Feminismo de clase

Es cierto que la mención del feminismo de clase es utilizada muchas veces por machirulos de izquierda para restar importancia o poner límites a nuestra denuncia a las opresiones de género. Es habitual que un hombre al decir la frase “feminismo sí, pero de clase”, lo que realmente quiera decir es “yo decido por ti qué es feminismo de clase y qué no”, y eso es importante tenerlo en cuenta. Pero a mí no me da la gana por ello renunciar al concepto feminismo de clase, y la mera idea me parece una barbaridad. Peor aún me parece mentar que eso “lo que hace es dividir el movimiento feminista”, porque me recuerda enormemente al chantaje emocional de nuestros compañeros de movimientos sociales. Porque es el mismo: “lo que haces es dividirnos”. Bueno, pues ya multiplicaremos en argumentos, ganas y luchas.

Los feminismos necesitan apellidos, porque los tienen. Porque cuando no tiene apellidos suele pasar que es “blanco occidental de clase media”. Porque hay feminismo negro, y hay feminismo obrero, feminismo marxista y anarcofeminismo, y porque todos ellos y muchos más entran dentro de una perspectiva enriquecedora para el mundo que es el feminismo de clase. Y porque no es lo mismo el Feminismo Liberal de NOW en E.E.U.U. que Mujeres Libres. ¿Sororidad con cualquiera? La unidad puede hacerse de varias formas; se puede hacer bien o se puede hacer mal. La verdadera unidad no requiere una fusión que diluya los matices dentro de una corriente dominante que vuelva a esta homogénea, sino aceptar y respetar la autonomía de perspectiva y acción, como ya mencionaban Mujeres Libres [1]. Y necesito apellidos para saber de dónde viene cada cual.

Cuidado, porque no podemos olvidar que la principal fidelidad que existe en las clases altas es…la fidelidad de clase [2]. Salvo honrosas excepciones, pueden dejar de lado perfectamente otras identidades oprimidas (porque ahí arriba no lo son tanto), con tal de mantener su estatus. Así que aunque pueda parecer que estamos “unidas en esto”, es muy probable que no sea así. No es algo ajeno a la historia del feminismo, como muchas feministas negras nos han recordado ha habido turbios intereses por parte de las feministas blancas burguesas: Angela Y. Davis, Hazel V. Carby, bell hooks, Avtar Brah, etc.

Quiero decir con esto que, aunque pueda parecer que estamos unidas en un punto concreto, lo cierto es que si aumentamos la escala, es posible que deje de ser cierto. Podemos estar juntas por el derecho al aborto libre y gratuito. Aunque no afectará lo mismo a la que tenga los dineros para marcharse fuera que a la que no disponga de ellos, y eso es clase social. Pero aún hay más. ¿El derecho al aborto es el único interés en cuanto a nuestra salud reproductiva que tenemos? La salud reproductiva no es sólo poder abortar, sino también poder tener hijxs si así lo deseas. Y es más, poder disfrutar de ello. ¿Puede disfrutar la clase trabajadora de tener hijxs de la misma manera que la burguesía? ¿Pueden disfrutar de ello las mujeres latinoamericanas que vienen aquí a cuidar de los hogares y las crías de otras dejando atrás a sus familias? ¿En esa lucha contra el capitalismo atroz estarán las mujeres feministas que pelean porque haya más mujeres superando ciertos techos de cristal y dirigiendo REPSOL?

No sólo eso: ¿vamos a leer acríticamente cualquier texto que se publique en nombre del feminismo, mientras nos cuelan valores neoliberales con calzador? ¿Nos va a parecer rompedor mentar la libertad de contrato como empoderamiento individual? ¿Qué clase de concepto de libertad utilizamos? ¿Nos ha invadido de tal forma la neolengua que no somos capaces de diferenciar los distintos significados que puede contener tan bella palabra? ¿No somos capaces de encontrar la diferencia entre la igualdad y libertad que nos menciona una feminista liberal y la que nos menta Silvia Federici?

Peor aún resulta todo cuando se mezclan ciertas llamadas a la unidad del feminismo con los “así yo no voy” a otras luchas sociales: Assata Shakur participó del movimiento Panteras Negras, luchando contra el racismo y enfrentándose al machismo de su propio movimiento. Nunca dijo “así no lucho”, sino que luchó el doble. Lucía Sánchez Saornil no sólo se enfrentó al fascismo, sino al machismo que también seguía existiendo entre los compañeros anarquistas. Y nunca dijo “así no lucho”, sino que fundó Mujeres Libres. Todas las mujeres con las que me siento hermanada, se partieron doble o triplemente la cara (que la raza y otras opresiones también cuentan), por un feminismo que se entretejía con la lucha social. Muchos ejemplos inundan la bibliografía feminista. Si nosotras no luchamos, si nosotras no vamos, nadie lo va a hacer. Nadie va a exponer nuestro punto de vista.

Denunciar el machismo que sigue existiendo en nuestros movimientos sociales es de vital importancia, hay que seguir haciéndolo. Pero no pienso dejar de ser partícipe de esos movimientos, porque los llevo entretejidos en mis entrañas. Soy feminista, pero eso no explica todo de mí. Soy otras cosas, y no pienso dejarlas de lado. Y si no le tolero a los compas anarquistas y comunistas que me hagan elegir entre la lucha de clases o la lucha feminista, tampoco se lo pienso permitir al feminismo.

[1] Martha Acklsberg, Mujeres Libres, el anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Ed Virus.
[2] Paco Vidarte, Ética Marica. Ed Egales.

Complicidad, machismo y su jodida necesidad de evaluar en voz alta el físico femenino.

Cuando era preadolescente, era lo que se viene llamando una ‘chicazo’. Tenía tan asumido que lo asociado a lo femenino era negativo, y que yo no quería perderme las cosas buenas de este mundo, que aceptaba buenamente que ‘mi liberación tenía que pasar por actuar como un tío’. En otras palabras: demostrar que podía ser como un tío. Afortunadamente, mi recorrido posterior en el feminismo me hizo darme cuenta de esa trampa androcéntrica y modificar mucho mi perspectiva en el asunto y recorrer un camino que me llevaba hacia una liberación bastante más auténtica que ese otro corsé que me había(n) impuesto.

Pero una de las cosas que más recuerdo de esa etapa era esa actitud cómplice con el universo masculino. No sé cuántas veces habré escuchado eso de ‘eres guay, eres como un colega más’. A mí eso me parecía estupendo, claro. Pero es mentira: soy mujer y he sido socializada como tal. Las exigencias sociales se me hacen como mujer, porque no deseo ni deseaba realmente convertirme en un hombre. Simplemente no perderme ‘lo bueno’, ni tener que conformarme con el reducido espacio y pronóstico de las vidas femeninas impuestas socialmente. Pero esto entre otras cosas me proporcionó la muchas veces dolorosa oportunidad de escuchar a los tíos y sus opiniones sobre las mujeres, cuando están en plena confianza. Y no es por nada, pero en general DAN ASCO.

Los chicos juegan desde pronto a evaluar el físico de las chicas, porque asumen, claro, que es su papel. Que las mujeres estamos en el mundo para ellos. La cosificación femenina, hablar sobre las tetas de una, el culo de la otra, o que una es fea pero se la follaban de espaldas. Mensajes claros de cánones de belleza imperantes. E incluso jugar a dr. Frankestein: crear la mujer ‘físicamente perfecta’ desmembrando y cogiendo partes del cuerpo de cada chica.

Y te aguantas las ganas del #notallmen. Las mujeres somos tratadas como mierda, no es como para que os sintáis ofendidos por no explicitar estupideces a cada rato. El problema que expongo es otro. Y es la complicidad de muchas que hemos sido o somos ‘la tía guay’, ‘la que es como un colega más’, ‘la que no te va a incomodar cuando comentes algo hiriente’. La que va a sonreír y te va a reír las malditas gracias. Y la necesidad de los tíos de poder expresar en voz alta su juicio sobre el aspecto, el cuerpo, el físico de las mujeres.

Pero el caso es que como a mí también me atraen sexualmente algunas mujeres (al igual que no me atraen todos los hombres, sino sólo algunos, vaya), parece que se abre la veda y más de un amigo siente esa imperiosa necesidad de compartir conmigo su valoración de los cuerpos de las mujeres que ve por ahí o existen en nuestro mundo. Muchos chicos que se autodenominan feministas siguen deseando mantener ese privilegio de la evaluación contínua y en voz alta de los cuerpos femeninos. Que si lo buena que está esta, que si esta otra qué trufa, etcétera. A mí esto me toca los huevarios, porque bastante tenemos las mujeres con recibir tropemil impactos diarios sobre una imagen de belleza inalcanzable, como para bajar a tomarte una cerveza y que te vuelvan a dejar claro cuál es el esteriotipo básico. Y no, mi deseo no es que ‘nosotras hagamos lo mismo’. Eso sí, cuando alguna lo hace, siempre hay alguno que te menciona ‘si eso no es ejercer una presión igual sobre el físico masculino’. Y mi primer instinto es estamparle un puñado de mierda en la cabeza. Qué sensibles de repente.

Yo, como ya sabéis quienes me conocéis, soy muy cómplice y amable con quien tengo que serlo, pero me convierto en cánida encabronada cuando tengo que dar la colleja pertinente. No, lo siento, no estoy ahí para que puedas compartir conmigo tus privilegios de macho. Y ni siquiera es porque mis gustos sobre chicas preciosas no vayan a coincidir con los tuyos. Es porque creo que el hecho de que tengáis esa ‘necesidad imperiosa’ de decir en voz alta ‘qué buena está ésta’y ‘joder vaya culo tiene esta otra’ sigue siendo un aprendizaje social de lo que es ser hombre en esta sociedad, y que implica la idea de que estamos ahí para vuestro juicio.
Y en serio, no es agradable, como mujer, saber que por la calle habrá otros tíos jugando a lo mismo con mi cuerpo. Así que lo siento (en realidad, no, es sólo una expresión), no soy ‘un colega más’. No te voy a reír la gracia, y no intentes convencerme con el truco de la complicidad. Tampoco me vendas la moto con tu currículum feminista ni que te has criado en una casa de todo mujeres. Has sido socializado como hombre y has aprendido que estamos ahí para tu disfrute estético. Y no. Estamos ahí para nosotras mismas.

Cuando nos acusan de sexismo al denunciar el sexismo.

Intento no pedirle peras al olmo. Procuro ir por la vida asumiendo que la gente no ha estudiado lógica ni sabe de falacias argumentales… Hay quien me insiste en que asuma que la gente no piensa, pero tengo como una jodida vena filantrópica que me impide darlo todo por perdido.

El caso es que me apetece dejar claros unos puntos básicos:

-No veo grandes diferencias “naturales” entre hombres y mujeres que definan sus capacidades, tanto intelectuales y sociales como incluso físicas, al menos en lo que a buena parte de las actividades se refiere. Además, concibo que las oportunidades deben ser las mismas, entendidas estas como oportunidad de autorealización de cada persona, según su propio criterio y dirección. Así que por eso digo “hombres y mujeres somos iguales” (perdón por el binarismo, y dejo caer que existen más posibilidades y que además, también son y deben ser iguales) .

– Sin embargo, vivimos en una sociedad que marca enormes desigualdades entre hombres y mujeres. Esta situación de desigualdad hace que la situación de partida de unos y otras sea muy diferente, y por ello en ocasiones harán falta medidas correctoras, si es que deseamos alcanzar una igualdad real. Y para que se entienda mejor, haré uso de una explicación matemática:

Si tenemos 3 y 8, la diferencia es de 8-3= 5.
Si a 3 y a 8 les sumamos 7, tenemos 3+7=10 y 8+7=15.
Les hemos “tratado igual”, pero como vemos, la diferencia entre ambos permanece: 15-10=5.
Por lo tanto, la forma de corregir esto, sería sumando más al 3 que al 8, por ejemplo: 3+7=10 , 8+2=10.

– Cuando acusamos que las mujeres sufren ciertas situaciones, o mencionamos que los hombres actúan de determinada manera, generalizamos, sí. Porque hay diferencias estadísticas notables, que son las que nos indican que existe una desigualdad. Existen casos particulares, pero si estudias un poco de estadística, sabrás que el comportamiento de tu prima Paqui, super mandona con su novio Juan, no influye en los resultados. Cuando decimos que los hombres suelen copar el turno de palabra en asambleas, por ejemplo, no quiere decir que lo lleven en el cromosoma Y, y nosotras, pobres idiotas, en la repetición del X el dejarnos pisotear en la asamblea. Pero como nos construímos socialmente según el género, pues es más habitual que una mujer sea callada y con voz bajita y suave y un hombre más charlatán y con voz potente y tal. Lo que hemos aprendido. Eso no quiere decir que no pueda haber casos de lo contrario, yo misma hablo alto cuando quiero que se me oiga. Si al mencionar esta situación desigual, sexista, le das la vuelta y me acusas de “sexismo”: estás suponiendo que los hombres esto y lo otro, yo creo en la igualdad, no creo que haya que tratar diferente a las personas, ñañañaña… pues considero que o bien eres idiota o que usas estratagemas para mantener las cosas como están.

-Sobre la Diferencia. Existen ciertas cosas que nos hacen diferentes y conviene tenerlo en cuenta, porque sino, caemos en un modelo androcéntrico, en el que asumimos que todo ser humano debe medirse en base al varón blanco sano occidental de mediana edad. Y como ejemplo, mentaré el de los fármacos: Los fármacos se diseñan y se prueban en varones. El resultado de esto es que las mujeres padecemos más efectos secundarios, la sintomatología de varias enfermedades no es exactamente la misma en muchos ejemplos, etc. Hace muy poco tiempo que ha empezado a cambiar algo la cosa, por lo que los efectos a largo plazo aún no se conocen. Los contaminantes también nos afectan de forma especial, por distribución y proporción de grasa corporal y elementos liposolubles, y un largo etcétera. Esto, claro, repercute en la salud de las mujeres. Tener en cuenta Diferencias y hacer ciertos ensayos con sesgo de género (los que no tienen apellidos también lo son, son sesgados en el hombre, pero como no llevan apellido porque se asume, no nos enteramos), no es lo contrario a un trato igualitario. Lo contrario al trato igualitario es la desigualdad, no tener en cuenta las diferencias, precisamente para atender a esa igualdad de oportunidades, como es la salud. Yo tengo derecho a una vida saludable tanto como el maromo que se me sienta al lao en la sala de espera. Si para eso tienen que tener en cuenta que tengo útero y determinados ciclos hormonales, no veo que eso signifique que vayan a tratar peor al chico, la verdad.

-Cuando al mencionar actitudes sexistas, desiguales, etc, nos venís con la igualdad, como si esta ya fuera una realidad, como si viviéramos ya en el paraíso de la igualdad de género (y de razas, y sin clases sociales, y sin homofobias,… ya puestas a pedir!!), siempre me viene a la cabeza lo mismo: Si yo quiero ir a Valencia, mejor que asuma que NO estoy en Valencia y que tengo que hacer una serie de acciones que me lleven a Valencia: coger el metro para ir a la estación de autobuses, comprar billete de autobús, montarme en el autobús… Si quiero ir a Valencia y lo que hago es “jugar a que ya estoy en Valencia”, pues nada, padeceré un divertido desorden mental que no me lleva a ninguna parte, y mucho menos a Valencia. Pero tan ricamente, oye. Así que lo siento (en realidad no, es sólo una expresión), pero una parte fundamental del camino a la Igualdad es asumir que VIVIMOS TODAVÍA EN LA DESIGUALDAD, para tomar una serie de medidas que nos encaminen a la Igualdad.

Y resumiendo, queridas, queridos, querides:
No hay mayor esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.

Datos de mujeres

algunos datos sobre mujeres, del SIGI (2001), Sisterhood is Global Institute, Canadá

La siguiente selección de estadísticas procede de la página del SIGI [Instituto [“La solidaridad entre mujeres es global”] de Canadá, cuya fundadora es la interesantísima Robin Morgan, autora de The Demon Lover. On the Sexuality of Terrorism, entre otros. Los datos estaban actualizados al 6 de julio del 2001.

VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN TIEMPOS DE “PAZ”
6.000 niñas sufren mutilación genital cada día; más de 200.000 al año (2000)
5.000 novias son asesinadas o se suicidan al año en India porque se considera que sus dotes son insuficientes (2000)
1 de cada 5 mujeres será víctima de una violación en Estados Unidos. Las mujeres son violadas cada 3 minutos. El 55% de las estadounidenses han sufrido una violación o abusos físicos. 10 mujeres mueren diariamente a manos de sus maltratadores (1998).
La 1/2 de todas las personas asesinadas son mujeres que mueren a manos de sus compañeros en Rusia (1995).

VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LOS CONFLICTOS ARMADOS
Cuando se desata un conflictos, las mujeres y las y los niños son vendidos como esclavos.
En la ex Yugoslavia, 20.000 mujeres y niñas fueron sistemáticamente violadas por ambos bandos del conflicto durante los primeros meses de la guerra.
El 75% de la población refugiada y desplazada del mundo son mujeres que han perdido a sus seres queridos y sus hogares. Como refugiadas, las mujeres son particularmente vulnerables a la violencia sexual mientras huyen, en los campamentos de refugiados y/o cuando se las reasienta (2000).

LAS MUJERES Y EL TRABAJO
El 90% de la fuerza laboral rural femenina recibe el nombre de “amas de casas”, quedando excluidas de la definición de actividad económica.
Tanto en los países desarrollados como en los que se están desarrollando, las mujeres trabajan 35 horas más que los hombres a la semana (1996).
Las mujeres producen el 80% del alimento del planeta, pero reciben menos que el 10% de las ayudas a la actividad agrícola (1995).
Las mujeres son el 82.3% de los trabajadores de las Zonas de Procesamiento para la Exportación (EPZs, en inglés), que son zonas industriales libres de impuestos para la compañías extranjeras y donde los derechos laborales a menudo no existen, por lo que no tienen ningún tipo de protección. En 1995 había EPZs en 60 países del mundo, principalmente asiáticos (1995).

LAS MUJERES Y LA EDUCACIÓN
2/3 de la población analfabeta del mundo, que es de 876 millones, son mujeres (2000).
Las mujeres son el 29% de la población mundial que usa Internet. En Filipinas, Croacia, Francia, Suecia, Australia y EE.UU. representan más del 40% de la población usuaria.

LAS MUJERES Y LA SALUD
La malnutrición es más común entre las mujeres que entre los hombres, en todo el mundo.
Las niñas son poco valoradas, se las da de comer peor y reciben peores cuidados médicos. Tradicionalmente, las mujeres comen las últimas y menos, y no consiguen más comida aunque estén embarazadas o enfermas.
En 1999 y 2000 las tasas de natalidad descendieron en todo el mundo.
Unas 600.000 mujeres -1 cada minuto- mueren al año de causas relacionadas con el embarazo. Son muertes que mayoritariamente podrían haberse evitado (1997).
El riesgo de morir por causas relacionadas con el embarazo es de 1 de 16 mujeres en África y 1 de 1400 en Europa (2000).
Desde 1980, las tasas mundiales de cáncer de pecho han aumentado un 26%.
El 95% de las personas que padecen anorexia son mujeres; y éstas son el 90% de personas que padecen abulimina.
En EE.UU., 7.000.000 de mujeres sufren de desórdenes alimentarios y 150.000 mueren de anorexia anualmente (1995).

LOS DERECHOS DE LAS MUJERES SOBRE LA REPRODUCCIÓN
El 62 % de la población mundial vive en naciones en las que el aborto inducido se permite sin que tengan que darse razones o bien donde se permite por una gran variedad de razones; mientras que el 26% de la población reside en países donde el aborto se encuentra generalmente prohibido (2000).
50 naciones, que albergan al 41% de la población mundial, permiten el aborto sin restricciones. Entre ellas, Canadá, China, Sudáfrica y Guayana (2000).
14 naciones, con el casi 14% de la población mundial, permiten que se aborte por razones socioeconómicas. Entre ellas, India, Gran Bretaña y Zambia (2000).
20 naciones, con el 3% de la población mundial, permiten que se aborte cuando la salud física o mental de la mujer, o su vida, están en peligro. Entre ellas, Jamaica y Botswana (2000).
33 naciones, con el 10% de la población mundial, permiten el aborto para proteger la vida y/o la salud física de la mujer. Argentina, Etiopía y Arabia Saudí, entre otras (2000).
74 naciones, con el 26% de la población mundial, tienen leyes que o bien no permiten el aborto a no ser que la vida de la mujer esté en peligro, o bien lo prohíben totalmente. Brazil, Nigeria e Indonesia, entre otras (2000).
En el África subsahariana, el 30% de las mujeres que no querían tener más hijos/as o que preferían posponerlo no pudieron disponer de contraceptivos. Los niveles de uso de métodos contraceptivos en la región caen por debajo del 20%. La tasa de fertilidad en esta región es de las más altas del mundo, con 5.4 partos por mujer (2000).
20 millones de abortos al año se realizan en malas condiciones, a consecuencia de lo cual mueren 70.000 mujeres (1997).

LAS MUJERES Y EL DINERO
En ningún país del mundo los salarios de las mujeres son iguales a los de los hombres (2000).
Las mujeres son propietarias de aproximadamente un 1% de la tierra del mundo (1995).
El 70% de las personas en pobreza grave (que viven con menos de un dólar diario) son mujeres (UNIFEM, 1995).
Sólo el 5% de las mujeres que necesitan un microcrédito lo reciben (1995).
En Silicon Valley, por cada 100 acciones en Bolsa poseída por un hombre, sólo 1 es de una mujer (1995).

http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=10&t=5552

DEDICADO A UNA NIÑA

de Maria Teresa D’Antea

Escucha niña, cuando te alaben llamándote bella,

o te humillen llamándote fea, no escuches a nadie.

Sólo quieren encerrarte en el espejo de una soledad diferente.

Tú debes vivir, no debes agradar, la belleza está en la vida.

Cuando te leen Caperucita Roja, te quieren mostrar el miedo

de escoger por tí misma el camino.

Estate atenta, niña, los verdaderos lobos

son todos aquellos que matarán tu libertad.

Cuando te leen Blanca Nieves es para convertirte en sirvienta,

aunque sea de un hombre tonto y enano. Rebélate, niña !!

es humillante servir si no es un gesto recíproco.

Cuando te lean la Bella durmiente te están inyectando

un potente veneno para frenar tus ideas,

así, cuando seas mayor, u hombre sin muchos problemas será

dueño de tu cerebro. No te duermas, niña !!

Tu inteligencia les da miedo, por eso te llaman tonta.

Pero , cuando te dicen que eres inteligente,

no te fíes demasiado, niña, quieren quizás intentar que aceptes sus posturas interesadas.

Cuando te dicen que eres dulce y buena, ponte en guardia,

quieren decir que te tienen en el bolsillo y controlan los latidos de tu corazón. ¿ Eres dulce o te han domesticado ?

Cuando te dicen que eres pulida y ordenada, pobre niña,

estas ya enmohecida, han hecho de tí una estatuita

que no se ensucia porque no se mueve.

Cuando te enseñan a vivir triste, prueba la locura, niña.

El dolor es una realidad que se debe afrontar cuando se presenta,

no un valor sobre el cual edificar la vida.

Sobre nuestras rentas infelices demasiados hombres han vivido de renta. La felicidad es el mayor desafío. ¿Quién cree ya que es una utopía?

Mucha suerte, niña ( María Teresa D´Antea )

Más de salud y mujer

Artículos de Diagonal sobre este tema.

El uso creciente de sustancias químicas en el lugar de trabajo como método de lucha contra las plagas de insectos o como agentes de limpieza, y sus interacciones, están resultando un serio peligro para los seres humanos. La exposición continuada a estas sustancias en el ámbito doméstico o en lugares públicos, a través del aire, el agua o los alimentos, aunque sea en dosis más pequeñas, multiplica los riesgos y los efectos secundarios en las personas, hasta ahora mal estudiados y poco comprendidos.

Tradicionalmente, el riesgo por plaguicidas se ha vinculado a los procesos de fabricación, formulación y aplicación de esos productos en la agricultura. Sin embargo, la utilización cada vez más frecuente de plaguicidas para desinsectación de edificios está suponiendo un riesgo laboral para muchos trabajadores/ as de oficinas, centros docentes, sanitarios o comercios, con el agravante de que suele pasar inadvertido al no corresponder a la propia actividad o naturaleza del trabajo desarrollado. Por esa razón, casi nunca es identificado ni evaluado y, por tanto, no es adecuadamente controlado.

¿Por qué las exposiciones a pesticidas afectan más a las mujeres que a los hombres? Los insecticidas que tienen moléculas de cloro actúan, además de como neurotóxicos, como disruptores endocrinos. Tienen la característica común de ser solubles en las grasas y, por tanto, se depositan en las células grasas del cuerpo. Dado que las mujeres poseen de forma natural de un 15% a un 20% más de células grasas que el hombre, los efectos a largo plazo serán mucho más prolongados e intensos en el sexo femenino.

Por otra parte, dado que la mayoría de los plaguicidas actúan paralizando el sistema nervioso de los insectos, los efectos neurotóxicos en el ser humano serán más intensos cuando las neuronas dispongan de poca oxigenación (anemia) o de falta de ferritina (carencia que impide el transporte de hierro, en especial en las neuronas).

Y dado que durante la edad fértil (14 a 50 años) la mayoría de las mujeres sufren algún grado de anemia o ferropenia, la vulnerabilidad del sexo femenino a los productos neurotóxicos es, también, superior a la del sexo masculino. En muchos plaguicidas, los combustibles y plásticos actúan como xenoestrógeno (substancias sintéticas que llegan al organismo procedentes del ambiente exterior y que, una vez dentro, se comportan como estrógenos fuertes). Los estrógenos son una de las hormonas sexuales femeninas. En las mujeres expuestas a estas sustancias se ha observado, entre otros efectos sobre la salud, el aumento de la incidencia del cáncer de mama.

Casos de intoxicación
Algunos de los datos que se aportan a continuación se basan en el seguimiento realizado a las trabajadoras y trabajadores del Servicio de Microbiología de un hospital de Barcelona que en agosto de 1994 resultaron intoxicados en su lugar de trabajo por insecticidas ambientales, piretroides y organofosforados. Se hizo un seguimiento de 13 años a 581 personas expuestas (443 mujeres y 138 hombres) y de las personas afectadas (268 mujeres y 10 hombres). Las personas más afectadas fueron las que volvieron a ser expuestas a las fumigaciones durante varios días y las empleadas de limpieza, debido a que la aplicación de productos de limpieza en el suelo y en los rincones se acumula.

Los trastornos que afectan específicamente a las mujeres son aquellos relacionados con la salud reproductiva (malformaciones congénitas, abortos espontáneos, prematuridad, esterilidad) y con el ciclo menstrual (más corto, sangrado abundante, coágulos, incremento del síndrome premestrual, de los fiobras uterinos o la mastopatía fibroquística).

Otros síndromes de las personas expuestas a pesticidas y que son más frecuentes en mujeres son el síndrome de fatiga crónica, el síndrome de estimulación de la autoinmunidad (el cuerpo se defiende de sí mismo) y el síndrome de hipersensibilidad química múltiple (no pueden utilizar aerosoles, no pueden ir a cines o a espectáculos públicos, no pueden estar en las áreas de los supermercados de productos de limpieza, dificultad para respirar al circular por calles con mucho tránsito de vehículos).

La exposición a organoclorados y organofosforados puede producir graves efectos para la salud. El diagnóstico es difícil de realizar y tanto las personas expuestas como las/os profesionales sanitarios pueden atribuir los síntomas a problemas psicológicos. Estos efectos son más graves y persistentes en mujeres. Cuando las personas afectadas se reexponen accidentalmente a uno de estos productos vuelven a reproducir los síntomas. Por todo ello es preciso que éste sea considerado un problema de salud pública y afrontado como tal.

http://www.diagonalperiodico.net/Pesticidas-un-problema-de-salud.html

http://www.diagonalperiodico.net/Agrotoxicos-venenos-cotidianos-y.html?id_mot=109

De agresiones y responsabilidades

Os presento un artículo conjunto con Liberty Cravan, publicado en Regeneración, un proyecto libertario de comunicación social al que deberías poner en favoritos;)

http://www.regeneracionlibertaria.org/de-agresiones-y-responsabilidades

 

 

Después de una noche de fiesta, una joven vuelve a su casa. La calle, que por el día está llena de sonidos y colores, se encuentra ahora tranquila, fresca e iluminada solo por la luz amarillenta de las farolas. Antes de entrar, decide sentarse un rato a ver si el aire fresco le despeja un poco.

La escena es habitual. Seguramente much@s sonreiremos al leer esto, porque nos hemos visto reflejad@s en esta situación. Volver a casa después de haber salido y detenernos un momento en la calle antes de subir, para ver si el fresco nos espabila.

En el momento en que esta chica se encuentra repasando lo ocurrido a lo largo del día, aparece un hombre y, antes de que pueda reaccionar, la inmoviliza y comienza a toquetearla, sobándole las tetas debajo del sujetador.

Aquí nuestras sonrisas de complicidad se congelan, desaparecen. La escena varía, la mayoría ya no nos reconocemos en esa situación en absoluto. Alguno empieza a pensar que no debería haberse parado. A quien se le ocurre, es que hay que tener más ojo, ir por ahí sola

Eso supone cambiar la forma de valorar una decisión por algo que sucede a posteriori. Tras leer los primeros párrafos, muchas personas hemos pensado: Sí, te entiendo, esa maldita última copa que nunca deberías haber bebido… Nos sentimos cómplices. Tras la agresión, que ocurredespués, modificamos nuestra opinión sobre lo que sucedió antes. De forma que pasamos a considerar a esta chica como imprudente.

Si antes nos parecía fenomenal, una cosa totalmente normal. ¿Por qué la actuación del agresor cambia la valoración que damos a la actuación de la persona agredida? Sencillamente porque “vivimos en una sociedad donde se enseña a las mujeres a evitar las agresiones, en vez de enseñar a los hombres a no agredir”. En realidad lo que hacemos, conscientemente o no, es responsabilizar en buena medida a la mujer por lo sucedido.

El mismo trato le espera al llegar a comisaría. Tras decidirse a denunciar lo ocurrido, la policía, además de recordarle lo imprudente de su acción y entre otra batería de preguntas, le cuestiona cómo iba vestida. ¿Por qué? ¿Es un intento de determinar si iba provocando? ¿Las mujeresprovocamos agresiones? ¿Cómo? ¿Al vestirnos del modo en que mejor nos parezca estamos invitando a alguien a abusar de nuestro cuerpo?

El mismo día, en otro lugar, una mujer es violada por policías. Esto nos parece aberrante, nada más leerlo torcemos el gesto.

Si especifico que ha sucedido en Túnez, nuestro semblante se relaja en parte. Los prejuicios hacia el mundo árabe nos lo permiten. Esas cosas pasarán allí, no aquí. Nuestra islamofobia, más o menos acentuada, nos ayuda a comprender una situación que antes considerábamos inaceptable. De ese modo, que en nuestro país exista también un largo catálogo de mujeres violadas por distintas figuras policiales no importa.

En Túnez también tuercen el gesto si les hablo de una mujer violada por policías. Pero, ¿qué ocurre cuando les comento que la chica, al ser detenida, se encontraba en posición cariñosa con su novio en un lugar escondido pero público? El efecto que resulta es el reflejo de nuestra reacción ante la primera agresión narrada, tal como si nuestro razonamiento se mirase al espejo.

La gravedad de la violación policial a la mujer, que sucede después, se valora en función de lo que ella hacía antes. ¿La violación está justificada si la chica se encontraba con su novio intercambiando caricias, pero no si, por ejemplo, esperaba el autobús? ¿En qué modifica eso el hecho de que un par de policías decidieran violar a una joven?

Para más inri, ha sido acusada por “ofensas al pudor”. Nótese que ha sido acusada ella y solo ella, el novio parece que no estaba cometiendo ninguna ofensa, estas cosas solo las podemos cometer las mujeres.

¿Por qué se me ocurre juntar estos dos sucesos en un mismo artículo? Porque un mismo matiz subyace en ambos: la responsable de la agresión es la mujer, por hacer algo que no debía. No debía hacerlo porque es mujer. Hay cosas que un hombre puede hacer, pero una mujer no. Hasta en los círculos menos reaccionarios se escuchan suspiros de resignación.Qué se le va a hacer, las cosas son así; vosotras sois más débiles, tenéis que protegeros.

La estrategia elegida para esa supuesta protección es la del miedo. No solo no se enseña a los hombres a respetar y valorar a las mujeres. A los hombres se les muestra la mujer como objeto para su disfrute (televisión, publicidad, pornografía…) mientras a nosotras se nos atemoriza desde pequeñas en lugar de aportarnos herramientas para la autodefensa. Se nos insiste en nuestra debilidad e incapacidad de enfrentamiento. Nuestra estrategia debe ser siempre la de evitar de todas las formas posibles llegar a encontrarte en esa situación: evitar ir a determinados sitios, a determinadas horas, ir sola, etcétera. Evitar y evitar. Hay que evitarlo todo. De otro modo, si nos pasa algo, la culpa es nuestra, de nuestra indumentaria, de nuestra actitud, …

En lugar de conseguir que la ciudad sea un lugar seguro para tod@s, a lo que se aspira es o bien a encerrarnos en lo más alto de las más altas torres, o ser escoltadas por nuestro príncipe azul. En lugar de empoderarnos, de educarnos en la seguridad en una misma. Si somos más débiles, deberíamos ser educadas para que esa diferencia disminuyera, no se agrandara. Aprender técnicas de autodefensa, pero contando con que lo primero es sentirnos capaces. En fin, poder ser personas capaces de vivir libremente.