transmite cierto mensaje de que las relaciones abiertas al final son un tipo de relación donde podremos hacer las mismas cagadas que siempre pero “sin recibir castigo”. Y se trata más bien de honestidad, de autenticidad, de cuidados, no de eludir “el castigo” (broncas, escenas de celos, rupturas), sino de intentar no cagarla. Tenemos un problema si nos acercamos a las relaciones abiertas con un molde tan viejo. Porque en las relaciones poliamorosas heterosexuales las mujeres adoptaremos el rol de la esposa o la amante, y los hombres el del marido.

En el rol del marido, está el decir a cada una lo que quiere oír, engañar, decir medias verdades y dejar que la enorme bola de confusión vaya creciendo mientras te mantienes teniendo a dos mujeres atendiéndote y el beneficio de toda esa plusvalía de género que conlleva. En el rol de la amante, una intentará quedar por encima de la esposa y tratará de captar la atención del marido y llegar a esa ilusión clásica de que “abandonará a su mujer por mi”. Puede que incluso intente generar conflictos con la pareja o forzar situaciones y que intente que la otra pareja rompa. En el rol de la esposa, empezará a desarrollar comportamientos de esposa-madre, echando broncas y tratando de poner límites a algo que debería ser limitado por cada propia persona adulta: el maldito nivel de atención que están dispuestas a dar… están en su derecho a prestarte mucha o poca atención, eso sí, tú lo estás también a decir “que te den, me piro a hacerme caso yo sola”.

Últimamente me he encontrado algunos hombres en relación abierta que para ligar conmigo, caían en esa actitud tan de “marido casado que pone los cuernos” de faltar al respeto a sus parejas. Esa especie de “tú eres bonita y mi mujer ya no me llena”. Y todas esas veces, claro, yo he tenido que contestar un sermón feminista de que eso es faltar al respeto a una mujer y que ligar con alguien así no me interesa. ¿Por qué cojones tienes que desvalorizar o faltar al respeto a otra mujer para intentar camelarme a mí? ¿Qué quieres, incentivar ese rollito de competitividad entre mujeres que nos han enseñado? Es una pesadez ligar así, de verdad. Sólo ligo con hombres que respeten a las mujeres, a ver si queda claro de una jodida vez.

Pero a la inversa también me ha sucedido. Mujeres que quieren quedar por encima de mí al ligar con mi pareja. Mujeres que incluso han metido mierda y han sugerido a mi pareja que lo deje conmigo para fugarse con ellas. Mujeres que alimentan su ego por sentirse más deseadas, atractivas, interesantes, que la(s) pareja(s) anteriore(s) o principal(es), etc, he conocido varias. ¿En serio necesitáis desvalorizar a otras mujeres para sentiros mejor vosotras?

Por el otro lado, hombres que al ligar conmigo intentasen dejar por debajo a mi pareja o competir, o hacerse los machos molones como intentando hacer la caricatura de mi pareja como “calzonazos”,…momento en el cual contaban con mi absoluto desinterés, por supuesto. ¿En serio, no has entendido nada?

¿Que le pasa a la gente? ¿No podemos establecer relaciones de respeto en general? ¿En serio queremos llegar a este nuevo modelo de relaciones con un traje tan viejuno como los cuernos matrimoniales? ¿En serio esto es lo nuevo? Esto es muy aburrido.  A mí me apesta a brumel y a relación de señor mayor con la secretaria. En realidad mi propuesta no es tan nueva, pero funciona. Las cosas cuando funcionan a lo largo de los años se convierten ya en “un clásico”: honestidad, amor, afecto, apoyo y respeto.

Porque hay otras formas de hacer las cosas. También están ahí algunas personas maravillosas siendo como manantiales de agua fresca en un desierto de mezquindades. Personas que saben ligar manteniendo un infinito respeto por sus parejas. Que saben valorarme y valorar a las demás personas que conforman su constelación relacional. Personas que no permiten que otras personas me falten al respeto. Personas que muestran amor por aquellas personas con las que se relacionan.

Si no vas a respetar a mi(s) pareja(s), no me interesas. Si mi(s) pareja(s) no van a respetarme y a hacer que se me respete, tampoco me interesan. No me interesa un universo relacional lleno de faltas de respeto, engaños, mentiras, tejemanejes, jueguecitos, concursos y competiciones. Eso no tiene nada de nuevo.

PD: Me he centrado en el binarismo y en relaciones heterosexuales porque tanto mi experiencia mayoritaria como la de muchas mujeres con las que he compartido pensamientos sobre este tema, se enmarcaban en esto. Es en el Poliamor hetero donde yo detecto problemas de desigualdad graves, lo cual no quiere decir que en relaciones donde no cabe heteronormatividad ni binarismos se produzca, pero no me considero legitimada a hablar de ello.

El Poliamor será Feminista, o no será

¿Recordáis lo que nos pasó con la liberación sexual? Por un lado, sí fue un cambio a mejor, pero muchas mujeres sintieron que pasaban de la obligación de decir que no, a la obligación de decir que sí [1]. Y muchos hombres  empezaron a comernos la oreja con eso de “que te liberases”. Mmmh ya, y eso significa acorde a tus gustos, ¿verdad campeón?

Porque libertad es decir sí, no, ahora sí, ahora no, contigo sí, contigo no, así sí, así no. Somos igual de liberadas las que follamos sin necesidad de especial intimidad y afecto que las que necesitan especial dedicación y confianza para sentir esa apetencia. Incluso las que no follan, nunca, porque son asexuales, que también existen. Porque que seamos libres es decidir lo que NOSOTRAS deseamos hacer. NO lo que a vosotros os gustaría más que quisiésemos o estuviésemos dispuestas a hacer.

Ahora empezamos a follar más pronto y podemos hacerlo en la primera cita. Podríamos decir que ahora follamos más, pero no parece que mejor: sólo un 25% de mujeres experimentan el orgasmo en cada relación sexual frente al 90% de hombres [2]. Aunque desconozco si el dato se refiere sólo a sexo heterosexual, porque podría ser que en ese 25% hubiese bastante lesbiana contestando que sí orgasma con cada experiencia, pero es que el sexo lésbico suele ser más efectivo para eso [3]. Básicamente viene a decir que lo tenemos más fácil para conseguir coitos, que nos metan la polla en la vagina, pero ¿y para que nos estimulen el clítoris hasta corrernos? Eso no parece tan fácil el universo hetero. Sucede además otra cosa: ese porno que consumen les enseña que nuestro coño es un rasca y gana, y están en realidad más empeñados en convertirte en SU fantasía sexual, que en que tu te corras. 

Todo esto viene a significar que por norma general nos corremos menos, o en muchos casos, que igual daría masturbarnos en casa que tener un encuentro con un maromo. Ah, y precisamente es a raíz de salir estos datos que empiezan a salir en revistas femeninas todos esos artículos de que el orgasmo no es para tanto. Ya, pero eso no se lo cuentas a ellos,¿no? Yo no digo que el único fin de una relación sexual sea siempre el orgasmo. Pero una cosa es que la propia persona decida si le apetece o no llegar al orgasmo y centrarse sólo en las caricias o momentos de intimidad, y otra muy distinta es que sepas que va a ser por desatención y egoísmo puro de tu partenaire.

Por eso me mosquea mucho cuando un tío viene hablándome de liberación sexual femenina. O que clasifiquen como liberadas a las que follan más. Puede ser igual de liberada una que decide incluso el celibato temporal, por aquello de decidir nosotras, ¿recordáis? Me mosquea porque veo claro que lo que me está diciendo es que nos convirtamos más fácilmente en un objeto para su placer. Nuestra liberación real se la pela, o incluso en algún momento le causará problemas, pues atentará contra sus privilegios a la mínima que nos empoderemos y exijamos lo que merecemos.

Pues ese mismo resquemor me producen tantas hordas de hombres comiéndole la oreja a sus parejas femeninas sobre las virtudes del Poliamor, que son liberadoras y que tenemos que romper con celos y amor romántico y todo eso. Ya lo sé, queridos, ya lo sé que tengo que romper con el amor romántico y los celos. Pero a mi ritmo, a mi manera y en la dirección que yo elija. Porque quizás eso implique que decida que mis unidades familiares y equipos de crianza las quiera establecer con amigAs. Que no quiera establecer un gamos contigo, etc.  Guardaos muy mucho de no dirigir nuestra liberación para vuestros intereses. Cuestionad muy bien vuestros deseos.

Cuando os ponéis tan pesaos con el tema, yo levanto cubilete: lo que muchos de vosotros queréis es deslegitimar nuestros enfados cuando notamos que vuestros cuidados descienden con cada nueva amante que incorporáis a tu lista, y que parece que qquerais montar un harén de tías que compitamos entre nosotras por vuestro tiempo y atenciones. Porque alimentais con vuestras actitudes, frases y egoísmos esa competición entre nosotras, diciéndonos lo que queremos oír, no lo que realmente sentís, deseáis, pretendéis, pensáis. Incluso cuando nos recomendáis que busquemos otros amantes, pero eso sí, en cuanto perdéis tiemp, atenciones, etcétera, cuando sois vosotros los que queríais quedar con nosotras pero no, porque hemos quedado con otro, ahí vuestras quejas sí son legitimadas, las disfrazáis de quejas racionales, mientras las nuestras son “puros celo que debemos trabajar” y entra en “lo emocionales y dependientes que somos”. Eso, queridos, es convertirse en polifakes, y no sois uno  ni dos, estáis empezando a covertiros en plaga.

Si propugnamos que somos capaces de amar a varias persona a la vez, lo cual es auténticamente posible, por supuesto, ninguna persona debería notar un descenso en afectos y atenciones. Ni sentir que estorbamos. Porque en ese caso estás disfrazando de poliamor tus “atávicos impulsos” de monogamia secuencial. Si te interesamos secuencialmente, pero es interesante dejar a chicas de reserva en la chorvagenda eso es lo mismito que ir saltando de una a otra que hacíais toda la vida, lo que pasa es que ahora pretendiendo que ellas sí mantengan la relación como siempre y disfrazándolo de moderno y feminista. Y como nosotras tenemos esa tendencia a la autocrítica, esa obsesion y complejo por “no seros pesadas”, ahí que nos ponemos a trabajarnos los celos y a cuestionarnos, hasta que decimos “¿pero qué coño?, ¿yo quiero esto? Y una mierda!”. Pero hasta que llegamos a ese punto, ya nos hemos hecho un recorrido culpabilizante y emocionalmente agotador. Porque, queridos, ¿y vosotros, cuándo os cuestionáis? ¿Cuándo cuestionáis vuestros deseos, querencias, programaciones mentales y machismos?.

Es algo muy masculino, seguro que muchas lo habéis experimentado: saber que esa frase de “si está contigo es porque te quiere” es más falsa que el brillo en los ojos de Espe en sus carteles de campaña electoral. Que hemos vivido esa experiencia de que te digan que te quieren y que no quieren romper contigo, que no te hagan ni puto caso pero sí a la(s) otra(s), o el caso justito para que permanezcas, confundida, o incluso boicoteen la relación para que seas tú quien dé el paso. Así que compañero-que-tanto-sabes-sobre-liberación-femenina, si esa es tu liberación, no la quiero.

Me parece clave e incluso más importante para luchar contra la desigualdad en relaciones hetero el despatriarcalizarse comportamientos que andar multiplicando relaciones. Si cada una de las relaciones que establecemos es injusta, y como dice Silvia Federici [4], le sale mucho mejor a un hombre en economía de cuidados, pues obtiene más de lo que da, multiplicarlas no va a resolver ningún problema. Porque no está en el número, está en el tipo de vínculo en sí. 

Frente al amor incondicional que nos venden como propiamente femenino, incluso con arrechuchos budistas, propongo cuidar pero a cambio de que nos atiendan y nos cuiden. Que no sean sus deseos los que marquen el ritmo, ni vayan nunca por encima de nuestras necesidades. Porque no dudéis que todo cambio, si realmente es liberador para el grupo oprimido, suele ser muy incómodo para el grupo opresor. Si es el grupo opresor el que pretende liberarte, desconfía, aquí hay gato encerrado.

Y con esto no quiero deslegitimar el Poliamor para nada. Tengo relaciones abiertas desde que tengo 15 años, aunque siempre he sido más afín al término amor libre, pues ¿qué otra cosa podría ser el amor sino libre?, se preguntaba Emma Goldman. Estoy encantada de que salgan a la luz nuevas posibilidades relacionales, desde la anarquía relacional, al poliamor, y a muchas otras cosas que aún no tienen ni nombre, e igual no tenemos que obsesionarnos en que lo tengan. Lo que intento es limpiarlo de moderneces y poner sobre el tapete que se están dejando de lado cuestiones de género, y por supuesto de etnia, raza y clase, que son muy relevantes para que este tipo de relaciones sean realmente un cambio, una revolución o formas de resistencia ante el capitalismo. Si no, serán un mero subproducto del devenir neoliberal. Que tengamos cuidado, que puede ser una nueva forma de camuflar opresiones atávicas. Que no estamos haciendo esto para que ahora los maridos puedan tener esposa y amante sin plantearse nada más sobre afectos y cuidados.

El Poliamor, para ser algo nuevo y revolucionario, sólo puede salir de cuidarnos, respetar nuestros ritmos y evolución mutua, y tener en cuenta todos los vértices de la figura geométrica, no solo vuestros propios culos, deseos, necesidades e inmadureces emocionales. Esto es nuevo y estamos todxs explorando, tenemos que ser todxs lxs que salgamos de nuestras zonas de confort, lxs que exploremos los límites. Y quienes decidamos cuándo estamos fuertes y cuándo estamos débiles. No ritmos impuestos.  El Poliamor, para ser revolucionario tiene que tener en cuenta las vulnerabilidades de cada cual.

Que los errores que cometen ellos suelen ser unos, que los que cometemos nosotras, otros, por socialización. Y que aunque transitemos el género, va a pesar mucho aquel del que vengamos. Que habrá que repensar estas cosas en estos términos.

Lo que estoy es dando un toque de atención: chicas, ya nos ha pasado otras veces, que nos la han colao con lo de la liberación. Que no nos vuelva a pasar. Que el Poliamor nos salga a cuenta, no a llantos. Que el Poliamor nos libere, no nos empequeñezca y nos encarcele en jaulas de celos. Por eso, queridas, porque llevo tiempo de relaciones abiertas y algo de tiempo en eso que se llama relaciones poli, que ahora hay una oleada de gente interesada en este tipo de relaciones, que os pongo sobre aviso y exijáis ciertas cosas a vuestros compañeros: “Muy bien, querido, ¿quieres abrir la relación? Fenómeno, pero ¡despatriarcalízate primero y no me impongas tus ritmos”. Y a vosotras “si esto no lo aguanto, me salgo”. No esperéis que se aclaren, no espereis que se den cuenta. No esperéis. No os forcéis. Seguid adelante con vuestras vidas. El amor bueno no duele, el amor bueno amplía, ayuda a crecer, se disfruta.

PD: me he centrado en el binarismo y en relaciones heterosexuales porque tanto mi experiencia mayoritaria como la de muchas mujeres con las que he compartido pensamientos sobre este tema, se enmarcaban en esto. Es en el Poliamor hetero donde yo detecto problemas de desigualdad graves, lo cual no quiere decir que en relaciones donde no cabe heteronormatividad ni binarismos se produzca, pero no me considero legitimada a hablar de ello.

[1] Informe Hite, Shere Hite.

[2] Lauman, E. O. Gagnon, J. H. y Michael S. (1994) The social organization of sexuality: sexual practices in the United States. Chicago, Univeristy of Chicago Press. En Biaggio, M. y Hersen, M., (Eds) Issues of Psychology of women. Kluwer academic publishers

[3] Justin R.Garcia MS, PhD1,2,*, Elisabeth A. Lloyd PhD1,3, Kim Wallen PhD4 y Helen E. Fisher PhD1,5 . (2014) Journal of Sexual Medicine, vol 11, pages 2645–2652.

[4] Federici, S. (2012) Revolución en punto cero. Ed. Traficantes de sueños.

La Herstoria feminista

La herstoria de siempre: Lista de 10 o 20 libros fundamentales para el feminismo. Uno, dos, tres, cuarenta recorridos sobe la Historia del Feminismo. Y 0 feministas negras, 0 menciones a algo que no sea occidental, o como mucho, breves menciones de ramificaciones que “aportaron algo”.

Al igual que la Historia la escriben los vencedores, la Herstory la están escribiendo por lo visto las feministas liberales anglosajonas. Y un poco las francesas. Date con un canto en los dientes si te hablan de feministas marxistas, las anarquistas no existen, las negras pa qué te voy a contar, y no digamos latinoamericanas, asiáticas o africanas. Ya sabéis que todo se origina con Mary Wollstoncraft y Olympe de Gouges y lo exportamos a otros sitios donde no sabían pensar por sí mismas…menos mal que fuimos a salvarlas de sí mismas!. Es más, es gracias a esas feministas que conseguimos entrar al mercado laboral. No sé entonces qué es lo que hacían las mujeres obreras y las mujeres negras esclavizadas si no era trabajar. Mientras unas pedían derecho al voto, otras peleaban por igual salario a igual trabajo. Otras ni siquiera podían pedir nada y peleaban dificultosamente por sobrevivir hasta que no se abolió la esclavitud.

Y es el cuento que nos hemos creído, que parece que la norma imperante  y su problemática fuera la mujer burguesa que vivía encerrada en su casa, que no niego que tiene que ser aburridísimo, pero no me explico cómo es posible que nadie vea que las criadas de esa señora, amén de muchas otras, también son mujeres! y están trabajando fuera de casa! De toda la vida, o al menos desde que el capitalismo y la acumulación originaria forzó a la población a vender su fuerza de trabajo.

Sin ánimo de menospreciar la lucha de ese feminismo, que ha traído muchas cosas útiles y reflexiones muy válidas, lo que realmente me encabrona es que parezca que es el único, el primigenio y sobretodo el espejo donde nos tenemos que mirar todas. Pues igual podríamos hacer un esfuerzo por releer la Historia y la Herstoria. Igual podemos incluir como sujetos mujeres a todas aquellas que no son la mujer burguesa, que al final, somos más. Las criadas, las putas, las que curraban en las minas, las campesinas, las cocineras, las esclavas…las que se plantaban de huelga en fábricas y telares, huelga también de alquileres, las que participaban en revueltas populares,… todas ellas son mujeres y todas ellas merecen ser incluidas en la Herstoria. O qué coño, dejar de pensar que el feminismo liberal es la rama central de la lucha por los derechos de las mujeres.  Y si no son ni mencionadas e incluidas, entonces deberíamos denominarlo Herstoria blanca burguesa. Si no nos gusta que nos diluyan en lo masculino, no hagamos lo mismo dentro del feminismo,  que a muchas nos duele.

Sororidad

 

Hace años viví algo en mi entorno de cuyo potencial no pude darme cuenta hasta mucho más tarde. Un tío, el clásico ligón, había vendido la misma moto amorosa a dos amigas. El muy bobo tuvo la poca estrategia de hacerlo con dos tías del mismo grupo…como si no se fueran a enterar. Pero lo interesante es lo que sucedió.

Podrían haber empezado a compertir por la atención del maromo, a hacer peleas de gatas, a decir que la otra era una zorra. Pero no. Se unieron, hablaron y se fueron a echarle el broncón al machito. Mira, bonito, con nosotras no se juega. Nuestros sentimientos son algo a respetar y no somos tu puto juguete de conquistador. Fue un gran ejemplo de sororidad espontánea.

Lamentablemente esto no sucede así siempre. Nos educan para competir entre nosotras por la atención del macho, para conseguir el amor, para convencernos de que es la otra la que es una zorra engatusadora, para demostrar que somos mejores que la otra, que nos tiene que querer a nosotras, nosotras más, mejor, hazme casito a mí, elígeme, quédate conmigo. Nos educan, en fin, para ser “el negro de la casa del amo”.

Yo soy una maldita perra. Si intuyo que el maromo me está vacilando a mí y a otra mujer, lo que más ilusión me hace es sentar al mozo  frente a nosotras dos y empezar a sacar cosas: o me mientes a mí, o le mientes a ella, o quizá a las dos. Pero decir esto no está bien, callarte esto, tampoco. No por linchar al tío, sino por darle el pertinente collejón feminista: CON LAS MUJERES NO SE JUEGA. Con sus sentimientos, expectativas, emociones y sueños, NO SE JUEGA. No es sólo por mí, es por el resto de mujeres con las que te cruzas y cruzarás.

Decir medias verdades, ocultar información y los malabarismos que te traigas, te alejan y nos alejan de la honestidad. Las personas, para poder tomar decisiones informadas, necesitamos información completa y honesta. No vale todo y a veces hay que asumir que lo que tú quieres no lo quieren las demás personas. Hay que asumir que si les informas de cuales son realmente tus sentimientos, objetivos y pretensiones ellas pueden coger y decir: mmmh pues no me vale, me voy. Pero intentar hacer creer cosas que no son con tal de que acepten algo que no saben ni qué están firmando, es una falta de respeto. Un falta de respeto muy común de los hombres a las mujeres.

Sueño de verdad con explicar esto cuando me pasa. Pero claro…eso es muy difícil hacerlo sola. La prioridad de mis lealtades las tengo claras: lo primero, a mí, lo segundo a la honestidad, lo tercero a las mujeres. Soy incapaz de funcionar de otra manera. Pero no todas. Y por eso, me voy a autocitar:

“Estoy hasta el toto de las que se empeñan en competir, las que os y nos negáis la alianza, las que preferís cegaros a que lo personal es político y no veis que lo que nos pasa, en todos los aspectos: laboral, familiar, amoroso, sexual,… no es “casual”, no es aleatorio, esos patrones que se repiten una y otra vez, una y otra vez, forma parte de un sistema, el patriarcado, un sistema donde ellOs, sobretodo quienesmás se aferran a sus privilegios, tienen las de ganar a nuestra costa. Cuando queráis abrir los ojos, cuando queráis de verdad ser libres, cuando os libréis de ese deseo eterno de ser el esclavo de la casa del amo, estaremos muchas recibiéndoos con los brazos abiertos.”

El baile del pañuelo

 

A veces algunas amistades me preguntan mi opinión sobre ciertas cosas, no sé si porque me consideran una “autoridad en el feminismo” (que con lo poco que me gustan las autoridades, ya les vale por otra parte), o porque pueda darles una “versión oficial” (como si no fuéramos una panda heterogénea y diversa y que además entendemos que así tenemos que serlo), o por poder poner fin a sus cuitas y dudas con una respuesta fácil: sí, siempre, por esto esto y esto, o no, nunca, por esto lo otro y lo de más allá.

Una de mis favoritas es cuando me preguntan por Femen. Pero eso irá para otro día. Mi super favo favo es la del hijab: el velo, la opresión de las musulmanas y todo eso. Y tras leer algún libro, varios artículos de Brigitte Vasallo, opiniones de musulmanas hijas o nietas de migrantes argelinos en Francia, escuchar y hablar a mujeres musulmanas con y sin velo, opiniones de feministas de países árabes con opiniones diversas sobre el velo, sobre su imposición, sobre su liberación a la fuerza, incluso sobre otras indumentarias como el Niqab, o el Burka, y largos larguísimos etcéteras, y que sigo con sumo interés, sólo he podido llegar a una conclusión con la que sentirme cómoda: no tengo que tener una opinión firme sobre algo que no me compete como feminista blanca, europea y cuya cultura es de tradición católica. Punto.

Me he desprendido de esa necesidad de tener una opinión desde lo alto, sobre cosas que no me pasan a mí directamente, no compete a mi cuerpo, no compete a mi libertad. Pero sí compete a muchas otras mujeres, a sus libertades, a que les impongan el quitarse el velo o ponérselo, a que esto las recluya en los hogares o les permita sentirse seguras por la calle. Hay mil puntos de vista, interesantísimos todos. Y yo lo más que puedo hacer es apoyar cuando haga falta. Pero no imponer visiones parciales, no juzgar como idiotas a otras mujeres, no aislar todo del contexto y ver si en ocasiones es útil o no.

Así que ahora cuando me preguntan, simplemente contesto que la única postura válida que puedo tener es seguir de oyente en el debate y que no soy yo la que tiene que “decidir” sobre algo que no me afecta.

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La obligación de las feministas

 

Situación tipo: sale una noticia en la cual un hombre ha sido tratado injustamente en un divorcio, separación o lucha por la custodia de la prole. Bueno, debería decir que ha sido PRESUNTAMENTE tratado con injusticia… porque ya que nosotras presuntamente morimos por presuntos hombres que “eran muy buena gente y saludaban en el portal”…(qué le haría la señora pa hacerle perder los nervios de esa manera, oye…en fin, que ya me voy por las ramas), que lo suyo también sea presunto, digo yo!.

Sale esa noticia, decía, y aparecen ochentamil hombres, y alguna mujer aplaudiéndoles, sobre  A VER SI LAS FEMINISTAS NOS HACEMOS ECO DE ESO, QUE ES UNA INJUSTICIA TERRIBLE QUE LE HA PASADO A UN HOMBRE. Y ese algo que les pasa es culpa de que las mujeres ahora tenemos el poder, ooooooorgh.

Y oye…ahí que yo les informo que:

1. Esas leyes vienen en su mayoría del código franquista, poco sospechoso de feminista.

2. Que las feministas no hemos participado nunca en la redacción del Código Civil, ni Penal ni de la Constitución.

3. Que las instituciones que aplican esas leyes tampoco han sido creadas por el feminismo.

4. En fin, que quien se empeña en decir que la crianza de la prole no es cosa suya, no somos las feministas (que ya nos gustaría que además de sacarlos al parque y jugar, se dieran cuenta que también es llevarles al médico, hablar con maestros, echarles alguna bronca, programar los menús, etc, y otras tareas que no son tan diver), es el Patriarcado. Por eso el franquismo creó unas leyes donde automáticamente las crías se quedan con la madre. Y donde en un alarde de protección de la familia, daba el hogar a la madre para que al menos cuando el hombre se fugara con la secretaria, pues no se quedase aquello inundado de amas de casa con hijos de los que el padre alejado emocionalmente se despreocupaba. Y un apunte: la custodia compartida empieza ANTES del divorcio…concretamente con el nacimiento de la criatura.

Pues oye, que se empeñan en que la culpa es del feminismo, y es más, que se cabrean como no lo coloques en prioridad de la agenda feminista!! pero vamos a  ver, no os dais cuenta???? que hay UN HOMBRE EN APUROS! Cómo es posible que no sea vuestra puta preferencia??? dejad de lado las 75 mujeres muertas de media al año en España! Dejad de lado la lesbofobia! Dejad de lado las leyes de titularidad de tierras que discriminan a las mujeres rurales! el cobrar un 30% menos! los despidos por embarazo! la precariedad laboral! la agresión sexual! DEJADLO TODO, QUE HAY UN HOMBRE EN APUROS! que hay un hombre que ha sido presuntamente (insisto, a que jode?) tratado injustamente, que es una buena persona y que está pagando el pato por unos pocos que son malos. Y al final se convierte en que es sistémico que los hombres sean oprimidos en los divorcios. Increíble, oigan. A esto se le llama Sobrevisibilizar la Excepcionalidad (y de paso, invisibilizar la norma).

Y oye, partamos de la base de que la injusticia no es presunta, sino que es real. Yo no quiero que un buen tío no pueda ver a sus hij@s. En serio, las feministas no deseamos arrebataros las crías. Insisto, es el patriarcado el que se ha empeñado siempre en que la crianza es cosa nuestra. Si os cabrea, que es legítimo, porque estéis descubriendo que la crianza es algo que os gusta, podríais uniros y trabajar CON las feministas CONTRA el patriarcado. En vez de andar intentando marcar nuestra agenda.

Y lo mismo para los hombres maltratados, que claro que existen y es terrible. Por favor, estamos muy ocupadas salvándonos nosotras mismas. Podríais hacer vuestro trabajo de una vez, uniros como hombres contra el patriarcado, contra la violencia, contra la injusticia y contra la desigualdad. Podríais, en fin, dejar de pensar que somos vuestras secretarias y estáis para dictarnos nuestras próximas tareitas.

En resumidas cuentas: hazte tu cena, plánchate tus camisas y lucha tus propias luchas, que las feministas estamos muy ocupadas, gracias.

 

me la SUDA

Querido padre, hermano, amigo, compañero, novio, follamigo, rollete, ligue ocasional y completo desconocido…

Me la suda tu opinión sobre mi cuerpo. Me la suda cómo te gusta una mujer. Me la suda que sea delgadita o que te guste con curvas. Me la suda que nos veas más guapas con el pelo largo, y me la suda que te guste mi pelo corto. Me la suda que te gusten las tetas grandes, o que te gusten “las tetas normales” y tu empeño en definirme “lo normal”.

Me la suda que te gusten los coños depilados, me la suda que prefieras “a lo natural”, me la suda que lo quieras recortado, o formando un corazón, o teñido de color. Me la suda, en fin, tu opinión sobre mi cuerpo.

Me la suda aún más que intentes explicar tu opinión sobre mi cuerpo basándote en lo natural que es para ti, como hombre, tener que dejar continuamente clara tu opinión sobre los cuerpos de las mujeres. Me la suda que la testosterona te provoque la necesidad de dejarme claro a cada momento quién está buena y quién no lo está. Me la suda y aun así, no deberías preocuparte: tu opinión está presente continuamente. Mil anuncios, mil carteles, mil películas, mil revistas, mil piropos callejeros, mil primeros comentarios sobre el aspecto de una mujer nada más conocerla, mil personajes femeninos de cómic, mil gritos de acoso escolar…

Por eso, en serio, no necesito tu opinión sobre mi aspecto.
Créeme, ME LA SUDA.

El Retorno de la Mística de la Femineidad

El conocido título de Betty Friedan hace referencia a la imagen de lo “esencialmente femenino”, que tanto se menciona en las revistas para mujeres, la publicidad y los libros de autoayuda. Se trata de es una horma moral, fabricada tras la Segunda Guerra Mundial y que pretende que todas las mujeres asuman como propia. Y que por cierto, tiene consecuencias muy negativas en la salud de las mujeres, como la propia Betty señala.

Es este un intento de devolver a las mujeres al hogar, exaltando sus cualidades como madres y amas de casa, que surge en un contexto determinado, después de haberlas animado con campañas publicitarias sobre la “nueva mujer” a cubrir los puestos de trabajo de los hombres que marcharon al a guerra. Esta mística ha calado hondo y ha limitado nuestra forma de percibir las relaciones de género, llevando incluso a ajustar las investigaciones a esa idea. Por ejemplo, Desmond Morris, en su obra “El mono desnudo”, publicado en la década de los 70, más que investigar, intenta encontrar las pruebas biológicas que ajusten en su modelo mental: familia nuclear, hombre cazador y mujer en la cueva con los retoños. Y desde luego, consigue “ajustarla” a esa idea, que en realidad viene a ser la consabida excusa del modelo que describe un hogar como aquel donde el hombre trabaja para conseguir el sustento y la mujer se queda “protegida” en casa y cuidando de los niños y el hogar.

Más tarde múltiples investigaciones han dejado claro que este modelo es falso [1] y que la familia nuclear procede de la Europa decimonónica [2]. No sólo existen tribus donde las mujeres también cazan, sino que las labores adjudicadas a hombres y mujeres varían enormemente de una sociedad a otra, siendo el significado cultural de “ser mujer” también variable. Por no mencionar que la recolección realizada en muchas tribus por mujeres también ha resultado ser para esencial la economía del grupo. El problema en realidad es que es un modelo creado por la burguesía, donde el marido consigue dinero para mantener a la familia y la mujer no sólo no trabaja, sino que tampoco debe ser ama de casa porque tiene sirvientes en el hogar. El modelo se convierte en inalcanzable para la clase obrera, ya que el sueldo que recibía el trabajador no era suficiente para mantener una familia. Pero la clave aquí está en que creyeron que debían aspirar a ese modelo.

Y sin embargo, seguimos rodeadas de ese halo, y no nos libramos ni desde sectores libertarios [3]. Desde el marxismo, ideología tampoco exenta de carga patriarcal por otra parte, ya se proponía que es el capitalismo el que nos ha entregado a las fauces del mundo laboral, lugar de explotación del hombre, pero aún menos apropiado para la mujer [4].

Esto es cierto y falso a la vez. Es cierto en lo que respecta a que el capitalismo ha impulsado la proletarización del mundo: alejados de los medios de producción, normalmente las tierras de cultivo, se vende la propia fuerza de trabajo, como ya quedara aclarado en El Capital, de Karl Marx. Pero es falso en lo que respecta a concebir el trabajo asalariado como aquél que sólo se da fuera de las puertas del hogar. Y en esta ocasión ni siquiera me refiero a los cuidados, tarea tan esencial para el mantenimiento del sistema capitalista [5]. Se puede ser trabajadora asalariada sin acudir a una fábrica o taller. De hecho, esta es una realidad laboral subestimada para millones de mujeres en el mundo. De hecho, en los albores del anarcosindicalismo, tampoco se prestó atención a organizar a las mujeres que trabajaban por encargo, o en el servicio doméstico, aduciendo que eran demasiado difíciles de organizar [6]. En cualquier caso, este modelo de trabajo asalariado, que claramente afectaba a las mujeres, fue obviado e invisibilizado.

Se trata del trabajo a domicilio que realizan por ejemplo las tejedoras de la India. Reciben en su hogar el material de trabajo y al cabo del tiempo estipulado, se pasa a recoger el producto de su trabajo. Esto redunda en pingües beneficios para el empresario que se vale de ellas (porque queda ridículo decir que las contrata): por un lado, no debe invertir en gastos de medios de producción, ya que son las propias trabajadoras las que los aportan, en forma de telares, máquinas de coser, etcétera; la atomización de las mujeres que trabajan de esta forma les dificulta la articulación de protestas por sus condiciones laborales, al no saberse cuántas son, exactamente quienes, etc. Son explotadas y además se desconoce su explotación, ya que no forman sindicatos, no se agrupan, y socialmente no se valora ni se reconoce esta labor. De hecho, desarticula el discurso tradicional, al disponer ellas mismas de los medios de producción. Pero sugerir que tienen el estatus de pequeñas empresarias o autoempleadas es un insulto a la inteligencia.

Y sin embargo, desde algunas filas del anarquismo se pretende que la crítica al capitalismo encaje con la mística de la feminidad [7]. Olvidando que ese “volver a los hogares” nunca fue del todo real, y menos para las clases trabajadoras, ni tampoco deseable, por que limita aún más la independencia económica de las mujeres. En Cataluña antes de 1900, donde el feminismo no había tenido oportunidad casi de aparecer, un 40-45% de trabajadores del textil eran mujeres [6]. Es decir, ya eran trabajadoras asalariadas. En este sentido, muchos sindicatos a mediados del s. XIX protestaban por conseguir un “salario familiar”, intentando copiar el modelo de familia nuclear de la clase burguesa, donde el hombre mantuviera con un solo sueldo a sí mismo, esposa e hijos [2]. Pero esto ha redundado, además de en que se conciba la familia nuclear como la natural y deseable, en una excusa para dar menor salario a la mujer ya que ella, supuestamente, no tiene que soportar la carga de la familia y lo hace para gastar ese dinero en caprichos banales; su salario puede ser menor [8].

Marvin Harris sugiere que el capitalismo fue el que nos sacó de casa al mundo laboral, o al menos en Norteamérica [9]. Sin embargo, las necesidades del capitalismo se pueden satisfacer de múltiples maneras y parece que la del trabajo asalariado y atomizado dese los hogares era realmente ventajosa para el empresario. Por lo tanto, Harris cae en el error de poner en el cambio económico todo el peso del cambio social. Sin embargo, esta es sólo una de las condiciones, necesaria pero no suficiente. Muchos otros factores son necesarios para que se dé este acceso de la mujer al mercado laboral fuera del hogar, como por ejemplo nivel de industrialización, oportunidades de educación, valores culturales relativos a la conducta femenina, roles sexuales, posición jurídica de la mujer, edad de matrimonio, etc. [2]. Pero el análisis clásico de la antropología marxista, al que pertenece Harris, también es esclavo de su propio marco cognitivo: no son ni trabajadoras asalariadas al uso ni amas de casa, por eso escapa a su posible análisis.

Lo cierto es que las luchas feministas tuvieron mucho que ver en el acceso al mercado laboral público, al cambiar ante todo los valores culturales y los roles de género, así como la posición jurídica de la mujer. Pero también es cierto que esto fue especialmente relevante para la mujer blanca de clase media, ya que otras identidades y tipologías no fueron abordadas desde esos feminismos primigenios (feminismo negro, feminismo de clase obrera, etc) [10]. De otro modo, no se explica por qué el capitalismo adopta formas sociales y de relaciones de género tan diversas a lo largo y ancho del planeta [1, 2]. Las soluciones para el capitalismo no son únicas. Echarnos la culpa a las mujeres de apoyarlo con nuestra salida al mundo laboral público, responde más a mecanismos patriarcales asentados en lo más hondo de nuestro cerebro: sí hombre, encima el desarrollo del capitalismo va a ser culpa nuestra!. Asimismo, el anarquismo también hizo interesantes críticas y aportaciones al feminismo, sobretodo añadiéndole la perspectiva de la lucha de clases, críticas y análisis del poder, etc. [6]. En cualquier caso, este acceso al mundo laboral era también una de las premisas fundamentales de Mujeres Libres, que lo entendían como elemento fundamental de la emancipación femenina, permitiéndoles ser y sentirse miembros productivos de la sociedad, y por el que pedían “igual salario a igual trabajo” [11].

Pero además, es el patriarcado el que consigue que muchos empresarios prefieran para sus fábricas y talleres a las mujeres: ellas están acostumbradas a la dominación y son educadas en la sumisión, por lo tanto, serán menos proclives a alianzas laborales contra el empresario y responderán mejor a su disciplina. Amén de que resulta más barata al ser considerada como menos válida que el hombre [12]. En general, el trabajo femenino se concibe como inferior simple y llanamente porque es realizado por mujeres y así la trabajadora lleva ese estatus inferior contagiándoselo al puesto de trabajo [13].

Aun así, también existen buenos ejemplos de lo contrario a la “típica docilidad femenina”: en 1918 se produjo lo que se conoce (aunque poco, probablemente por sesgo sexista), la “guerra de las mujeres de Barcelona”. De un lado, las huelgas generales surgidas en talleres y fábricas, y del otro, esta guerra de mujeres surgida desde los barrios con fines comunitarios, debido a la escasez que se vivía tras la I Guerra Mundial [6]. Estas mujeres instaron a las obreras a la huelga, requisaron víveres en tiendas de alimentación, y se manifestaron en mercados y plazas públicas, protestaron por los alquileres, el empleo y un largo etcétera. En total, estas revueltas duraron 6 semanas, y empresarios y funcionarios se sintieron atemorizados por la radicalidad y tenacidad de las mujeres que en ella participaron [14]. Así como el importante papel que jugaron en la Semana Trágica, según Lola Iturbe [6]. Este momento histórico ha sido poco conocido, inclusive desde la propia historia de las revueltas sociales españolas, y sin embargo las mujeres, de forma casi espontánea, se levantaron bajo premisas bastante libertarias: unión solidaria, acción directa y autogestión. Por no mencionar el impulso que tuvo de las mujeres la Revolución Rusa de 1917 [15]. Y sin embargo, machaconamente desde algunas filas nos persiguen con “el gen conservador de la mujer”. Pero aunque los sindicatos no fueran a organizar a todas esas mujeres, porque sus características laborales no se correspondían con el concepto clásico y con clara perspectiva masculina de trabajador asalariado, ellas se organizaron. Y entre las que acudían a centros de trabajo, muchas son las que participaron en numerosas huelgas del textil (Sabadell 1910, La Constancia de 1913, Reus 1915, Barcelona 1916), y

aunque las reuniones para tratar lo referente a la huelga eran presididas por hombres, la participación de las mujeres consiguió que esa huelga saliera de los centros de trabajo, recorriendo barrios populares y plazas. Conocidas fueron también las huelgas de alquileres en aquella época en varios países de Europa y Norteamérica. Así que debería ser la hora de desterrar de nuestro imaginario la figura de “mujer como ente contrarrevolucionario”. [16]Nadie sugiere que el trabajo asalariado nos haga libres. Pero el trabajo asalariado no se da sólo en lo público, y eso es algo que nuestra venda en los ojos nos impedía ver. Y la alternativa que nos espera no puede ser en ningún caso volver bajo el dominio de nuestro padre o marido. Para muchas mujeres casadas trabajar fuera del hogar es la forma de aumentar su independencia económica y social frente a su marido [17]. Y desde luego, la esposa de un anarquista que dependiera económicamente de éste no estaba en mejores condiciones, como dejaron claro Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y demás Mujeres Libres [18].

Es decir, que ese intento de devolver a la mujer a su papel de amante esposa y madre, beneficia como siempre a los de siempre. Y desde el anarquismo ya Mujeres Libres plantearon una buena y fundamentada crítica hacia el capitalismo y el patriarcado, sin tener que caer en feminismos burgueses, pero tampoco en mistificaciones patriarcales obreristas. Igual basta con desempolvar sus escritos.

 

[1] Martin Casares, A. (2006). Antropología del género. Editorial Cátedra.

[2] Moore, H. L. (2004). Antropología y feminismo. Editorial Cátedra.

[3] Prado Esteban, M. En buena parte de sus artículos. A modo de ejemplo, cito

[4] Reiss, E. (2000) Marx y el género. En Una Guía para entender a Marx. Editorial Siglo XXI.

[5] Puleo García , A. (2011). Ecofeminismo para otro mundo posible. Editorial Cátedra.

[6] Ackelsberg, M. (1991) Mujeres Libres: El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres.

[7] Prado Esteban, M. LAS MUJERES Y LA REVOLUCION, Reflexiones en el 8 de marzo. Disponible en su blog prdlibre.blogspot.com.es

[8] Joekes, S. (1985) Working for lipstick? Male and female labour in the clothing industry in Morocco. En Moore, H. L. (2004). Antropología y feminismo. Editorial Cátedra.

[9] Harris, M. (1981). La cultura norteamericana contemporánea: Una visión antropológica.

[10] bell hooks (1984) Mujeres negras, dar forma a la teoría feminista.

[11] “El trabajo”. Mujeres Libres, 13.

[12]Beechey, V. (1978). Women and production: a critical analysis of some sociological theories of women’s work. En Moore, H. L. (2004). Antropología y feminismo. Editorial Cátedra.

[13] Philips, A. y Taylor, B. (1980). Sex and skill: notes towards a feminist economics, Feminist review 6:79-88.

[14] Kaplan: Female consciousness and collective action, esp. 560-564:

  • Golden, L. (1981) Les dones com avantguarda. El rebombori del pa del gener, 1918, L’avenç, 44.
  • Ackelsberg, M; Breitbart, M.B. (1987) Terrains of protest. Strikin City Women. Our generation, 19-1.

[15] Engel, Barbara Alpern. Las mujeres en Rusia, 1700-2000. Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2004, 133-35.

[16] Huelga general de Lawrence (USA). http://en.wikipedia.org/wiki/1912_Lawrence_Textile_Strike

The Rent Strike to Bloody Friday:

[17] Ibrahim, B. (1985). Cairo’s factory women. En Moore, H. L. (2004). Antropología y feminismo. Editorial Cátedra.

[18] Numerosos ejemplos como:

  • KIRALINA [Lola Iturbe] (1935): La educación social de la mujer, Tierra y Libertad, 1; 9.
  • Mercedes Comaposada en una entrevista en París, en enero de 1982. En Ackelsberg, M. (1999). Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Ed Virus.

 

esto me lo publicaron en http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/21275
y ha rebotado por ahí

De mujeres, violencias, ejércitos y mando.

No debería extrañar a nadie que nosotras, que no tenemos un vínculo intrínseco especial con el amor, la paz y la generosidad, seamos capaces de los mayores abusos de poder, tiranía y violencias. No debería sorprendernos, pero sorprende, porque se ve que aún nos creemos que de forma esencialista, nosotras somos las dulces. Cuando una mujer soldado comete una atrocidad, parece que sea todavía más grave, porque le pesa encima el no comportarse como mujer y mostrarnos continuamente que somos tan iguales en valores masculinos si nos lo proponemos: los positivos, y los negativos.

El feminismo de la igualdad, en los albores del feminismo, nos insistió en que podíamos convertirnos en eso, que podíamos ser como hombres. Y es verdad, podemos, para bien y para mal. El de la diferencia nos hizo plantearnos si eso era lo que se pretendía. Si en realidad valoramos como positivos todos los atributos que se le asignan al varón. Si en realidad no sería aconsejable, no sólo para nosotras mismas, sino para una sociedad más justa, revalorizar algunos atributos femeninos.

Dejando de lado ciertos feminismos esencialistas, con los que no comulgo, pues se me complica conjugarlo con la crítica al binarismo sexual, entre otras cosas, no se pretende que nosotras seamos mejores. Sino que para una auténtica liberación social, no hemos de pretender cometer los mismos errores que los hombres, como colectivo, cometieron [1].

Dentro del apartado de la soldadesca, Claudio Azia, [2] nos recuerda en “El paradigma del soldado”, que “Los soldados en todos los tiempos de la humanidad debían y deben ser racionales, fríos, poco afectuosos, sometedores con sus víctimas, tener capacidad de mando, dominadores y capaces de urdir planes y estrategias de supervivencia, valientes, exitosos y competitivos.” Para facilitar el asunto, todos los hombres han de asumir este estereotipo, pasándose este relevo cultural a través de los siglos, manteniéndose hoy día este modelo para juzgarse hombre hecho y derecho.

Emma Goldman, en su texto El sufragio femenino, expresaba que La guerra, ese insaciable monstruo, despoja a la mujer de todo lo más querido y lo más precioso. Le arranca sus hermanos, sus amantes, sus hijos y a cambio recibe una vida de soledad y desesperación. Y aun así, la gran defensora y adoradora de la guerra es la mujer. Ella es la que infunde el amor a la conquista y el poder en sus hijos […] es la mujer quien corona al victorioso al volver del campo de batalla. Esto se explica gracias al papel vertebrador de la mujer en la estructura social: es la mujer la encargada de los cuidados y quien debe inculcar los roles a los niños. De igual modo que son los padres obreros y sirvientes quienes inculcan a sus hijos, las futuras masas explotadas, que deben obedecer al patrón y ser buenos y obedientes, la mujer es la que educa a la niña a ser una buena esclava.Que el oprimido asuma como normal su opresión y se resigne a ella es la clave para el mantenimiento de todo orden social. Las jerarquías hacen que algunas personas dependan de otras, culpan a los dependientes por su dependencia y luego utilizan esa dependencia como justificación para el ejercicio de la autoridad [3]. De esta forma, la lucha por la liberación femenina lo que siempre ha buscado es que la mujer rompa sus propias cadenas, consciente de que esto será lo que genere la reacción en cadena en la aculturación social.

El militarismo no es algo que pueda ser ajeno al patriarcado, ni al capitalismo, y un auténtico feminismo liberador es el que derriba toda posibilidad de columna vertebral de ambos: militarismo y capitalismo: “El militarismo es inherente al patriarcado y lo refuerza cuando introduce la visión del mundo en los valores patri-militares, existiendo una relación clara entre lo aprendido en los ejércitos (a través de su estructura, normas, valores) y lo vivido en la casa, poniendo a los varones en la obligación de trazar un paralelismo para así ser legitimados. El patriarcado promueve la educación de los varones como soldados, dentro de la misma cultura, exigiéndoles el sometimiento a dicho paradigma, promoviendo y hasta avalando las diferentes faltas de respeto hacia todos aquellos que disientan con dicho sistema” [4].

La construcción de la identidad de género se construye desde la infancia, impregnando desde toda institución y relación social posible la mente de l@s adoctrinad@s, para que asuman rápido y claramente los atributos de su sexo, forjando así su género (sexo cultural).  Los niños son inducidos a competir antes que compartir, para poder ser hombretones el día de mañana. Las niñas son impelidas a ser generosas, calladas, amables y dulces. Pero no debería alegrarnos que estos modelos se decontruyan meramente en pos de que las niñas también sean educadas en la competición antes que en la colaboración, en la agresión antes que en el entendimiento. En ese caso, estaremos permitiendo una debacle social.

Si bien Irene Castillo y Claudio Azia exponen que es a partir del siglo XX cuando las mujeres comienzan a formar parte importante del engranaje militar [4], lo cierto es que el séquito de mujeres que acompañaban a los hombres a la guerra parece haber sido más habitual de lo que nos permite el imaginario fílmico al respecto [5]. En cualquier caso, las mujeres apoyaron siempre en la retaguardia o acompañando a los ejércitos. Lo cual no nos convierte en mejores ni mucho menos, pero sitúa el punto de partida en un nivel diferente, ya que no es la incorporación de la mujer al ejército como una traición a su sentido esencial de “dadora de vida” al acudir al ejército cuya función esencial es, por muy “humanitario” que se pretenda, la matanza. Su sentido es otro, el error no es de las mujeres al querer entrar en el ejército, es de la sociedad entera por no querer salirse de él.

Actualmente, se produce más claramente la integración de la mujer en el marco autoritario y militar, convirtiéndolas “no sólo objeto, sino también sujeto y protagonista de la exclusión social” [6]. Mediante este proceso, una minoría de mujeres se integra en estas organizaciones de poder, asumen valores y comportamientos típicos masculinos, pasando así a ser sujetos de dominación, también de las mujeres. El militarismo admite estratégicamente a la mujer en el ejército y en estructuras de poder, pero a cambio de que sea una mujer masculinizada, de que obvie cualquier planteamiento de solidaridad no sólo con otras mujeres, sino con otros colectivos oprimidos por este autoritarismo [4]. Algo similar ocurriría con la utilización de los migrantes en ejército, que han de dejar de lado identidades y conceptos que puedan ser molestos para el planteamiento militar, así como la solidaridad con otras víctimas del imperialismo que apoyan. Teniendo que las mujeres como género están sometidas a la opresión patriarcal y a la sumisión ante los hombres, política y públicamente, muchas son las que en lugar de oponerse, aceptan ciertas prebendas con tal de subir escalones [7]. La mezquindad humana no tiene límites, y ejemplos de este tipo los encontramos en toda ocasión: ejemplos de judíos aceptando ayudar a los nazis para entregar a otros judíos, jefes de tribus indígenas vendiendo a sus jóvenes como esclavos, mil traiciones en las vísperas de huelga en fábricas y talleres, y un largo etcétera que a fuerza de repetirse no debería ni extrañarnos. Pero parece que sobretodo extraña, duele e indigna, cuando es la mujer la traidora, como si ella debiera llevar grabado más a fuego lealtad alguna a su identidad femenina, a su condición social de ser dulce y amoroso.

Pero frente a esto, no todas las feministas aplauden tontamente la entrada de la mujer al ejército, como parece insinuarse últimamente con tantas críticas “al feminismo”, como si sólo existiera uno y como si hubiera hecho más por afianzar los cimientos del capitalismo y su brazo armado, que ningún otro proceso histórico de acumulación primitiva [8]. Recordemos que muchas son las organizaciones de Mujeres Feministas que se oponen a todos estos procesos de normalización del ejército, maquillaje humanitario y demás: Mujeres Objetoras de Conciencia del Paraguay, Mujeres de Negro, Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, las Viudas de Guatemala o las Madres de El Salvador y un larguísimo etcétera de representantes del feminismo pacifista y antimilitarista.

Desde el poder, se pretende despojar al feminismo (o feminismos) de todo sentido, creando un feminismo institucional no sólo descafeinado, sino claramente contraproducente [9]. Esto es porque desde el poder no se pueden aceptar unas teorías que asumidas sin tapujos comprometen las relaciones mercantiles y tambalean el capitalismo, tal y como se proclama desde los ecofeminismos y la crítica a la larga cadena del trabajo de cuidados. Esta crítica al sistema económico, pero también a su forma de estudiarlo y asumirlo, viene de la economía feminista, y es totalmente incompatible con el poder, con los mercados y con el capitalismo, precisamente porque pretende colocar la vida y las relaciones afectivas en el centro, desplazando el lugar central que ocupa el mercado, destruyendo los límites aplicables al concepto de trabajo [10, 11]. Algo inconcebible por la economía capitalista, donde no se produce lo que necesitan las personas, sino lo que produzca beneficios, y de este modo, es lo mismo producir medicinas o bombas [12]. Y sin embargo, es necesario recordar que esta perspectiva, la que incluye la necesaria y fundamental carga no remunerada para el desarrollo del capitalismo, ha sido tantas veces olvidada en los análisis críticos de la economía, empezando por el marxista. [10,11]. Pero es precisamente el discurso incompatible con el capitalismo el auténticamente anti-militarista, pues éste se mantiene a costa de la centralización financiera y control por parte del estado [13, 14]. Atacar sus cimientos, poniendo de relieve la economía femenina sumergida, las relaciones de poder entre hombres y mujeres, poner al descubierto la externalización que se produce continuamente con la satisfacción de las necesidades, la larga y global cadena de cuidados, es fundamental para acabar con el capitalismo. Negar que este tipo de relaciones desiguales tenga lugar, es potenciarlo.

Esta perspectiva, poner la vida en el centro y la satisfacción de necesidades como lo primordial, confronta claramente con la pretensión de que la liberación femenina pase por la entrada de la mujer al ejército. No porque creamos que “no podrá”, no porque creamos que “no es su lugar por ser mujer”, sino que “no es su lugar por ser humana”. La intención cuando hablamos de liberación, es otra: queremos que las personas no ocupen ese lugar. Parafraseando a Petra Kelly (si bien no estaremos de acuerdo con muchas otras actividades de esta mujer, desde luego esta frase es relevante a lo que decimos): No debería haber ninguna mujer en el ejército. Saquemos de ahí a los hombres!.

Por lo tanto, acusar al feminismo de ser el impulsor del ejército es una de las mayores tergiversaciones posibles, precisamente porque existe una relación clara y profunda entre militarismo, degradación ambiental y sexismo [14, 15]. Ahondando en el carácter claramente patriarcal del ejército, no se puede negar tampoco la relación entre militarismo y control de natalidad. Las mujeres, como reproductoras (ya sea de la fuerza de trabajo, ya sea de la soldadesca), tenemos que ser controladas por un ente externo, que impida que decidamos sobre nuestros cuerpos, nuestros ciclos vitales y nuestras aspiraciones. Esto va íntimamente ligado a la penalización del aborto en las sociedades más militarizadas [16]. Es, pues, incompatible defender la liberación femenina (es más, la liberación humana), con la entrada en el ejército de la mujer; con el negarle el derecho al control reproductivo (que va desde el uso de anticonceptivos hasta el derecho al aborto); y aún más, con la negación de que sigue manteniéndose una profunda estructura patriarcal y misógina que sostiene el capitalismo y lo vertebra. Negar todo esto es caminar en una dirección que nos aleja del cometido real, que es el de una sociedad más justa, donde lo principal sea la satisfacción de necesidades de las personas, donde la mujer no sea el único eje que soporta los trabajos de cuidados, sino que estos sean el fundamento social, compartido entre tod@s. Sino, a lo más que aspiramos es o a un capitalismo de Estado, siendo explotados en una economía productivista dirigida por “camaradas revolucionarios”, o a una sociedad eco-machista, donde perduren relaciones de poder y sea la mujer la que permanece maniatada en sus aspiraciones propias por el “deber femenino de cuidar de los demás”, que ni es tan histórico ni tan natural. El cuidado de las personas se repartía y realizaba de la comunidad para la comunidad y el apoyo mutuo entre todos sus miembros es a lo que debemos aspirar, sin relaciones de poder, por la satisfacción de las necesidades de los individuos, desde lo social, en libertad y armonía. Puede que en el proceso de librarnos de la dominación de padres y maridos hayamos caído en las brasas de la dominación del mercado. Pero la solución nunca será volver atrás, al fuego anterior. Sólo queda seguir caminando por la liberación de todas y todos.

[1] Goldman, Emma. La palabra como arma. Recopilación de textos editada por LaMalatesta – Tierra de fuego.

[2] Azia , Claudio (2011). “El paradigma del soldado”. IV Coloquio Internacional sobre Estudios de los Varones y Masculinidades. Montevideo.

[3] Entrevista a Azuzena Fdez Barba, por Martha Ackelsberg en 1981, Perpignan.

[4] El Militarismo: ¿un refuerzo a la ideología patriarcal? Disponible en http://periodicoellibertario.blogspot.com.es/2012/05/el-militarismo-un-refuerzo-la-ideologia.html#more

[5] Las Mujeres y el Ejército, de la edad antigua a hoy. Tertulia en el Centro de Estudios de la Mujer (CEMUSA). Disponible sinópsis en http://mujeres.usal.es/index.php?option=com_content&task=view&id=307&Itemid=78

[6] Lagarde, Marcela (1995). Género y Poderes. Heredia: Instituto de Estudios de la Mujer. Universidad Nacional Autónoma.

[7] García de León, María Antonia (2011). Cabeza moderna, corazón patriarcal. Anthropos

[8] Federici, Silvia (2011). Calibán y la bruja. Traficantes de sueños.

[9] Como el ejemplo que nos muestra el grupo Tortuga, grupo antimilitarista Elx-Alacant, Disponible en http://www.grupotortuga.com/Cuantas-mas-mujeres-esten-en-el?var_recherche=mujer%20y%20ejercito

[10] Orozco, Amaia (2010). Diagnóstico de la crisis y respuestas desde la economía feminista. Economía Crítica, 9.

[11] Pérez Orozco, Amaia y del Río, Sira (2002). La economía desde el feminismo: trabajos y cuidados. Rescoldos, noviembre. Disponible en http://www.ecologistasenaccion.org/article13104.html#nb2-1

[12] Río, Sira del (2000). Mujeres, globalización y Unión Europea: algunas reflexiones. Disponible en www.nodo50.org/caes

[13] Hernández, Jose Ángel (2012). La sacralización del ejército en las sociedades humanas. Disponible en http://www.grupotortuga.com/La-sacralizacion-del-ejercito-en?var_recherche=mujer%20y%20ejercito

[14] Dossier mujer y militarismo 1991, MOC  Disponible en http://www.mujerpalabra.net/activismo/mujeresmocmadrid/dossiermujeryantimilitarismo.pdf

[15] Hartmann, Betsy (2006). Género, militarismo y cambio climático. ZNet Commentary. Disponible en http://www.wrm.org.uy/boletin/107/Genero_Militarismo.html

[16] Zajović, Staša (1990) Derechos reproductivos [y construcción de la guerra]. Artículo presentado en la Sexta Reunión Internacional Mujer y Salud (Manila), en noviembre de 1990 y publicado en inglés en la revista Reproductive rights (Amsterdam). Disponible en http://www.mujerpalabra.net/activismo/pacifismo/pacifismofeminista/stasa_derechosreproductivos.htm

 

esto además me lo publicaron en http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/21755
además de otros muchos sitios! parece que ha gustado ^^

Inconquistable

 

de mi blog “artístico”: Artítesis, http://www.mundolibertario.org/artitesis/2015/05/02/inconquistable-2/

Lo pongo por aquí también :)

 

Me declaro aquí y ahora Inconquistable,
Íntegra, invencible e indomable.

Impermeable a los cantos de sireno,
sorda a las falsas promesas,
ante los engaños, serena .
Imperturbable a los galantes.
Insensible a los galanes,
a sus halagos, versos y desplantes.
Mi mejor amiga, compañera y amante,
Indolente, indiferente e irreverente
al orgullo machito, negligente.
Autónoma, emancipada y consciente.
Interdependiente, sí
pero en bajarme la luna, autosuficiente.

Me declaro aquí y ahora Libre,
Sola dueña del camino que me labre

Mujeres y Salud

Podemos pensar que hoy día hemos alcanzado ya la igualdad, (otra cosa es que pensemos si el igualarnos a unos hombres esclavos era nuestra meta), y que todo está ya conseguido. Sin embargo, si miramos un poco más fijamente, queda mucho por caminar. Y en el aspecto de la salud, esto parece ser todavía más claro. Las mujeres tenemos cierta prevalencia mayor (por situaciones psico-sociales aunque también por causas biológicas) de algunas enfermedades. Sin embargo, todo en el sistema sanitario está visto bajo el prisma androcéntrico.  E incluso hay estudios que muestran un trato diferencial hacia homrbes y mujeres aun con una batería de síntomas muy similar. Ellas, no lo dudéis, serán siempre las quejicas.

 

En este informe, se realiza un estudio sobre al morbilidad diferencial por género

http://www.salutxdesenvolupament.org/files/Morbilidad_invisble_y_cooperacion.pdf

 

Copipego algunos fragmentos:

 

[Si miramos el mundo en su globalidad el riesgo de mortalidad precoz más elevado en este
momento en el mundo es la muerte por complicaciones durante el embarazo, o el parto o el
aborto.
[…]

A lo largo de la vida de las mujeres existen muchos trastornos que son mucho más predominantes
en el sexo femenino que en el masculino y que se relacionarían precisamente con sus diferencias,
con la menstruación y con el estrés que produce también trastornos de la menstruación o con su
tendencia a presentar más enfermedades endocrinológicas y autoinmunes
[…]

Los factores medioambientales pueden tener efectos directos en la salud reproductiva de los
individuos y debido sobre todo a que la mayoría de productos químicos medioambientales
acostumbran a ser disruptores hormonales o disruptores endocrinos que alteran profundamente el
ciclo menstrual en las mujeres y alteran por lo tanto los parámetros de salud reproductiva. Entre
los productos que se supone que pueden producir alteración endocrina, llamados disruptores
endocrinos hay al menos casi 84 pesticidas y plaguicidas que entre ellos el DDT, el lindano, el
vinclozolín, la dieldrina, la atracina, algunos piretroides y el malation que pueden producir
alteraciones en el sistema nervioso central, en el sistema respiratorio, en el sistema endocrino,
sobre todo en la mujer, afectan a la hormona de crecimiento y pueden también afectar a largo
plazo la mitocondria produciendo alteraciones de cansancio, capacidad de concentración…

[…]

El hecho de que exista una prevalencia diferente entre mujeres y hombres entre algunas
enfermedades, como el hecho del efecto diferente de los impactos y contaminación
medioambiental entre los dos sexos, no eran conocidos por la medicina hasta la última década]

Y en este vídeo (en catalán) Lucía Artazcoz, integrante de la Red de Investigación en Salud y Género, hace un interesante resumen sobre los punto sprincipales de esto:

 

Para que lo entendamos tod@s:

Las mujeres, por causas fundamentalmetne sociales, tenemos más riesgo de sufrir ansiedad o depresión. Esto tiene mucho que ver con la doble jornada laboral, las exigencias hacia el sexo femenino, etc.

Por causas biológicas, como que tenemos un 15 o 20% más de grasa corporal, almacenamos más ciertos químicos tóxicos liposolubles, como son los disruptores endocrinos, tan comunes entre los agrotóxicos.
Existen también ciertas enfermedades o patologías que en nosotras se manifiestan de forma distinta, como puede ser un ataque al corazón. Y sin embargo, el protocolo se basa en el caso masculino.

Por no hablar de que las pruebas de los medicamentos se realizan fundamentalmente en varones, con el gran sesgo que eso resulta para la efectividad o frecuencia de efectos secundarios en las mujeres.

Resultado? el sistema de salud nos olvida…

ÚTEROS DE PROPIEDAD ESTATAL

Una nueva Ley de aborto en España: proponen una Ley de “casos”…que alguien evalúe caso por caso si una mujer puede o no abortar. Podrían haberlo llamado “Ley de lista de espera tan larga que ya sabes que no vas a abortar ni de coña”. Vamos, el truco es ir haciendo el proceso tan lento, que se te pasa el plazo y así te toca tenerlo.

Añadimos que no se podrá señalar como causa una grave malformación del feto. Esto unido a los recortes de ayudas a la dependencia y la invisibilización de las labores de cuidados,  supone un ataque claro a las libertades de las mujeres en este país de charanga y pandereta, de la Europa de chichirinabo (o de chichirinobel). El señor moderado del PP pretende que continuemos nuestro embarazo pariendo a un pobre bebé que sufrirá bastantes problemas y que necesitará tratamientos y medicamentos (a saber de qué sanidad pública), que tendrá unas necesidades educativas especiales (a saber de qué educación pública), y de ayudas a la dependencia (a saber de dónde). Tenemos que aguantar además ser las cuidadoras así, porque sí, representando el equivalente a  1/3 del PIB de forma invisible sobre nuestros hombros, sin rechistar. Si encima nos queda mantener el resto de roles que nos tocan, a mi me resulta como un llamamiento a que volvamos a ser Brujas, porque yo sin hacer magia, no me lo explico.

Esa supuesta violencia estructural que existe  y que hace que las mujeres no podamos ser mamás (que además es nuestra sempiterna misión) no sé cómo se puede arreglar desde una reforma de la Ley del aborto. Si una mujer quiere ser madre pero no puede, normalmente el primer factor señalado es el económico. ¿Cómo va a permitir la Ley del aborto solucionar esa violencia estructural? ¿Permitiendo el aborto hasta los 80 años, de directivos de banca, mandatarios y politicastros? Es la única que se me ocurre.

Pero además, por lo visto, esa importancia de la maternidad para la realización personal de una mujer, actúa sólo en mujeres heterosexuales con pareja: Resulta que los consejeros han considerado eliminar de los tratamientos de fertilidad a las lesbianas y a las solteras.  Y para  más inri, afirman que es por motivos técnicos y no ideológicos.

Yo no lo comprendo: Si una mujer tiene problemas de fertilidad va a necesitar el mismo tratamiento sea lesbiana, soltera o emparejada heterosexual.  Si el tratamiento que recibe una mujer “debidamente casada” (que es lo que les falta decir) es necesario por problemas de fertilidad del hombre…el tratamiento es exactamente el mismo que el de una mujer soltera o lesbiana: introducirle esperma viable. ¿De qué tecnología hablan?

Me figuro que el problema radica en que tengamos esa manía de hacer lo que nos de la gana con nuestra maternidad. Las mujeres tenemos se impulso auto-libertador a lo largo de la historia, que obviamente, da problemas Técnicos al capitalismo. Ese es el auténtico problema tecnológico de que la maternidad sea libremente elegida.

Lo importante es que nuestros úteros sea propiedad estatal o de la iglesia. Tanto gusto por su propiedad privada, pero mis entrañas han de ser de utilidad pública. Tanta inquina contra los servicios públicos, pero mi útero tiene que convertirse en uno.

Ganas entran de hacer Huelga de Vientres, para no daros ni más esclavos, ni más soldados.

Flaco favor

Imaginemos el caso de un hombre que tiene un accidente y choca su coche, pero por líos del seguro, va y denuncia que se lo han robao y luego se demuestra que no era así. Esto queda como algo anecdótico, aaay que pilluelo. Seguro que si es una mujer, esto serviría como demostración de lo que nos gusta denunciar falsamente a las mujeres. Qué hago yo con mi tiempo libre? me lo paso abortando y poniendo denuncias falsas, del delito que sea: violación, malos tratos, … lo importante es que disfruto, y si puede ser jodiéndole la vida a algún tío, claro, puestas a denunciar.

Una chavala se encuentra llorando en la calle tras la feria de Málaga. No es que haya ido a sangre fría a comisaría con todo su rollo ahí montao, sino que se la encuentran tirá y llorando y le hacen exploraciones y tiene desgarros. Y además unos tipos la han grabado y como poco, están humillándola con la posibilidad de atentar contra su libertad sexual. Pero aquí lo importante es que 5 cabrones no se coman una denuncia de violación si no fue realmente violación. Lo importante es que a los machotes “no les jodan así la vida”. Yo no sé por qué resulta peor la violación que humillar y atentar contra la libertad sexual de una mujer, en ese caso, me la suda el delito,estos son unos cabrones y algo hay que hacer con ellos y no ir a aplaudirles a las salidas del juzgado, que bien lo que se dice bien no se han portado.

Pero lo fundamental no es el riesgo de agresión sexual, lo fácil que es joderle la vida sexualmente a una chavala, amenazarla con publicar sus fotos, etc. Ni siquiera es que oye, y si publican las fotos de una mujer teniendo sexo, por qué es horrible para ella y no para el hombre?? no no, la clave aquí es que los machos corren el tremendo riesgo de ser denunciados falsamente.

Todos a una, os corre por al espalda ese falso miedo a “ser denunciados falsamente”. Qué terror… nosotras toda la vida sufriendo el miedo a ser asesinadas, agredidas, violentadas, insultadas, humilladas… pero lo importante es ese 0,005% de denuncias falsas (de malos tratos, por cierto, denuncias falsas por violación desconozco el dato, pero juraría que son aún menos). Lo importante es que es injustísimo que alguno de vuestros colegas una vez le amenazó la Mari, que es una cabrona manipuladora, con denunciarle y hacerle pasar la noche en calabozos.

De las 70 muertas al año, no falsamente, de las 1.160 violaciones anuales, de todo esto, como estamos más acostumbraditxs, de las nosecuantas que habrá de violaciones de la intimidad sexual, publicando fotos íntimas, etcétera, parece que ni fú ni fá. Lo importante es defender a capa y espada que “no no, si no es violación, muy mal muy mal porque flaco favor le hacen al resto de mujeres violadas”.

Flaco favor al resto de mujeres nos hacen los tíos que nos violan, los que después de sexo consentido abusan de nuestra confianza y nos amenazan con la humillación de publicar nuestras fotos. Flaco favor sois los machos que os centráis en eso. Que una chica llore en una acera y a la que viene la policía a preguntar ella intente joderle la vida a esos cabrones, que le han dejao a ella la vida muy jodida, y lo haga como se le ocurra en ese momento, a mí no me parece tan terrible…

Nos quiero ruidosas

No sé si os habéis dado cuenta, pero los códigos de buen comportamiento y estilo para las mujeres pasan por no hacerse notar: No debes reír muy fuerte, ni hablar muy alto, debes permanecer ocupando poco espacio, encogiendo los hombros, siendo lo más delgada posible (y sabes que siempre puedes serlo más…), cruzando las piernas y en general, “siendo discreta”. Para los hombres, es todo lo contrario, símbolo de fuerza y presencia.

Además de patriarcal, es tremendamente clasista, ya que si no cumples con todo esto se te tacha de “chabacana”, que viene a ser lo opuesto a “mujer con clase” (aunque en mi opinión, las desclasadas son ellas).

Hace poco he descubierto que para saber andar con tacones, por lo visto no basta con calzarte unos tacones, mantener el equilibrio y avanazar a un ritmo razonable. Además de todo eso, tienes que hacerlo “sin que suenen”, sin hacer ruido, que es lo glamouroso, la imagen de mujer elegante. Para lo cual, hay que practicar. ¿Alguien me explica en qué lógica cabe un calzado que claramente es más ruidoso y que la lógica social del buen gusto sea “saber andar sin que suene”? ¿Y quién hostias tiene tiempo para practicar eso? ¿Y a quién hostias le compensa perder tiempo en esa chorrada? Eccola! Las mujeres ricas.

Lo cual aúna perfectamente el machismo y el clasismo: los hombres ricos muestran su estatus a través de la posesión de mujeres bellas, jóvenes y “bien educadas”. Bien educadas no quiere decir agradecidas, amables, o que saben pedir disculpas cuando toca. Bien educada quiere decir que sabes qué tenedor va con cada tipo de plato, qué vino marina bien con qué comida, y, por supuesto, andar con un libro sobre la cabeza y que no se te caiga. Y andar con tacones sin hacer ruido. Mientras que a los hombres, de traje, con esos zapatos que parecen de bailar claqué, no se les pide ni exige socialmente que el saber estar sea “andar de puntillitas”, o “no hacer ruido al pasar”.

No es que sea muy amiga de los tacones, pero (muy) de vez en cuando me da por ahí, sobretodo si no sabes si te van a tirar del garito donde se celebra un cumpleaños por el calzado. Y tú vas ahí andando y te suelta el compañero “si quieres, te puedo enseñar a andar con tacones; tienes que ir como de puntillas y así evitar que suenen; es todo practicar un poco”. Mensaje recibido número uno: por lo visto, yo no sé andar con tacones. Mensaje recibido número dos, por lo visto este jambo pretende que pierda tiempo de mi vida en esta idiotez de aprender a andar de forma aún más incómoda; Mensaje recibido número tres, ya, ya sé, que son cosas que por mucho que se lo curren y se trabajen el feminismo, acaban sacando esa imperiosa necesidad de enseñarte cosas, que encima ellos no utilizan, para que seas agradable a unos estándares sin jodida lógica ninguna, más que el ponerlo todo más difícil y despistarnos con tonterías, inventados por su género.

Pocas cosas hay que me gusten de los tacones, aunque me parece perfecto que las mujeres lleven lo que les de la gana y no por eso sean tratadas más o menos en serio. Pero una de esas cosas que me gustan de ellos es que suenen. ¿Que parezco el quinto de caballería? ¡Qué más quisiera el quinto de caballería dar la guerra que pienso dar yo! Y es que adoro el ruido de las mujeres. Oír las risas femeninas, oír sus voces opinando en asamblea, y sí, oír sus pasos cuando caminan.

No quiero que perdáis tiempo en aprender a que no suenen. No quiero que perdáis tiempo en hablar bajito, o en reíros suavemente. No quiero que seáis discretas. No quiero que perdáis tiempo en chorradas. Quiero que nuestros pasos suenen, quiero que sonemos. Quiero que sientan nuestra presencia. Quiero que hagamos ruido. Y quiero que al quinto de caballería se le compare con las mujeres cuando andan por la calle, porque van pisando fuerte y porque se hacen notar.

Feminismo de clase

Es cierto que la mención del feminismo de clase es utilizada muchas veces por machirulos de izquierda para restar importancia o poner límites a nuestra denuncia a las opresiones de género. Es habitual que un hombre al decir la frase “feminismo sí, pero de clase”, lo que realmente quiera decir es “yo decido por ti qué es feminismo de clase y qué no”, y eso es importante tenerlo en cuenta. Pero a mí no me da la gana por ello renunciar al concepto feminismo de clase, y la mera idea me parece una barbaridad. Peor aún me parece mentar que eso “lo que hace es dividir el movimiento feminista”, porque me recuerda enormemente al chantaje emocional de nuestros compañeros de movimientos sociales. Porque es el mismo: “lo que haces es dividirnos”. Bueno, pues ya multiplicaremos en argumentos, ganas y luchas.

Los feminismos necesitan apellidos, porque los tienen. Porque cuando no tiene apellidos suele pasar que es “blanco occidental de clase media”. Porque hay feminismo negro, y hay feminismo obrero, feminismo marxista y anarcofeminismo, y porque todos ellos y muchos más entran dentro de una perspectiva enriquecedora para el mundo que es el feminismo de clase. Y porque no es lo mismo el Feminismo Liberal de NOW en E.E.U.U. que Mujeres Libres. ¿Sororidad con cualquiera? La unidad puede hacerse de varias formas; se puede hacer bien o se puede hacer mal. La verdadera unidad no requiere una fusión que diluya los matices dentro de una corriente dominante que vuelva a esta homogénea, sino aceptar y respetar la autonomía de perspectiva y acción, como ya mencionaban Mujeres Libres [1]. Y necesito apellidos para saber de dónde viene cada cual.

Cuidado, porque no podemos olvidar que la principal fidelidad que existe en las clases altas es…la fidelidad de clase [2]. Salvo honrosas excepciones, pueden dejar de lado perfectamente otras identidades oprimidas (porque ahí arriba no lo son tanto), con tal de mantener su estatus. Así que aunque pueda parecer que estamos “unidas en esto”, es muy probable que no sea así. No es algo ajeno a la historia del feminismo, como muchas feministas negras nos han recordado ha habido turbios intereses por parte de las feministas blancas burguesas: Angela Y. Davis, Hazel V. Carby, bell hooks, Avtar Brah, etc.

Quiero decir con esto que, aunque pueda parecer que estamos unidas en un punto concreto, lo cierto es que si aumentamos la escala, es posible que deje de ser cierto. Podemos estar juntas por el derecho al aborto libre y gratuito. Aunque no afectará lo mismo a la que tenga los dineros para marcharse fuera que a la que no disponga de ellos, y eso es clase social. Pero aún hay más. ¿El derecho al aborto es el único interés en cuanto a nuestra salud reproductiva que tenemos? La salud reproductiva no es sólo poder abortar, sino también poder tener hijxs si así lo deseas. Y es más, poder disfrutar de ello. ¿Puede disfrutar la clase trabajadora de tener hijxs de la misma manera que la burguesía? ¿Pueden disfrutar de ello las mujeres latinoamericanas que vienen aquí a cuidar de los hogares y las crías de otras dejando atrás a sus familias? ¿En esa lucha contra el capitalismo atroz estarán las mujeres feministas que pelean porque haya más mujeres superando ciertos techos de cristal y dirigiendo REPSOL?

No sólo eso: ¿vamos a leer acríticamente cualquier texto que se publique en nombre del feminismo, mientras nos cuelan valores neoliberales con calzador? ¿Nos va a parecer rompedor mentar la libertad de contrato como empoderamiento individual? ¿Qué clase de concepto de libertad utilizamos? ¿Nos ha invadido de tal forma la neolengua que no somos capaces de diferenciar los distintos significados que puede contener tan bella palabra? ¿No somos capaces de encontrar la diferencia entre la igualdad y libertad que nos menciona una feminista liberal y la que nos menta Silvia Federici?

Peor aún resulta todo cuando se mezclan ciertas llamadas a la unidad del feminismo con los “así yo no voy” a otras luchas sociales: Assata Shakur participó del movimiento Panteras Negras, luchando contra el racismo y enfrentándose al machismo de su propio movimiento. Nunca dijo “así no lucho”, sino que luchó el doble. Lucía Sánchez Saornil no sólo se enfrentó al fascismo, sino al machismo que también seguía existiendo entre los compañeros anarquistas. Y nunca dijo “así no lucho”, sino que fundó Mujeres Libres. Todas las mujeres con las que me siento hermanada, se partieron doble o triplemente la cara (que la raza y otras opresiones también cuentan), por un feminismo que se entretejía con la lucha social. Muchos ejemplos inundan la bibliografía feminista. Si nosotras no luchamos, si nosotras no vamos, nadie lo va a hacer. Nadie va a exponer nuestro punto de vista.

Denunciar el machismo que sigue existiendo en nuestros movimientos sociales es de vital importancia, hay que seguir haciéndolo. Pero no pienso dejar de ser partícipe de esos movimientos, porque los llevo entretejidos en mis entrañas. Soy feminista, pero eso no explica todo de mí. Soy otras cosas, y no pienso dejarlas de lado. Y si no le tolero a los compas anarquistas y comunistas que me hagan elegir entre la lucha de clases o la lucha feminista, tampoco se lo pienso permitir al feminismo.

[1] Martha Acklsberg, Mujeres Libres, el anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Ed Virus.
[2] Paco Vidarte, Ética Marica. Ed Egales.

Complicidad, machismo y su jodida necesidad de evaluar en voz alta el físico femenino.

Cuando era preadolescente, era lo que se viene llamando una ‘chicazo’. Tenía tan asumido que lo asociado a lo femenino era negativo, y que yo no quería perderme las cosas buenas de este mundo, que aceptaba buenamente que ‘mi liberación tenía que pasar por actuar como un tío’. En otras palabras: demostrar que podía ser como un tío. Afortunadamente, mi recorrido posterior en el feminismo me hizo darme cuenta de esa trampa androcéntrica y modificar mucho mi perspectiva en el asunto y recorrer un camino que me llevaba hacia una liberación bastante más auténtica que ese otro corsé que me había(n) impuesto.

Pero una de las cosas que más recuerdo de esa etapa era esa actitud cómplice con el universo masculino. No sé cuántas veces habré escuchado eso de ‘eres guay, eres como un colega más’. A mí eso me parecía estupendo, claro. Pero es mentira: soy mujer y he sido socializada como tal. Las exigencias sociales se me hacen como mujer, porque no deseo ni deseaba realmente convertirme en un hombre. Simplemente no perderme ‘lo bueno’, ni tener que conformarme con el reducido espacio y pronóstico de las vidas femeninas impuestas socialmente. Pero esto entre otras cosas me proporcionó la muchas veces dolorosa oportunidad de escuchar a los tíos y sus opiniones sobre las mujeres, cuando están en plena confianza. Y no es por nada, pero en general DAN ASCO.

Los chicos juegan desde pronto a evaluar el físico de las chicas, porque asumen, claro, que es su papel. Que las mujeres estamos en el mundo para ellos. La cosificación femenina, hablar sobre las tetas de una, el culo de la otra, o que una es fea pero se la follaban de espaldas. Mensajes claros de cánones de belleza imperantes. E incluso jugar a dr. Frankestein: crear la mujer ‘físicamente perfecta’ desmembrando y cogiendo partes del cuerpo de cada chica.

Y te aguantas las ganas del #notallmen. Las mujeres somos tratadas como mierda, no es como para que os sintáis ofendidos por no explicitar estupideces a cada rato. El problema que expongo es otro. Y es la complicidad de muchas que hemos sido o somos ‘la tía guay’, ‘la que es como un colega más’, ‘la que no te va a incomodar cuando comentes algo hiriente’. La que va a sonreír y te va a reír las malditas gracias. Y la necesidad de los tíos de poder expresar en voz alta su juicio sobre el aspecto, el cuerpo, el físico de las mujeres.

Pero el caso es que como a mí también me atraen sexualmente algunas mujeres (al igual que no me atraen todos los hombres, sino sólo algunos, vaya), parece que se abre la veda y más de un amigo siente esa imperiosa necesidad de compartir conmigo su valoración de los cuerpos de las mujeres que ve por ahí o existen en nuestro mundo. Muchos chicos que se autodenominan feministas siguen deseando mantener ese privilegio de la evaluación contínua y en voz alta de los cuerpos femeninos. Que si lo buena que está esta, que si esta otra qué trufa, etcétera. A mí esto me toca los huevarios, porque bastante tenemos las mujeres con recibir tropemil impactos diarios sobre una imagen de belleza inalcanzable, como para bajar a tomarte una cerveza y que te vuelvan a dejar claro cuál es el esteriotipo básico. Y no, mi deseo no es que ‘nosotras hagamos lo mismo’. Eso sí, cuando alguna lo hace, siempre hay alguno que te menciona ‘si eso no es ejercer una presión igual sobre el físico masculino’. Y mi primer instinto es estamparle un puñado de mierda en la cabeza. Qué sensibles de repente.

Yo, como ya sabéis quienes me conocéis, soy muy cómplice y amable con quien tengo que serlo, pero me convierto en cánida encabronada cuando tengo que dar la colleja pertinente. No, lo siento, no estoy ahí para que puedas compartir conmigo tus privilegios de macho. Y ni siquiera es porque mis gustos sobre chicas preciosas no vayan a coincidir con los tuyos. Es porque creo que el hecho de que tengáis esa ‘necesidad imperiosa’ de decir en voz alta ‘qué buena está ésta’y ‘joder vaya culo tiene esta otra’ sigue siendo un aprendizaje social de lo que es ser hombre en esta sociedad, y que implica la idea de que estamos ahí para vuestro juicio.
Y en serio, no es agradable, como mujer, saber que por la calle habrá otros tíos jugando a lo mismo con mi cuerpo. Así que lo siento (en realidad, no, es sólo una expresión), no soy ‘un colega más’. No te voy a reír la gracia, y no intentes convencerme con el truco de la complicidad. Tampoco me vendas la moto con tu currículum feminista ni que te has criado en una casa de todo mujeres. Has sido socializado como hombre y has aprendido que estamos ahí para tu disfrute estético. Y no. Estamos ahí para nosotras mismas.